martes 2 de marzo de 2021

No puede mandar otro que no sea el presidente pero a la vez el presidente no tiene el poder, sino que el poder lo tiene la vicepresidenta.
Opinión

Los monstruitos que creó Cristina

Juntando pedazos dispersos, casi siempre contradictorios, Cristina armó un gobierno que no funciona, y para colmo le ocupó todas sus segundas líneas.

No puede mandar otro que no sea el presidente pero a la vez el presidente no tiene el poder, sino que el poder lo tiene la vicepresidenta.

Cristina tiene total razón cuando dice que la verdad no se puede ignorar y que dentro de la verdad se incluye que en la Argentina, que es presidencialista, el poder solo lo puede ejercer el presidente, guste o no. Frase indiscutible pero hay otra frase también indiscutible que en este caso es contradictoria con la primera: no solo en la Argentina sino en todo el mundo el poder lo tiene quien lo tiene, y transferirlo es difícil sino imposible, salvo que el poder de la institución sea mayor que el de la persona que la conduce, hoy inimaginable en Argentina.

Por eso en el gobierno hay un quiebre: no puede mandar otro que no sea el presidente pero a la vez el presidente no tiene el poder, sino que el poder lo tiene la vicepresidenta y no se lo puede transferir ni aunque quisiera, y por supuesto que no quiere. Esa es la realidad completa, mucho más compleja de como la plantea Cristina que dice la mitad de la verdad.

Sin embargo, dice muchas más cosas en la carta. Traducido sería más o menos así: "Vós, Alberto, estás ahí porque yo te elegí ya que sin vós casi seguro que no ganaba porque para ganar se necesitaba persuadir a gente a la que yo no puedo llegar y mi discurso no lo puedo ni quiero cambiar. Pero ahora llegó el momento de demostrar si aquello en lo que te diferenciás de mí, tiene sentido; vale decir si vós, por tu forma de ser y por tu pensamiento, podés hacer lo que no puedo hacer yo, por mi forma de ser y porque no creo en eso, aunque supiera que era necesario para ganar. Por eso me alié con vós y con Massa y con los que no piensan igual que yo.

Pero ahora tienen que demostrarme que tuvo sentido esa alianza y para eso deben lograr el acuerdo político entre las fuerzas a las que yo no podría unir. Se la han pasado charlando con los medios monopólicos y con los empresarios concentrados y con el sindicalismo de derecha y con el peronismo que no me quiere aunque tenga miedo de decirlo. Bueno, llegó el momento de convocarlos a todos y demostrarme que se pueden juntar. Algo que posiblemente sea necesario, al menos con el tipo de presidencia que vós estás haciendo, pero que yo no podría hacer. Ahora, si no lo saben hacer ustedes que creen en eso, no se quien lo podrá hacer. Yo, por las dudas, me guardo para que se haga lo que pienso si no se puede hacer lo que piensan ustedes. Y ustedes saben que lo  que yo pienso es en profundizar el modelo en el que creo. Pero hoy no puedo hacerlo mientras estén ustedes y mientras la sociedad no esté dispuesta a respaldarme más de lo que lo está ahora". Eso es lo que dijo.

Un problema es que Cristina en su carta no dice que todos los intentos de Alberto para hacer esos acuerdos, ella se los ha boicoteado sistemáticamente. Aún así le pide que haga lo que ella no quiere hacer, pero que sabe que en este contexto para que a Alberto le vaya bien, es necesario hacer, aunque ella no solo no quiere sino que no cree que se pueda hacer. Entonces le dice a Alberto: “Convenceme y en una de esas te doy la derecha porque tal como vamos, vamos al precipicio y esto no puede seguir así. Aunque yo te critique hacé lo que querás, y si te sale todo bien. Para eso tenés el poder que te da ser presidente, el cual es indelegable, incluso conmigo que tengo el resto del poder”.

