Las PASO, un termómetro que sirve para medir el malhumor social

Las PASO, un termómetro que sirve para medir el malhumor social
Las PASO 2021 se dan en contexto de pandemia y como medidor del humor social. Ilustración: Gabriel Fernández.

Casi sin internas que definir hoy, la votación servirá a la dirigencia política para comprobar cuan alta es la decepción de la sociedad mendocina. Cambia Mendoza y el Frente de Todos cargan con la mochila de plebiscitar sus gestiones.

Como si la sociedad fuese un enfermo con temperatura elevada, la dirigencia política colocará hoy su termómetro para determinar cuán alta es la fiebre. En eso en definitiva se han transformado estas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO),habida cuenta de que casi no hay batallas al interior de los ocho frentes que se han inscripto en Mendoza.

Se presume por las encuestas previas que la votación evidenciará, al menos en parte, la decepción devenida en desinterés por la falta de soluciones a los problemas reales de la gente. Estos tienen a la economía y sus derivaciones como el gran eje: alta inflación, desempleo y su consecuencia directa, mayor pobreza.

Todos ellos son males endémicos que el país arrastra desde hace décadas, con mayor o menor gravedad, y que la pandemia profundizó.

El coronavirus hace rato dejó de estar al tope de las preocupaciones sociales y ese es un problema para las gestiones nacional y provincial, que apostaron en el último año medio casi todos sus esfuerzos a esa ficha.

Tal vez la única buena noticia concreta por estos días sea justamente que la pandemia dejó de atemorizar porque, aunque a los tumbos, la vacunación avanzó y, gracias a su postergación, las PASO coinciden con el momento de menor número de contagios del año. La pronosticada tercera ola por la variante Delta, por ahora, es sólo un mal augurio.

El malhumor hacia la política lo han detectado todas las encuestas y emerge con altos niveles de indecisos, de voto en blanco y hasta de probable ausentismo, pero también lo perciben los dirigentes que salen a la calle. Aunque esa bronca de antaño en tiempos de crisis, como la de 2001, ahora ha mutado en indiferencia.

Por eso el Frente Cambia Mendoza casi no hizo recorridas, para no alterar más los ánimos, sabiendo que ahora no se define nada. Por eso el Frente de Todos apostó en un principio a transmitir alegría, buscando generar la esperanza que no hay.

Esa indiferencia expresa en parte la creencia extendida de que el voto no modificará la realidad, sin importar la boleta que se ponga en el sobre. Como si los discursos y la realidad fueran por caminos distintos. Así se explica lo que hace una semana definimos en esta columna como el voto “no me importa”.

Las expectativas son un factor clave para atraer votos y es precisamente lo que falta hoy. Lo grave es que si un proyecto político no contagia la esperanza de que modificará la realidad, al menos mínimamente, entonces está condenado, antes o después, a perder el apoyo popular y quedarse solamente con los incondicionales.

En este contexto votarán hoy los mendocinos y también los argentinos, porque la situación es similar en todas las provincias.

Una prueba de fuego

Ahora bien, mientras a la sociedad le pesa el presente complejo, la política también tiene sus urgencias, sus objetivos y sus temores.

Aunque la de hoy no sea una competencia directa, los dos principales frentes arriesgan mucho porque cargan con una mochila pesada en una elección legislativa: ambos son oficialismos que quieran o no plebiscitan sus gestiones. Cambia Mendoza, la provincial y el Frente de Todos, la nacional.

En la elección de medio término de hace cuatro años, el oficialismo provincial era el mismo que el nacional (la alianza UCR-Pro); hace ocho años, era la coalición liderada por el peronismo (llamada entonces Frente para la Victoria) la que cumplía las veces de oficialismo en la Argentina y en Mendoza.

La particularidad de esta elección hace que ambos quieran mostrar lo bueno que hicieron, aunque sea poco, y a la vez negar lo malo, aunque sea mucho. Eso provoca que en definitiva los dos expongan flancos débiles ante la sociedad. Por eso, para esta instancia, se han planteado objetivos de mínima.

Cambia Mendoza tiene hoy que definir una interna, alimentada por el mismo radicalismo para captar los votos que podrían fugarse porque se alejó del frente el sello del PD.

La boleta que tiene como protagonistas a Alfredo Cornejo (secundado por Mariana Juri) y Julio Cobos (seguido por Pamela Verasay), más la figuración como senador suplente del gobernador Rodolfo Suárez, enfrentará a la liderada por el bodeguero Rodolfo Vargas Arizu y la demócrata disidente Josefina Canale, a quienes acompañan varios empresarios. Su intención manifiesta es atraer a los votantes liberales y la implícita, instalarse a futuro como un socio cuya voz sea escuchada.

Teniendo en cuenta los números de primarias pasadas, Cornejo y los suyos tienen la meta de sacar, sólo con su boleta, al menos 40 puntos. Todo lo que le aporten sus eventuales rivales internos será bienvenido. Esa será la base para crecer en las generales de noviembre.

La coalición liderada por el peronismo, por el contrario, se propuso no tener internas para mostrarse como un solo bloque unido, que dejó atrás las diferencias. Con ese valor, quieren sumar adhesiones. Sólo liberó la competencia interna en la categoría de concejales, que ha devenido en una suerte de válvula de escape de tensiones y diferencias.

Con la mira puesta en las últimas experiencias electorales en la provincia, todo lo que obtenga por encima de los 30 puntos será celebrado.

Terceros con suspenso

A diferencia de las elecciones ejecutivas, cuando el voto es menos pasional, en las votaciones de medio término el elector se deja llevar por sus sentimientos, principalmente la ira, y por eso son propicias para la aparición de terceras fuerzas, que canalizan el descontento con los partidos gobernantes y mayoritarios.

Esta vez, son muchos los aspirantes a ese puesto, pero ninguno ha logrado despegarse.

La oferta en este segmento va desde la izquierda dura del FIT (que hoy dirime su interna entre dos listas), al variopinto Partido Verde que reúne a radicales, peronistas y ex Protectora, pasando por Vamos Mendocinos, la alianza del PD que se fue de Cambia Mendoza con el Mendoexit. También hay expresiones del peronismo no K como el Partido Federal y Compromiso Federal.

Lo cierto es que las encuestas previas hablan de un pelotón compacto, con poca diferencia entre uno y otro, por lo que es difícil arriesgar quién terminará tercero, sobre todo porque el margen de error de esas encuestas es mayor que las brechas entre ellos.

Esto también es una consecuencia del profundo desinterés de la sociedad: ni los discursos más arriesgados han logrado captar masivamente la atención de los mendocinos esta vez.

Por eso, el gran desafío de la elección de hoy es que una vez que el “termómetro” determine cuan alta es la fiebre, la política no se quede en el diagnóstico y apenas aplique un paracetamol o un ibuprofeno para bajar la temperatura, como casi siempre. Su obligación es curar las causas reales de la decepción. Pero claro, tal vez esto sea puro idealismo.

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