viernes 23 de abril de2021

Habrá seguramente ciudadanos nostálgicos de buena fe que se nieguen a aceptar esta realidad, pero a la realidad se la puede tomar de muchas formas, menos ignorarla.
Opinión

Las Malvinas ya no son prioridad para la Argentina

En mi opinión esto quiere decir una sola cosa: la declaración de la Independencia de las Malvinas del Reino Unido permaneciendo en la Comunidad Británica de Naciones es cuestión de tiempo, no si ocurrirá o no.

  • miércoles, 7 de abril de 2021
Habrá seguramente ciudadanos nostálgicos de buena fe que se nieguen a aceptar esta realidad, pero a la realidad se la puede tomar de muchas formas, menos ignorarla.

No hay duda que, atento a los problemas gravísimos que enfrenta el país con la pandemia y la insuficiencia de vacunas, la crisis económica, la crónica inflación, el desempleo, el aumento año a año de la pobreza y la creciente inseguridad en centros urbanos como Rosario, y la provincia de Buenos Aires, que la disputa por la soberanía en las Islas Malvinas dejó de ser una prioridad política para nuestro país.

Simplemente, porque para la opinión pública no es un problema que requiera solución urgente y aunque lo fuera (en mi opinión sí lo es) ni el actual, ni el anterior, ni tampoco el futuro Gobierno argentino tendrán a las Malvinas entre sus prioridades inmediatas.

Habrá seguramente ciudadanos nostálgicos de buena fe que se nieguen a aceptar esta realidad, pero a la realidad se la puede tomar de muchas formas, menos ignorarla. Era una de las afirmaciones predilectas de Juan Perón que afirmaba que “la realidad es la única verdad”.

Todos sabemos que para que haya una negociación exitosa, ambas partes deben ceder algo equivalente para llegar a un acuerdo satisfactorio. Quien desea vender una casa por ejemplo, debe estar dispuesto a aceptar una rebaja en el precio de venta que no pensaba inicialmente hacer, de la misma manera que quien compra deberá pagar algo más de lo que aspiraba pagar.

Además, en el ámbito internacional ambas partes deben tener una capacidad de negociación similar basada en la fuerza económica y militar en la que se apoya.

El pasado 16 de marzo se publicó una información según la cual, el primer ministro británico Boris Johnson, aseguraba que “el Reino Unido defenderá a las Islas Malvinas con todo su poderío militar”, es decir, el cibernético, armas que incluyen alta velocidad avanzada y misiles además de tecnología cuántica, biología e ingeniería.

El mensaje tácito y entre líneas de esta información es “estamos dispuestos a negociar la soberanía con Argentina”.

Decirle esto a un país cuyos barcos de guerra se hunden solos en Puerto Belgrano como el destructor “Santísima Trinidad” en 2013, o submarinos que implosionan sin entrar en combate como el “ARA San Juan” en 2017, aviones de guerra que no vuelan o notable deterioro de la capacidad operativa del Ejército argentino, producto del abandono total de su equipamiento y entrenamiento, equivale a un niño de 10 años enfrentando en el ring a un boxeador profesional de peso pesado.

Boris Johnson conoce Buenos Aires. Visitó oficialmente Argentina el 22 de julio de 2019. Sabe de nuestras debilidades y vulnerabilidades y nos está ofreciendo negociar la soberanía en Malvinas, sabiendo que todas las reglas de juego las impondrá el Reino Unido.

En estas condiciones y por los gravísimos y urgentes problemas que Argentina enfrenta y que debe necesariamente priorizar, ni siquiera considerará esta invitación tácita o simplemente la ignorará..

En mi opinión esto quiere decir una sola cosa: al igual que ocurriera en los últimos años con pequeñas Islas del Caribe anglófono como Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas o Trinidad Tobago, la declaración de la Independencia de las Malvinas del Reino Unido permaneciendo en la Comunidad Británica de Naciones es cuestión de tiempo, no si ocurrirá o no.

El próximo 3 de enero de 2033 se cumplirán dos siglos de ocupación británica en las Islas y constituirá el momento oportuno para los intereses políticos británicos hacerlo por su simbología: 200 años de ejercicio efectivo de la soberanía.

Como hasta hoy todo indica que ese hecho será irreversible, llegará entonces el tiempo en el que nuestra Cancillería comience a considerar un “plan B”, es decir una negociación seria con un futuro país independiente que está apoyado militarmente por una fuerza militar y económica 1.000 veces superior a la argentina.

“La única verdad es la realidad” decía el general, y hoy más que nunca deberíamos ser conscientes de ello.

*El autor es Ministro Plenipotenciario.