martes 4 de agosto de 2020

Imagen ilustrativa - Ignacio Blanco / Los Andes.
Opinión

Quién nos robó el mes de abril, mayo, junio...

La ciencia explica por qué los días en cuarentena pasan más rápidos que cuando estábamos en plena actividad.

Imagen ilustrativa - Ignacio Blanco / Los Andes.

1. Son las 4 AM y en este mundo pandémico no se puede dormir. Trabajamos muchas horas en casa (quienes por suerte podemos trabajar), pero evidentemente nos cansamos menos. Está claro, el vérselas con el tráfico; el estrés de ir y venir entre la escuela de los chicos, folclore, inglés o lo que sea; los trámites, que en esta parte del mundo se hacían de la misma manera que un hombre del medioevo iba a la abadía a pedir un salvoconducto; todo eso, cansaba. Porque antes dormía como un tronco y hoy estoy aquí a las 4 AM mirando la notebook con ojos de búho.

La cara se me ilumina con el monitor y veo cómo tipeo “Quién nos robó el mes de abril....”, y empiezo a pensar en cómo muchos sentimos que el 2020 es una estafa, un año en el que nos privamos de abrazos, de salidas. Chicas de 15 que suspendieron sus fiestas. Parejitas que cancelaron sus casorios. Los que podían, dejaron de poder y se guardaron sus viajes en el galpón de los sueños aplazados. Es una época de postergaciones. Son meses en los que se ha devaluado no solo la moneda, sino también la hora.

Por lo rutinario y poco sorprendente, el tiempo vuela como una gaviota y ya ni sabemos en qué día estamos. ¿Por qué ahora el tiempo parece escabullirse como lágrima entre la lluvia?

2. Existen teorías de la neurociencia para intentar hallar las razones de este feíto sentimiento de la aceleración de los días. David Eagleman, del Baylor College of Medicine, Houston, explica que el sentir de las horas tiene que ver con el gasto de energía del cerebro. Por ejemplo, ¿vieron que cuando somos chicos los minutos no pasan más? Eso es así porque cuando somos pequeños nos cuesta procesar todos esos “inputs” nuevos del mundo. Y el esfuerzo mental se traduce en “lentitud” en la percepción del tiempo. Esto explica también por qué una semana en un lugar desconocido, entre aeropuertos y hoteles, se nos antojaba como un mes.

Esa es la buena noticia: no hace falta ser un chico para que los días no se escapen como suspiros. Dependerá de que decidamos sorprendernos a cada paso.

3. ¿Es posible en cuarentena intentar estimular el cerebro con propuestas nuevas? Obvio que sí. La posibilidad de hacer cursos on line o sistematizar tutoriales de Youtube que los hay desde plomería hasta programación; volver a la lectura (la forma de viajar más barata del mundo); aprender a pintar; aprovechar para delinear ese emprendimiento que venimos pateando. Todo es válido.

En definitiva, el sorprendernos puede ser una buena solución para que “vivamos” más. Para que este 2020 no pase tan rápido y lento a la vez. Rápido en cuanto a la percepción, y lento por el agobio que trae consigo la incertidumbre del coronavirus.

Son las 6 AM. Dejo de tipear y cierro la computadora. Ya se escucha el trinar de los pájaros, indiferentes a estas elucubraciones en medio de un mundo pandémico. Es hora de levantarse. Un largo día nos espera.