La obstinada persistencia de información imperfecta

El economista asegura en esta nota que es necesario trabajar sobre la situación actual de la economía de la provincia. Critica el endeudamiento tomado.

En varias oportunidades, desde el oficialismo se ha planteado que la actual situación económica de Mendoza es producto de un desmanejo de las finanzas pública y la poca habilidad de los funcionarios del partido político que los antecedió en la administración de la provincia.

Independientemente de los objetivos netamente políticos de tal comentario, es necesario buscar datos estadísticos que avalen o derrumben dicha aseveración. El primer indicador que se debe examinar es el Producto Bruto Geográfico (PBG) que refleja el nivel de actividad económica en pesos constante y permite comparar años o períodos temporales. El acumulado del PBG en los segmentos de gobierno 2008-2011 y 2012-2015 registra valores positivos del 7,5% y 3,5% respectivamente; en el tramo temporal 2016-2019 el valor es negativo en un 4,8%. Seguramente explicar un menguado crecimiento del PBG es menos conflictivo que fundamentar una caída, porque un valor negativo se asocia a una desmejora generalizada de la economía provincial.

Otro dato es el volumen de exportaciones. Las mismas permiten visualizar la capacidad de comercialización a nivel internacional de las empresas mendocinas, cuya presencia y permanencia en el mercado mundial requiere de un constante apoyo en términos institucionales y económicos por parte del Estado provincial, para asegurar la sustentabilidad de las firmas, que deriva en empleo e ingresos. Los datos en este rubro indican que en el periodo 2008-2011 el acumulado de las exportaciones mendocinas en dólares FOB fueron de u$s 6.594 millones, en 2012-2015 fue de u$s 6.159 millones y en el último período 2016-2019 u$s  5.652 millones. Es necesario destacar que el mayor valor de las exportaciones provinciales se registra en 2012 con u$s  1.806 millones. A partir de dicho año las ventas internacionales han iniciado un recorrido que alterna datos positivos y negativos, pero en definitiva la tendencia es decreciente con un agravante como es el proceso devaluatorio potenciado a partir de 2016, situación que no fue condición suficiente para modificar la tendencia registrada en los últimos años.

En el caso del empleo es necesario destacar que los datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) del Ministerio de Trabajo de la Nación, exponen que el número de asalariados registrados del sector privado (trabajadores formales con recibo de sueldo) al cierre de 2011, fue un 10,6% mayor que en los inicios de 2008. En el segmento 2012-2015, también se verifica un crecimiento del 2,1%, y en la etapa 2016-2019 el número de asalariados registrados se redujo un 0,1%.

La conjugación de estas tres variables de la macroeconomía provincial posibilita buscar una relación de causa y efecto, para determinar que el impacto en las estadísticas es reflejo de la realidad económica provincial. La lectura lineal de la actividad económica mendocina medida en el PBG nos plantea que el sector con mayor participación en 2008 es el de Comercio, Restaurantes y Hoteles rozando el 23%; en 2019 el valor es casi similar (unas décimas menos). Las manufacturas industriales y el sector agropecuario aportaban en 2008 un 17,4% y 9,9% respectivamente. Dicha participación se redujo al 14,0% y 7%. Los valores expuestos dejan claro que la producción agroindustrial provincial se contrajo en términos absolutos. De ahí a una paulatina reducción de las plantillas laborales es sólo un paso, Además, la caída de ventas en el mercado interno no fue parcialmente compensada por una estrategia en la búsqueda de clientes externos, tomando en cuenta el apoyo implícito como fueron la devaluación del peso en los años bajo análisis, que reducía los costos en dólares para la adquisición de productos y servicios originados en Mendoza.

El argumento del desmanejo de las finanzas públicas también debe ser analizado como un estamento de los indicadores vigentes. El saldo de la deuda pública consolidada al cierre de 2011 era de $ 5.203,9 millones, en diciembre de 2015 fue de $ 14.509,0 millones y el 31 de diciembre de 2019 de $ 73.073.4 millones. Los saltos cuantitativos pierden relevancia ante el origen de la moneda de la deuda asumida, bajo la lógica de que para cualquier argentino, endeudarse en dólares, es mucho más peligroso que en pesos. El motivo de tal posición es la volatilidad del tipo de cambio que puede generar un escenario totalmente adverso para cualquier proyecto a corto o mediano plazo. En diciembre de 2015 la provincia debía u$s  460 millones, en 2019 la deuda en moneda extranjera era de u$s 733 millones. El principal motivo de tal incremento es un título de deuda por 500 millones en dólares emitido en mayo de 2016, que en diciembre de 2017 se incrementó en u$s  90 millones más. No sólo se puede definir como un error de estrategia financiera tomar deuda en dólares, sino que la misma está bajo jurisdicción legal de los tribunales de Nueva York (EEUU).

