martes 20 de abril de2021

Ilustración / Gabriel Fernández
Opinión

La pandemia vuelve a acechar y obliga a renovar precauciones

El gobernador mendocino fue siempre con la Nación, más allá de algunas desinteligencias puntuales, un gobernante de diálogo al estilo Larreta. Rodolfo Suárez probablemente tenga una idea más firme del escenario provincial después de la reunión que tiene prevista mañana con los intendentes en Casa de Gobierno.

Ilustración / Gabriel Fernández

El avance del coronavirus, con su preocupante rebrote actual, tiende a generar un escenario de alarma muy parecido al del año anterior para esta misma época. Si bien desde fines de marzo de 2020 la exigencia de una cuarentena estricta tenía como finalidad darle tiempo al sistema de salud para poder equipar mejor las terapias intensivas, principalmente, en esta oportunidad el nivel de preocupación entre las autoridades también es alto por la seria amenaza que significa la segunda ola de Covid-19, que comienza a hacerse sentir en el país y se superpone con la hasta ahora lenta vacunación.

Hace un año el gobernador Suárez conseguía el respaldo del peronismo en la Legislatura para validar sus decretos de emergencia económica y sanitaria. En ese momento no se podía esperar otra cosa, porque en el escenario nacional también la oposición se alineaba con la conducción de Alberto Fernández, el gran responsable de las medidas de emergencia. Pocos imaginaban en esos momentos que los argentinos tendríamos una cuarentena larguísima que dejaría serias consecuencias en lo económico y social. El cierre se consideraba atinado en virtud de la amenaza del virus, pero se lo mantuvo en exceso. Mendoza fue una de las excepciones, la primera entre las provincias de mayor peso.

Eran meses de bastante sintonía política. Aquellas escenas de Fernández junto a Rodríguez Larreta, además de Kicillof, irradiaban confianza ante la emergencia, porque dejaban de lado las enormes diferencias conceptuales entre el kirchnerismo y Juntos por el Cambio. En Mendoza, si bien nunca llegó a tener un idilio político con Suárez, estaba claro que el justicialismo no podía actuar de otra manera sino con reciprocidad, puesto que el gobernador mendocino fue siempre con la Nación, más allá de algunas desinteligencias puntuales, un gobernante de diálogo al estilo Larreta.

Después del fin de semana largo, seguramente se irán viendo los resultados a través de los números de contagios, que ya vienen en ascenso en el país y la provincia desde hace varios días. Suárez probablemente tenga una idea más firme del escenario provincial después de la reunión que tiene prevista mañana con los intendentes, en Casa de Gobierno. Como ya se informó, hay bastante consenso entre los jefes departamentales para aplicar restricciones en la actividad nocturna, pero también en algunas prácticas puntuales y en las reuniones sociales. Los intendentes de Rivadavia y San Martín se adelantaron en plantear dichos requerimientos.

Un criterio unificador sería lo más razonable para que en toda la provincia se sepa cuáles son los horarios en los que la circulación se restringe y qué actividades deberán mermar. Lo más probable es que las casi seguras restricciones no afecten a la industria y el comercio en general. Se mantiene la idea del Gobernador de no ir hacia un cierre importante de actividades, pese a lo cual hasta ayer en el Gobierno nadie arriesgaba algún pronóstico. Todo se definirá mañana.

Cabe recordar que los empresarios turísticos y gastronómicos tuvieron una reunión con el ministro de Turismo de la Nación, que visitó la provincia el miércoles. De lo conversado con Matías Lammens quedó la sensación de que el gobierno nacional buscará atenuar en el turismo y la hotelería el impacto de las posibles limitaciones.

Por otra parte, el contagio del presidente Fernández obligó a suspender la importante reunión que iba a mantener ayer con el jefe de Gobierno porteño. Era un encuentro referencial para el resto del país. Quedaron así en suspenso seguras limitaciones en varias actividades motivadas por el elevado número de casos que se registran tanto en CABA como en la provincia de Buenos Aires. Pero, como ocurre en nuestra provincia con Rodolfo Suárez, se sabe que el gobernante porteño no comparte cualquier idea o iniciativa que conduzca a un cierre algo similar al del año pasado.

En cambio, sí tiene un estilo más restrictivo Axel Kicillof, además de contar en muchas zonas del Conurbano con niveles de pobreza alarmantes y focos de contagio muchas veces incontrolables. Larreta y otros dirigentes de la oposición nacional temen que el empuje bonaerense termine influyendo en Fernández para la adopción de más restricciones que las sugeridas. Y trascendió que las limitaciones que se apliquen, por más leves que sean, le servirían al kirchnerismo para buscar acelerar la vacunación en virtud de la llegada al país de muchas más dosis de vacunas en los últimos días. La pulseada política siempre está latente en el AMBA.

No olvidar el tema electoral

Otro asunto en el que el Covid-19 tiene fuerte incidencia es el referido a las elecciones de este año. Al menos es el argumento que esgrime el oficialismo a nivel nacional. La intención del Frente de Todos, principalmente de Máximo Kirchner y los funcionarios nacionales más identificados con él y con La Cámpora, es postergar un mes tanto las primarias abiertas (PASO) como las generales. Setiembre y noviembre en vez de agosto y octubre.

La reunión del martes en el Ministerio del Interior, en la que participaron los macristas Cristian Ritondo y Jorge Macri, parece haberle dado solidez a la iniciativa. Hubo sorpresa y algún enojo en Juntos por el Cambio porque sus respectivos presidentes, entre ellos Cornejo, se enteraron por los medios del cónclave. Hubo señales políticas según los nombres de los invitados. Ritondo preside el bloque del Pro, pero Mario Negri es el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio. Y Macri es intendente en el Gran Buenos Aires, uno de los territorios que el camporismo busca colonizar paulatinamente, para lo cual toda postergación le permite ganar tiempo para organizar a sus cuadros.

Muchos dan por descontado el acuerdo para la postergación electoral, pero lo correcto es que esa decisión la tome el Congreso. Y la mesa de conducción de Juntos por el Cambio (Pro, UCR y Coalición Cívica) también debería expresarse previamente para dar respaldo a sus legisladores.

Este tema no pasa inadvertido para la gestión de Suárez. Es el Gobernador el que debe decidir si mantiene el calendario que fija la legislación electoral provincial o si firma un decreto para unificar las legislativas provinciales con las nacionales. Dejó trascender que acataría la decisión que tome Juntos por el Cambio a nivel nacional.

El argumento de las aglomeraciones para que no se vote es relativo. Muchas escuelas tienen espacios abiertos mientras la gente espera su turno. Y respetando el distanciamiento todo se simplifica. Sí puede favorecer al kirchnerismo una postergación para especular con un acomodamiento de la economía de aquí a setiembre. Los recientes datos sobre la pobreza no lo ayudan políticamente, pero hay una fuerte apuesta a la recuperación económica y a una baja inflacionaria, además del estímulo que para los sectores más necesitados sigue teniendo la ayuda social.

Aun con unificación, el kirchnerismo local se referenciará totalmente en la gestión nacional, lo que le permitirá neutralizar los efectos adversos de no tener figuras muy convocantes. Cambia Mendoza, en cambio, debe mostrar la gestión de Suárez con el aliciente que significa que Cornejo y Cobos sean, muy probablemente, los que encabecen las listas para el Congreso.

Pero mientras los meses electorales llegan, Suárez tiene con la nueva ola de pandemia renovados motivos para estar atento a lo que le consumió la mayor parte del tiempo de gestión el año pasado y lo que más rédito político le dejó. No es poco.