Población, ciudades y territorio: una oportunidad única

Imagen ilustrativa / Archivo.
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Desde hace algún tiempo propusimos desarrollar, a lo largo y ancho de nuestro territorio, una serie de Comunas Autónomas, del orden de los 10.000 habitantes cada una, donde se viva y se produzca la mayor parte de lo necesario para consumo propio

La pandemia desnudó una enfermedad urbana crónica en la Argentina, la concentración en grandes conglomerados. Es el momento de urgencias habitacionales pero también la oportunidad de planificar soluciones de fondo.  

Estamos presenciando cómo la pandemia se transmite fundamentalmente en los grandes conglomerados, en primer lugar el AMBA, además en el gran Córdoba, el gran Rosario, el gran Mendoza, etc., causando estragos. 

Lo primero que se pone en evidencia, además de los problemas estructurales del hábitat que padecemos, es que el alto contagio coincide con el fenómeno de la archiconocida desbalanceada distribución poblacional en nuestro vasto territorio. La “cabeza de Goliat” es un fenómeno que se repite en muchas de las capitales de provincia y sus territorios. 

Esta desigual distribución es paralela a la pobreza, la falta de inclusión, las malas condiciones ambientales. Lo que vendrá es una encrucijada, en cómo se sale de esto en una gran cantidad de aspectos. 

Soluciones urgentes como reactivar el Plan Procrear o la imprescindible urbanización de las llamadas villas de emergencia son necesarias y lógicas en la crisis, pero, probablemente, amplien las manchas urbanas. No planificar al mismo tiempo soluciones estructurales, sería el peor camino porque significaría ahondar los problemas que hoy nos agobian Es una oportunidad única para iniciar un camino de descentralización. Es imprescindible congelar las grandes manchas urbanas.  

Desde hace algún tiempo propusimos desarrollar, a lo largo y ancho de nuestro territorio, una serie de Comunas Autónomas, del orden de los 10.000 habitantes cada una, donde se viva y se produzca la mayor parte de lo necesario para consumo propio, respetando la naturaleza, poniendo énfasis en nuestro crecimiento en tanto ciudadanos. Con trabajo, educación, salud, alimentación y vivienda para todos como prioridades. 

La idea de comunas autónomas implica un profundo cambio de paradigmas. En primer término, el del consumo actual que implica mal uso de recursos de todo tipo (humanos, materias primas, energía, agua) y contaminación. En vez de producir en forma caótica e irracional para satisfacer el consumo, producir en forma racional y planificada para cubrir las necesidades. En vez de la competencia, la cooperación. En vez de fabulosos negocios financieros en manos de corporaciones, servicios financieros en manos de los Estados. En vez de inmensas compañías, empresas de tamaños acotados al servicio de la producción para cubrir necesidades. En vez de grandes concentraciones de población en metrópolis o megalópolis, ciudades distribuidas en el territorio y de escala humana. En vez de sociedades del automóvil, sociedades con otras soluciones de transporte. Tarea ciclópea esta. No es fácil. Pero, articulando entre decisiones políticas públicas y participación de todos los que somos parte de la sociedad y que nos interesa el bien común, es muy posible.

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