Revalorización de la traducción poética

Los poetas-traductores actúan como descubridores de la poesía extranjera, y en su voluntario y voluntarioso acto de traducción, develan modos de ver el mundo que nos resultaban totalmente extraños hasta el momento de la lectura.
Los poetas-traductores actúan como descubridores de la poesía extranjera, y en su voluntario y voluntarioso acto de traducción, develan modos de ver el mundo que nos resultaban totalmente extraños hasta el momento de la lectura.

La traducción de poesía puede llegar a ser un vehículo para superar los desencuentros culturales en el diálogo literario e interlingüístico.

La Argentina tiene una larga trayectoria en traducción de obras literarias que, consagradas en su idioma de origen, fueron volcadas al español en nuestro país, y desde allí llegaron a lectores de toda Latinoamérica.

Posiblemente el caso antológico sea la revista Sur, en la que Borges publicó la primera traducción (de una página, la última) del Ulises de James Joyce, y en la que además de las versiones en español de autores extranjeros, hubo números especiales dedicados totalmente a presentar a los lectores de habla hispana escritores ingleses, estadounidenses, franceses, italianos, alemanes…

La traducción literaria, además de la que se llevaba adelante en editoriales que publicaban obras de ficción, fue central también en revistas de décadas posteriores a aquellos volúmenes de Sur de los años ‘40 y ‘50 del siglo XX.

Si acotamos nuestra mirada a la literatura en lengua inglesa, en los años ‘60 Alberto Girri compiló dos ediciones de poesía norteamericana, en los ‘80 Diana Bellesi puso en páginas argentinas las voces de mujeres estadounidenses que llegaban con su poesía a reivindicar temáticas poco expuestas en aquella época. Y sobre el filo del siglo XXI, Fondebrider y Gambolini publicaron una completa selección de poesía irlandesa contemporánea en edición bilingüe inglés-español.

Por esa misma época, el Diario de poesía trajo en sus páginas de tabloide traducciones de poetas que escribían en diversas lenguas, muchas veces desde los márgenes sociales y editoriales, alejados de la consagración canónica. También Hablar de poesía y Fénix, que siguen llegando a los lectores desde el formato digital, acercan literatura extranjera a los lectores argentinos.

¿Qué impulsa a los traductores literarios; qué mueve a las editoriales –sobre todo, a las editoriales pequeñas, independientes; y por qué las revistas de poesía –un género muchas veces considerado “difícil”- siguen recurriendo a la difusión en español de obras escritas en otras lenguas, en otras latitudes?

Para responder esta pregunta podemos recurrir a los teorizadores de la traducción.

El francés Antoine Berman explica sugerentemente que en la traducción literaria se alberga “lo lejano”, aquello que nos resulta ajeno, extraño; y por medio de la traducción podemos llegar a experimentarlo, a pesar de la lejanía y extranjeridad.

El israelí Itamar Even-Zohar, por su parte, sostiene que las traducciones literarias forman parte de un polisistema mediante el cual las literaturas jóvenes o marginales pueden remozar sus repertorios de lo novedoso, y a la vez poner a disposición de los escritores alternativas inéditas a la hora de crear en su propia lengua.

Pero junto con estas razones que sobran para justificar la importancia y necesidad de las buenas traducciones literarias, hay otro motivo que impulsa a los propios escritores a emprender la tarea de traducir a sus colegas. La traducción de poesía no suele ser un encargo editorial, sino un camino personal al que los poetas-traductores invitan a los lectores para dialogar y entender otras formas de ver el mundo.

El monje trapense, místico, ensayista y poeta Thomas Merton (1915-1968) fue uno de esos escritores que acometió la empresa de traducir a sus pares latinoamericanos como uno de los modos de llevar adelante el diálogo entre el norte y el sur de América.

En una carta que envió a Victoria Ocampo en 1958, Merton afirma: “Me parece de la mayor importancia que los intelectuales de estos dos continentes [se refiere a Norte y Sudamérica] sientan cada vez más nuestra solidaridad en una sola América…”.

Tres años más tarde, le escribe a otro latinoamericano, Ernesto Cardenal, contándole que ha traducido poemas suyos, de otros nicaragüenses, del peruano César Vallejo y del ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, con el deseo de incluirlos en un volumen propio (el libro Emblemas de una temporada de furia, publicado en 1963). Es muy significativo que en ese volumen el autor estadounidense reclama: “¡Si los norteamericanos hubiesen comprendido, desde hace 150 años, que existían realmente los latinoamericanos!... El dinero ha corrompido enteramente una hermandad que debería haber unido a todos los pueblos de América.”.

Y como una manera práctica de comenzar a restaurar esa hermandad, dedica la mitad de su libro a publicar traducciones de poetas latinoamericanos, para que sus voces sean escuchadas y comprendidas por los angloparlantes.

Tal como en el caso de Thomas Merton, la traducción de poesía escapa muchas veces a la incumbencia de los traductores profesionales, y es en cambio llevada adelante por poetas.

Quienes exploran las modulaciones, ritmos y sutilezas del idioma para escribir poesía son posiblemente quienes pueden transmitir mejor los destellos creativos y la música de los poemas que les llegan primeramente en otra lengua, y que como veraces mediadores nos hacen llegar en español, o viceversa.

Las redes de amistad, intercambio, lectura mutua que existen entre los poetas de una y otra lengua hacen posible un diálogo en el que, a la vez, nos involucran a los lectores.

Los poetas-traductores actúan como descubridores de la poesía extranjera, y en su voluntario y voluntarioso acto de traducción, develan modos de ver el mundo que nos resultaban totalmente extraños hasta el momento de la lectura.

En la apreciación de la extranjeridad mediante la traducción, podemos abrirnos a un diálogo entre lenguas y culturas. El poeta Thomas Merton definía la poesía como un encuentro en el silencio. Es así que la traducción de poesía puede llegar a ser, entonces, un vehículo para superar los desencuentros culturales en el diálogo literario e interlingüístico.

*La autora es Doctora en Letras. UNCuyo. Investigadora del Conicet.

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