La inconveniencia de construir Portezuelo del Viento

Maqueta de la megaobra de central hidroeléctrica de Portezuelo del Viento, sobre el río Grande.
Maqueta de la megaobra de central hidroeléctrica de Portezuelo del Viento, sobre el río Grande.

La mega sequía presente invita a posponer el proyecto, puesto que el Portezuelo del Viento pierde toda posibilidad de producir beneficio alguno.

Si bien la historia de la pretendida presa Portezuelo del Viento es larga, llena de versiones y matices, la situación actual es sumamente crítica pues nos encontramos en el momento de decidir sobre su ejecución. En este sentido, hay tres aspectos que determinan la inconveniencia de construir la presa: Primero, la caída en la disponibilidad de agua determinada por el cambio climático (factor ambiental), lo que a su vez lleva al segundo, que se derrumban las posibilidades de lograr una rentabilidad social positiva por los magros servicios de la presa (factor socioeconómico). Tercero, se ha dado un incremento en la conflictividad entre las provincias partícipes de la cuenca del río Colorado (Mendoza, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Buenos Aires) en el proceso de procurar la apropiación de la declinante disponibilidad de agua. (Aspecto institucional).

El principal afluente de la cuenca del Río Colorado es el río Grande, donde se localizaría el dique, que aporta más del 72% del total de la cuenca. El drama es que en los últimos 12 años se ha dado un derrame promedio de 1.899,1 hm3/año, cuando el promedio anterior (1970 a 2010) fue de 3593,8 hm3/año, casi la mitad. Y el pronóstico para 2021/22 es de apenas 1.290 hm3/año. Lo central acá es que la caída en el derrame del río no sigue la trayectoria de una suave tendencia, sino que es una abrupta caída que responde a un cambio estructural.

El comportamiento de esta sequía es regional. Esto se ve mucho más claramente si se analiza la problemática de Chile, precisamente el país desde donde vienen los vientos dominantes que nutren de lluvia y nieve nuestras cuencas. Así, han acuñado el término “mega sequía”, la mayor crisis hídrica de los últimos 50 años, que los ha afectado sistemáticamente a lo largo de los últimos 12 años. La zona Central es la más afectada, que comprende las Regiones IV a VII, desde La Serena hasta Valdivia. Tan es así, que han llegado a convencerse que la mega sequía es la nueva normalidad en la que vivirá Chile lo largo del presente siglo. Y que deben adaptarse lo antes posible a tales condiciones. Y este es nuestro destino.

Por nuestra parte, los técnicos del Ianigla vienen anunciando que todos los modelos meteorológicos anuncian la creciente sequía de la región.

Lo dicho implica que los estudios realizados para evaluar económica y socialmente el dique, hoy deben ser revisados. No se pueden utilizar los valores históricos para la toma de decisiones, ya que son exageradas sobreestimaciones de la realidad actual.

La gestión de la cuenca está a cargo del Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco), organismo muy prestigiado por múltiples razones, éxito facilitado por la relativa ausencia de déficits hídricos. Hoy día, ante las crecientes condiciones de sequía, se observa una creciente preocupación por el agua, y así aparecen los conflictos que acarrea tal situación. Los usos del agua por el conjunto de las cinco provincias son (Coirco, 2014): riego 1.715 hm3/año; población 24,3 hm3/año; minería y petróleo 13,2 hm3/año, con un total de 1.752,5 hm3/año. Existen en la cuenca 163.200 ha cultivadas y 318.100 ha factibles de ser regadas.

En el momento actual se evidencian impactos de magnitud por la sequía, tales como racionamiento del agua de riego y abandono de cultivos de inferior importancia en CORFO Rio Colorado (Buenos Aires); se ha secado el espejo de agua del dique Casa de Piedra, que ha dejado de producir energía y limita la provisión de agua a múltiples poblaciones, incluyendo Santa Rosa. Resulta claro que el agua del Rio Colorado ha alcanzado un alto valor social.

La situación institucional del proyecto es grave. Por un juicio ganado por la provincia, la Nación debe pagar a Mendoza más de US$ 1000 millones, que la Provincia ha decidido invertirlos en el proyecto Portezuelo del Viento, y de los cuales se han recibido más de US$ 200 millones, que supuestamente han sido invertidos en el proyecto. Mientras tanto, el COIRCO ha pedido parar la obra hasta que no se realicen estudios relativos a impactos ambientales, los que Mendoza aduce que están realizados, argumento que no ha sido aceptado. El ambiente institucional es de alta incertidumbre.

En síntesis, la mega sequía presente invita a posponer el proyecto, puesto que el Portezuelo del Viento pierde toda posibilidad de producir beneficio alguno. Lo que en él se invierta, más que pérdida de divisas, es pérdida de aprovechar las mismas en bienestar socio ambiental. Estratégicamente, a Mendoza le conviene acumular acciones y antecedentes para mantener el acuerdo original sobre el trasvase de agua al Rio Atuel.

No menos importante, el curso de las negociaciones en la licitación muestra una propensión de la UTE al aumento de costos, lo que augura que afectará a la asignación presupuestaria de la provincia en el futuro: drenará sistemáticamente las partidas presupuestarias originalmente destinadas a los servicios públicos esenciales, como salud, educación e infraestructura básica como vivienda.

*El autor es PhD y ex Director del INA - CELA

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