jueves 24 de septiembre de 2020

Imagen ilustrativa / Ignacio Blanco
Opinión

#MendoExit: Mendoza merece ser defendida

La discusión sobre los recursos que Mendoza recibe de la Nación despertó ciertas ideas “separatistas” que, a su vez, dieron lugar a una fuerte polémica. Un politólogo explica por qué se trata de una pretensión sin sustento histórico, cultural, ni político. Mientras que el mentor de la idea separatista la considera dentro de un necesario replanteo de la relación con el Estado nacional.

Imagen ilustrativa / Ignacio Blanco

“Aquél que no tiene fantasías, no hace cosas fantásticas”, Shimon Peres.

En los últimos días se ha instalado con fuerza en las conversaciones cotidianas lo que simplificadamente es llamado Mendoexit y que pasó de ser considerada una arrogante humorada de mesa de café, a motivar una serena reflexión con gran impacto en nuestra provincia, en el resto del país e, incluso, internacionalmente, como dan cuenta la cantidad de artículos, notas y entrevistas que seriamente se ocuparon del tema.

¿Qué es y porqué el Mendoexit? Los mendocinos experimentamos frustración e impotencia debido a las permanentes invasiones por parte del poder central de la Nación sobre facultades provinciales no delegadas constitucionalmente, muchas veces consentidas por los sucesivos gobiernos locales sin distinciones partidarias. Sumado a los constantes “castigos” impuestos a Mendoza por cuestiones eminentemente políticas, tales como leyes de promoción industrial, o los perjuicios causados en nombre de una obligatoria solidaridad hacia provincias que han hecho del empleo público la principal fuente laboral, sostenida, entre otros, con los fondos que coactivamente se le impone resignar a Mendoza, con el injustificado argumento de que es una provincia rica.

Los que nos unimos tras el Mendoexit no somos locos extravagantes. Por el contrario, se nos hace obligación revisar la relación Nación-Provincia y poner las cosas en su lugar. Reclamando enérgicamente un auténtico federalismo moderno y respetuoso de las facultades provinciales y planteamos con fuerza no aceptar resignadamente el descalabro total al que parece dirigirse la Argentina de la mano de la impunidad, latrocinio, improvisación, e injusticia que conlleva el populismo.

Decimos ¡no! al destino Venezuela.

No queremos en Mendoza extorsiones mafiosas de sindicatos que, como Camioneros, ahogan cualquier iniciativa de progreso con actos ilícitos.

No queremos que nos sigan discriminando en el reparto de la coparticipación y de los fondos discrecionales que son manejados por DNU como indignos instrumentos de sometimiento, ni que los mendocinos paguemos más que los porteños por productos y servicios que son producidos localmente como la energía y los combustibles.

Mendoza no es una provincia rica. Es un desierto disputado a la naturaleza; nadie nos regaló nada. La riqueza es fruto de la cultura del trabajo de generaciones. Por eso nos animamos a pensar en moneda estable, pocos y claros impuestos, inflación controlada, gasto público razonable, abiertos al mundo, sin cepos ni retenciones, con seguridad jurídica a las inversiones, propiedad privada, desarrollo sin trabas burocráticas de actividades como economía del conocimiento o un polo audiovisual.

¿Cómo lograrlo? Rompiendo cercos mentales ¡Atreviéndonos a hacerlo!

La Constitución es un contrato que puede ser reformado en todo o en parte. No existen cláusulas pétreas. Se puede y se debe reformar cuando los desvíos desnaturalizan el futuro. No se logran resultados distintos haciendo lo mismo.

Si en mayo de 1810 se hubiera seguido el criterio que sostenía que el Virreinato estaba pétreamente unido a la corona española, nunca nos hubiéramos autogobernado. Vale mencionar que la consolidación de ese Mayo surgió desde Mendoza, de la mano de San Martín.

*El autor es Mentor del Mendoexit