Mendoza en la búsqueda de un estadista

Urge en nuestra provincia alguien que lidere un profundo proceso de cambio que tanto necesitamos. Pensamos en un estadista más que en un mero administrador.
Urge en nuestra provincia alguien que lidere un profundo proceso de cambio que tanto necesitamos. Pensamos en un estadista más que en un mero administrador.

Urge en nuestra provincia alguien que lidere un profundo proceso de cambio que tanto necesitamos. Pensamos en un estadista más que en un mero administrador. Alguien que llegue verdaderamente a la savia de nuestro pueblo y dialogue con él.

En la memoria de los mendocinos, están aún esas épocas doradas, cuando la provincia era un ejemplo de desarrollo a nivel nacional.

En esos tiempos que corrieron entre 1930 y 1975, la provincia fue gobernada por los conservadores liberales (demócratas) y por los conservadores populares (peronistas).

Fuimos los primeros productores de crudo del país, la provincia contaba con un alto grado de industrialización, el consumo de vino llegaba a los casi 100 litros per cápita y era producido principalmente en nuestra provincia; la clase media local se encontraba en pleno ascenso y teníamos altas tasas de alfabetización; los índices de pobreza y desocupación estaban muy lejos de los actuales.

Hoy, muchos mendocinos quieren volver a soñar con la gran provincia que supimos ser.

En ese sentido, el primer candidato lanzado para 2023, Omar De Marchi, hoy enrolado en el PRO, proviene de las filas de aquel tradicional Partido Demócrata, y tiene muchas ganas de gobernar la provincia.

Por otro lado, desde el peronismo maipucino, semanas atrás, sostuvieron la necesidad de que la fórmula del Justicialismo provincial la encabece un peroganso, y ya se han barajado algunos nombres al respecto, incluido el de una mujer de ese sector.

Lo cierto es que, más allá de la macroeconomía impulsada desde el futuro gobierno nacional, sea quien fuere que gobierne la provincia de Mendoza a partir del 10 de diciembre de 2023, tendrá que tener en cuenta tres cosas fundamentales que caracterizaban a aquellos gobernantes de mediados del siglo XX y hoy escasean: liderazgo, innovación y confianza.

Un liderazgo fuerte es esencial a la hora de gobernar la provincia, ante tanta autoridad emparentada con el mero rol de un administrador.

Seguramente deberá ser un eficiente administrador, pero también deberá ser un verdadero estadista con mayúsculas.

Urge, en nuestra provincia, alguien que lidere un profundo proceso de cambio que tanto necesitamos.

Para ello, el liderazgo de un gobernador fuerte, con buenos equipos de trabajo, es fundamental a la hora de pensar en un proceso de reforma del Estado y de una renovación del aparato productivo mendocino.

Incluso de la modificación de normativas que ya llevan más de un siglo y hoy se encuentran desactualizadas.

Pensamos en un estadista más que en un mero administrador.

Alguien que llegue verdaderamente a la savia de nuestro pueblo y que dialogue con él.

Cuando hablamos de innovación, no tiene que ver sólo con actividades que apunten a desarrollar nuevos productos y procesos.

Nos referimos también al conjunto de mejoras realizadas en las empresas y en las OSC, a su modo de articulación y vinculación, y, en definitiva, a la construcción del entorno de apoyo colectivo empresario (“coopetición”), con las consecuencias que esto acarrea para generar un verdadero mercado local competitivo.

Esto no incluye solamente a una mejora de los procesos de gestión en la actividad privada, sino que implica revisar y mejorar también todos los procesos involucrados en la gestión del Estado en sus tres niveles, optimizando los servicios ofrecidos a la ciudadanía en su conjunto.

La confianza es también necesaria, ya que debemos tenerla en nuestros gobernantes, los que deben ser probos, éticos y capaces de armar verdaderos equipos de trabajo multidisciplinarios y de diverso color político.

En cierto modo, deben legitimar su autoridad.

Debe haber también confianza social para que haya bienestar y prosperidad.

En ese sentido, es necesario crear un buen clima de inversiones y negocios que generen crecimiento y trabajo.

Pero además deben achicarse las grandes brechas de desigualdad económica y social, que existen en la sociedad mendocina y que atentan contra la paz social y la buena convivencia que siempre caracterizó a nuestra provincia.

Mal que les pese a los “libertarios” y “anarco-capitalistas”, tan de moda en estos tiempos, el Estado es esencial para liderar un proceso de desarrollo que la provincia tanto necesita.

Debe ser un Estado eficiente, profesionalizado, y capaz de catalizar la economía local para conducir a la provincia a un nuevo modelo de desarrollo, como el que sostuvo allá por mediados del siglo pasado.

Ese Estado, además, debe contar con líderes capaces de sacar la provincia adelante y devolverle el brillo que supo tener.

Implica además contar con un gobernador que más que un administrador sea un verdadero estadista. ¿Seremos acaso capaces de lograrlo?

*El autor es consultor en desarrollo territorial y políticas públicas. Es docente universitario.

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