Lamentable ejemplo del bajo nivel educativo

Imagen ilustrativa / Los Andes
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La educación debe inculcar valores, favorecer la vida en comunidad y también preparar para el trabajo. Sin ella la movilidad social no existe y por eso es fundamental recuperarla.

El presidente en Argentina de una conocida empresa automotriz internacional acaba de señalar que la firma tiene serias dificultades para contratar personal para encarar nuevos proyectos en nuestro país.

Y remarcó que el nivel educativo general es uno de los obstáculos que encuentran la firma para poder contratar a los trabajadores que requiere para sus actividades.

El empresario, (Daniel Herrero, titular de Toyota Argentina) planteó su preocupación en una edición de “Charlas del Rotary Club de Buenos Aires” y sus conceptos fueron reproducidos por medios periodísticos de nuestro país.

“Se buscan nuevos empleados, pero cuesta conseguir postulantes que reúnan los requisitos”. sostuvo.

Sin duda, se trata de una preocupante inquietud merecedora de la repercusión que tuvo.

De acuerdo con lo expresado por el directivo empresario, la automotriz que conduce ya había tomar 500 personas durante los tiempos más rigurosos de la pandemia y ahora pretendía sumar otros 200 empleados para comenzar a gestar proyectos a futuro, según señaló.

Sin embargo, el hombre de negocios puntualizó que “se nos hace difícil en nuestra área geográfica encontrar esas 200 persas con secundario completo porque en Buenos Aires se perdió el valor del secundario”.

Y fue más allá con su planteo: “Tenemos que trabajar, con nuestra responsabilidad social, en la educación de la Argentina hacia el futuro”.

En primer lugar, debe destacarse el esfuerzo de la automotriz y la predisposición de los empresarios argentinos a cargo de la misma para intentar sortear la difícil situación regional y global por la pandemia y seguir adelante con exigentes propuestas de inversión.

Gran parte de las industrias vieron congeladas en altos porcentajes sus inversiones para la ampliación de capacidad instalada en virtud del freno a la economía que impuso al virus y que, en gran medida, acentuó la política restrictiva del gobierno nacional.

Pero la conclusión más trascendente que debería dejar el planteo empresario al que hemos aludido es sobre la necesidad de que los argentinos encaremos de una buena vez la problemática de la calidad de la educación.

Las estadísticas recientes reiteran que los niveles de enseñanza o aprendizaje de niños y jóvenes en los niveles primarios y secundarios de la educación no son para nada exitosos.

El estímulo para que el alumno de nivel secundario tome con responsabilidad su asistencia a clases parece ir en decadencia con el correr de los años.

Las urgencias económicas, el auge de las adicciones y, por añadidura, el predominio de un estilo de vida sin grandes motivaciones y exigencias ha conducido a un vacío educacional que cada vez más se siente en la Argentina y repercute con fuerza con la falta de oferta laboral elementalmente calificada, como debería ser hoy en el país tener el nivel secundario completo y aprobado.

En la medida en que los niveles de pobreza crecientes sólo sean sofocados con la simpleza de la asistencia social, y no se estimule el acceso a la educación y el trabajo, aumentará el número de argentinos que elijan un porvenir dependiente de los planes de la maquinaria estatal.

La educación debe inculcar valores, favorecer la vida en comunidad y también preparar para el trabajo. Sin ella la movilidad social no existe y por eso es fundamental recuperarla.

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