lunes 3 de agosto de 2020

Opinión

La resistencia

La pandemia nos ha puesto a prueba. Y estamos resistiendo. De esta saldremos más capaces y podremos tomar la libertad a manos llenas.

Se trata de resistir. Esta es una lucha contra un enemigo particular, es invisible, no tiene más armas que él mismo y ataca como las guerrillas, donde y cuando uno menos lo espera.

Lo que podemos hacer es aguantar, como ocurría en las guerras convencionales cuando ocurrían invasiones a países que veían alteradas sus formas de vida por los invasores que traían con ellos nada menos que la muerte.

Resistir de la manera que podamos, resistir aunque nos flaqueen las fuerzas y el panorama sea más oscuro que rincón para orinar. Resistir es una forma de luchar, una manera de decir “no van a poder con nosotros, vamos a subsistir aún en las peores condiciones porque con nosotros resiste la raza humana”. Así de simple.

¿Cómo saldremos después de tanto sacrificio? ¿Seremos una sociedad endeble o nos levantaremos con más ánimo que antes? Dicen ya nada va a ser lo mismo. Yo digo muchas cosas, la mayoría volverán a ser lo mismo cuando pase este mal trago. Retornarán las ahora antiguas costumbres y en lo esencial la vida no habrá de cambiar mucho, comparada con la que era.

Después de las grandes guerras han venido períodos de crecimiento para la humanidad, sobre todo en el aspecto de la tecnología. Ese es un reducto donde posiblemente se note una verdadera diferencia.

Pero en el carácter, en la forma de encarar la vida, seguramente surgirá un hombre distinto, más enfervorizado con la vida.

Hemos demostrado que podemos soportar situaciones límites. El mundo entero se ha confinado para hacerle frente al mal y ahí está al acecho de cuando podamos salir a transitar libremente y a bebernos los paisajes que nos aguardan afuera.

Ha habido muchas víctimas, lo sabemos y lo sentimos, pero eso no ha disminuido nuestra capacidad de enfrentar el mal y vencerlo.

Cuando todo pase reiniciaremos la vida con más ímpetu, con la satisfacción y -por qué no- el orgullo de la guerra ganada. Seguramente cada uno valorará mucho más los ingredientes esenciales que tiene la vida.

La libertad, por ejemplo. Volveremos a tenerla a manos llenas y seguramente eso nos hará feliz.

De esta salimos enérgicamente más capaces, lúcidamente más capaces, y la lección recibida nos hará reconocer como importantes todas aquellas cosas que son realmente importantes, encabezadas por el valor de la vida.

Diremos que somos vulnerables, que somos imperfectos, pero “somos”, y seguiremos siendo a pesar de las invasiones. Si hemos superado esta instancia, cualquier instancia del futuro ha de tener la misma respuesta. Aquí estamos, tiren si quieren, que no van a poder destruir lo que costó siglo de siglos instaurar.

Veremos un nuevo amanecer y lo veremos todos juntos, sin tapabocas, abrazados sin respetar la distancia social, porque otra vez seremos aquellos que quieren ser felices a pesar de las circunstancias desfavorables.

Resistir, esa es la consigna, y la estamos cumpliendo. No vamos a ceder en la defensa de la vida. Estamos dispuestos a enfrentar cualquier contingencia desfavorable.

Así seremos porque, como dice la sentencia “lo que no te mata, te fortalece”.