martes 1 de diciembre de 2020

Imagen ilustrativa / Archivo
Opinión

Otra vez el flagelo del siniestro vial

Por la pandemia y la baja en la circulación de vehículos, habíamos descendido en Mendoza en la tasa de incidentes viales fatales, pero nuevamente reaparecen los siniestros de este tipo.

  • miércoles, 28 de octubre de 2020
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La Organización de las Naciones Unidas reitera, cada vez que puede, que nos encontramos en el Decenio de Acción para la Seguridad Vial (2011-2020), con el propósito final de prevenir cinco millones de muertes, pero un descerebrado veinteañero decide acelerar con su auto después de haber bebido en exceso y mata a dos mujeres jóvenes y a una niña.

La muerte de las tres ciclistas en Eugenio Bustos –una mujer de 29 años, una amiga y la hija de 6 años de la primera- es un ejemplo claro del enorme riesgo que hay en la calle, debido a conductores como el que describimos, desprovisto de toda responsabilidad social y sin el menor atisbo de arrepentimiento.

El fallecimiento de las tres vecinas de San Carlos reabre la penosa realidad en torno a que el flagelo de la muerte y las lesiones gravísimas por accidentes de tránsito no alcanza a ser desterrado del horizonte de los mendocinos.

Fue el siniestro más grave en los últimos 25 días en los que lamentablemente la crónica de la circulación vial se tiñó de rojo por el deceso de 15 personas en diferentes casos, que tuvieron su pico en el gravísimo hecho que causó la muerte del dirigente sindical y político Guillermo Pereyra, el martes pasado, quien perdió la vida en una colisión frontal en la ruta nacional 7, a la altura del establecimiento carcelario Almafuerte.

Tanta cantidad de vidas inmoladas en caminos y calles nos retrotrae a la situación anterior a la pandemia de coronavirus, y obliga a volver a poner este asunto de la circulación vehicular en primer plano porque, evidentemente, no aprendimos nada.

Insistimos en que el triple homicidio del Valle de Uco se enmarca claramente en lo difícil que resulta prevenir conductas, porque ese percance no debió ocurrir nunca; era perfectamente evitable. Hubiera bastado que el irresponsable conductor esperara que el alcohol en sangre bajara de nivel o pedir que alguien condujera el coche hasta el domicilio particular. Las primeras pruebas indicaban que el joven causante de la tragedia tenía un nivel de alcohol en sangre que superaba en más de cuatro veces el máximo permitido.

Un análisis puro y simple, además de las imputaciones legales que corresponden, indicaría que la sociedad espera que a una persona como ésta no le sea permitido manejar un automóvil nunca más.

El aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto por el Gobierno argentino para frenar los contagios, había detenido la vertiginosa tendencia en aumento de víctimas en siniestros viales. La cuarentena implementada para combatir el contagio del virus no sólo tuvo buenos resultados para contener la enfermedad, sino que también mejoró las estadísticas de otras preocupantes problemáticas los incidentes de tránsito y la calidad del aire.  Pero, con la progresiva recuperación de las actividades generales y al acceder más ciudadanos a la vía pública, la cantidad de siniestros viales comenzó a ascender hasta alcanzar el pico de fallecidos en el mes que aún no termina.

Las autoridades e integrantes de la Policía Vial de Mendoza, saturados de obligaciones por el control de los desplazamientos de los ciudadanos en tiempo de pandemia, tendrán que volver a rearmar el combate contra el siniestro vial, que estaba encaminado pero que la crisis sanitaria obligó a reformular.


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