miércoles 23 de septiembre de 2020

Antigranizo. Avión de Agricultura y Contingencias Climáticas. Ignacio Blanco / Los Andes
Opinión

Lucha antigranizo en Mendoza: ¿Crisis salarial o crisis del modelo?

Es imperioso salvar la Lucha Antigranizo para beneficio de los productores mendocinos. Es imperioso también garantizar los puestos de trabajo de todo el personal aeronáutico, con resguardo de la integridad salarial.

Antigranizo. Avión de Agricultura y Contingencias Climáticas. Ignacio Blanco / Los Andes

Los pilotos y técnicos aeronáuticos que revistan en la planta de personal de la empresa Aeronáutica de Mendoza SA (AEMSA) se encuentran viviendo horas angustiantes dado que a la fecha se les adeuda el aguinaldo, la mitad del salario de junio, todo el salario de julio y todo el salario de agosto. Se trata de 38 trabajadores altamente calificados que han debido retener su débito laboral, por lo que no se encuentran en sus puestos de trabajo a escasos días del inicio de la Campaña Antigranizo 2020-2021. Los gremios APLA y APTA, en cuyo seno se nuclea el personal, se encuentran legítimamente en pie de guerra frente a la empresa y frente al Gobierno de Mendoza, que es su accionista mayoritario.

En 2005 tuve el desafío profesional de organizar el componente aéreo de la Lucha Antigranizo y en los diez años siguientes tuve el honor de desempeñarme al frente del Departamento de Aeronáutica, la unidad de gestión de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas (DACC) que llevó adelante la prestación del servicio a través del modelo de autogestión estatal. Fue un modelo exitoso desde lo operativo, desde lo económico y desde lo político, prueba concluyente de que fue bien pensado de entrada. Para cuando el Gobierno de Mendoza creó AEMSA, el 28 de junio de 2017, el modelo de autogestión estatal había acumulado 17 años ininterrumpidos de funcionamiento, el período más largo de todos los previamente ensayados desde 1946, cuando el Estado Provincial decidió enfrentar por primera vez al granizo con elementos tecnológicos.

Desde la creación de AEMSA los fracasos se han acumulado uno detrás del otro. La empresa fracasó en su intento de incorporar un avión jet para incrementar la cobertura antigranizo a la región montañosa del Valle de Uco y, tras dos años de gestiones, desistió de hacerlo. Esto contrasta con la velocidad con la que, en 2005, se compraron cuatro aviones turbohélice, lo que permitió que la Campaña Antigranizo 2005-2006 (y las diez siguientes) comenzaran puntualmente el 15 de septiembre. La empresa también fracasó en su faz comercial, pues en 3 años de existencia no logró captar ni un solo cliente distinto del Gobierno de Mendoza, que es su accionista mayoritario, por lo cual no puede hablarse de un vínculo comercial sino de relación endogámica.

La empresa fracasó también en términos reglamentarios, pues desde 2017 no gestionó ni obtuvo de la ANAC los certificados de Trabajo Aéreo o Transporte Aéreo que le permitieran salir al mercado y facturar por sus servicios. Los aviones que utiliza no son propios, sino del Gobierno de Mendoza, que se los ha facilitado en préstamo mediante un contrato no inscripto en el Registro Nacional de Aeronaves, por lo que la responsabilidad legal de la explotación sigue estando en cabeza del Estado provincial. AEMSA también fracasó en lo estructural, pues el personal aeronáutico dejó de ser puesto en el primer lugar del escenario, a tal punto que no participa en absoluto en las decisiones de la empresa. Se disolvió así el protagonismo y la mística ganadora que habían caracterizado al Departamento de Aeronáutica.

En lo único en que AEMSA resultó beneficiosa fue en la estabilización del personal aeronáutico, que hasta su creación se encontraba vinculado al Estado mediante contratos de locación de servicio. Pero ese no era un objetivo de AEMSA, sino de los gremios APLA y APTA, que presumieron que la empresa sería viable por el sólo hecho de haber sido creada por una ley provincial y, lógicamente, no prestaron mayor atención a sus condiciones de viabilidad. Pero yo sí lo hice, y las advertí repetidamente a funcionarios, asesores, pilotos, mecánicos y delegados gremiales.

Concretamente avisé que si AEMSA no salía urgente a buscar clientes genuinos, tendría los días contados. Porque los fondos presupuestarios que bajo el modelo de autogestión estatal pasaban directo a la DACC, con AEMSA debían recibirse contra facturación, dado que la empresa era una persona jurídica distinta del Gobierno de Mendoza. La carga impositiva de la AFIP derivada de la facturación sería tal que el presupuesto rápidamente resultaría insuficiente para atender los gastos corrientes. Realmente nadie me escuchó y todos continuaron bailando alegremente en la cubierta del Titanic.

El modelo finalmente implosionó. El conflicto que hoy afecta al personal de AEMSA no es una crisis salarial, sino una crisis de modelo, a tal punto que si aparecieran mágicamente todos los sueldos adeudados, la empresa fatalmente se encontraría en la misma situación de quebranto a plazo fijo. Para peor, la recesión económica generada por la pandemia de Coronavirus hace realmente difícil salir a captar clientes en un mercado que hoy se encuentra seco y retraído. Para colmo, AEMSA no puede brindar fuera de los límites políticos de Mendoza el único producto rentable que está en condiciones de ofrecer (el servicio de Lucha Antigranizo), pues su ley de creación dejó fuera a todo el soporte terrestre que lo hace posible, empezando por los radares meteorológicos y los radaristas.

Es imperioso salvar la Lucha Antigranizo para beneficio de los productores mendocinos. Es imperioso también garantizar los puestos de trabajo de todo el personal aeronáutico, con resguardo de la integridad salarial, antigüedad y posición escalafonaria. En mi opinión, la única forma de lograrlo es volver al modelo de autogestión estatal, pero potenciándolo a través de la creación de un ente estatal autárquico que conserve todas las funciones de AEMSA, pero que pueda ejecutarlas de manera económicamente viable. Nunca fui indiferente a la suerte del personal aeronáutico, que bajo mi administración logró contrataciones anuales y no meramente estacionales, pudo cobrar puntualmente todos los meses, tuvo movilidad ascensional, gozó de una carrera profesional definida, disfrutó de reglas claras para ascensos y promociones, no fue manoseado, recibió capacitación de nivel universitario y participó activamente en los destinos del conjunto. La única forma de volver a esa gloria es cambiando el modelo fallido de AEMSA, que sólo ha contribuido a crear claudicaciones, déficit y ruina.

* Abogado especialista en Derecho Aeronaútico - Especial para Los Andez