Se esgrime que la dimensión del endeudamiento que se instrumentó en la última etapa es producto de un fuerte desbalance financiero que incluye un abultado pasivo con proveedores y el incumplimiento del pago de salarios al personal provincial, situación que en función de los acontecimientos políticos de ese momento se pueden asociar a un fuerte accionar de la oposición, hoy actual oficialismo para obstaculizar medidas paliativas de un gobierno en la última etapa de su gestión.

En 2011, los pagos de intereses y gastos de la deuda representaban el 1,7% de los recursos corrientes de la provincia (recaudación tributaria propia más partidas presupuestarias desde la Nación). Además, la amortización de capital era equivalente del 2,7% de dichos recursos. En el año 2015 esa relación fue del 2,8% y 5,7%. En el año 2019 la tendencia cambia y se registra 7,2% y 1,5%. Es decir que Mendoza paga mucho más en concepto de intereses que de capital.

Indudablemente el Talón de Aquiles del actual estado de las finanzas públicas es el endeudamiento en dólares de corto plazo. Evidentemente la experiencia del Bono Aconcagua y su dificultosa resolución no fue suficiente para disuadir a los funcionarios provinciales de no tomar nuevamente deuda en dólares a una tasa excesivamente elevada en función del contexto en el que se gestionó.

Evaluar los diversos acontecimientos de la economía local bajo la estructura conceptual tradicional, posiblemente nos conduzca a conclusiones que sin ausencia de rigor analítico carecen de interpretación integral. Atribuirle el estado actual de las cuentas provinciales a la mala administración de la cosa pública por parte de la gestión en la etapa temporal 2008-2015, y asignándole a un incidente puntual producto de la imposibilidad de acceder a financiamiento para superar un bache de caja (último trimestre de 2015) la mayor carga de responsabilidad, es de una simplicidad que trasmuta irracionalidad económica. Es altamente probable que los resultados vigentes de la economía provincial se puedan asociar más a un cambio de modelo de gestión a partir de 2016 y no a la impericia en el manejo de las finanzas públicas. Las variables socio-económicas adquieren un comportamiento negativo, especialmente el PBG, que determina un freno a la creación de empleos privados, caída del poder de compra del salario vía la suba de tarifas de servicios básicos (electricidad, agua y gas), incremento del desempleo formal e informal, que de forma vinculada potencian un escenario de recesión económica.

Los referentes políticos y funcionarios del gobierno posiblemente postulen como respuesta que, en una economía globalizada, la interrelación entre Mendoza, Argentina y el mundo, tiene su incidencia. Cualquier evento a nivel nacional y/o internacional podría golpear con diferente intensidad y volumen a la economía provincial. No obstante, es importante recordar que una alta proporción de la actividad de producción y comercialización de bienes y servicios está muy enraizada en la demanda del mercado interno, razón por la cual la onda expansiva de cualquier acontecimiento extra-territorio podría adquirir un peso relativamente menor si las autoridades políticas instrumentaran medidas de defensa específicas y colectivas.

La provincia en los últimos años no ha logrado superar una serie de restricciones, muchas de ellas originadas en decisiones nacionales e internacionales. La actual administración provincial y la inmediata anterior, no lograron focalizar y revertir un embrionario proceso de estancamiento de la economía, sino que lo agudizaron a partir de la concepción de un modelo económico que deja en manos del sector privado el direccionamiento, velocidad y magnitud de la economía mendocina.

Un acontecimiento de las características del Covid-19 (crisis sanitaria mundial) pone de relieve que un estado semi-ausente y falto de iniciativa en temas económico, devenido en catalizador de la totalidad de los problemas en el territorio desde la irrupción del Coronavirus, está más cercano de un colapso que de la resolución de los problemas que la sociedad reclama con urgencia.

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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