Cristina para ganar las elecciones no cambió ni moderó en nada sus posturas ni su proyecto de país aun sabiendo que hoy no tiene el apoyo suficiente de la opinión pública para concretarlo. Con esa carta no es que se borra de su responsabilidad de haber creado a un monstruito, sino que se corre diciendo que Alberto actúe, que ella no lo va a joder y si lo jode que igual se anime a hacer lo que debe hacer, y si esto no anda pués ella está allí con su proyecto alternativo al que solo se llegará si esto no anda.

Ella armó su monstruito juntando pedazos dispersos sin hacer autocrítica y sin tampoco pedir a los pedacitos que la hicieran. Algunos vinieron solo por su aversión a Macri (una alianza contra alguien, no a favor de nada) y otros solo para estar del lado de los que creían iban a ganar.

Pero Cristina no solo creó un monstruito electoral, sino que también creó un monstruito gubernamental que hoy es muy difícil de manejar o mover. Que no va para ningún lado.

El gobierno que inventó es como el de las antiguas autocracias socialistas de Europa Oriental cuando eran satélites de la URSS: en cada área del gobierno había un funcionario del Estado y otro del partido, que controlaba al primero y lo delataba cada vez que se apartaba de la ortodoxia.

Acá pasa lo mismo. Cada funcionario de Alberto tiene debajo un funcionario puesto por Cristina que todos los días realiza el control de calidad K del primero y si no funciona es inmediatamente delatado.

La primera consecuencia organicista de este monstruito institucional creado por CFK es que a la coalición de gobierno le sobra poder, pero está todo concentrado en ella, y en la presidencia casi no hay. Entonces ella hace todo lo que quiere con la parte del poder que maneja en el gobierno, y el gobierno no atina a reaccionar porque Alberto quiere quedar bien con todos. Hay escasez de poder en el gobierno a pesar de que está conformado por una coalición a la que le sobra poder, y con una oposición que lo molesta bastante poco, no por falta de organización sino por la falta de liderazgo que debe revalidarse en las urnas, con internas o primarias.

Entonces todos los cristinistas, considerándose inimputables, libran día a día su microrrevolución. Carlos Raimundi contradice nada menos que la política exterior de Alberto en la OEA o sea ante el mundo entero. Horacio Pietragalla opera desde la Oficina procorrupción en que ha convertido a la secretaria de Derechos humanos para absolver de toda culpa a Boudou o a Jaime y a todos los demás chorros de Estado. En el mismo sentido, Felix Crous dinamita la oficina anticorrupción que maneja.  Juan Grabois hace su pequeña reformita agraria contra la oligarquía como en una telenovela de la tarde a través de una interna familiar, Victoria Donda va a defender la usurpación de Grabois en nombre de la discriminación contra la mujer porque la hermana de Etchevehere es mujer. En vez de una ley de medios crean el NODIO para ir avanzando de a poco contra la prensa. Microrrevoluciones. Desplumar a la gallina sin que lo note es la nueva estrategia. Al menos hasta el día en que vuelvan con todo y la puedan desplumar entera de una sola vez.

Cada uno está avanzando en su propia revolucioncita para ir sumando a la revolución mayor. Es que esos cristinistas puestos en donde están para delatar a los albertistas no se conforman con controlar al Alberto en nombre de Cristina o al gobierno en nombre del movimiento, sino que cada uno hace su aporte a la revolución imaginaria gestando un pequeño caos en el área que le compete. Una suma de pequeñas irresponsabilidades que está creando una irresponsabilidad mayor ante un presidente que impotente frente a tantas agresiones internas, no tiene la menor idea de cómo seguir adelante. Mientras Cristina, que critica a todos incluidos a los albertistas pero nunca a los irresponsables monstruitos que puso en el gobierno, de vez en cuando nos anuncia que sigue esperando para cuando queramos utilizar sus servicios. En tanto, salvo escribir alguna que otra carta, sigue ocupada full time en librarse de todos sus pecados transfiriendo sus culpas a sus inculpadores.


Por las redes