La derecha se recupera en Chile, pero resisten las dictaduras en la región

El ganador de las presidenciales del Partido Republicano, José Antonio Kast, significó el triunfo de la llamada ultraderecha en Chile.
El ganador de las presidenciales del Partido Republicano, José Antonio Kast, significó el triunfo de la llamada ultraderecha en Chile.

La izquierda puede haber perdido impulso electoral en la región, pero las dictaduras de igual signo ideológico, muestran probada resistencia al cambio.

La elección chilena, con el primer lugar obtenido en primera vuelta por José Antonio Kast, implica el triunfo de la llamada ultraderecha en Chile, que ha sufrido grandes conmociones políticas en los últimos dos años.

El candidato del Partido Republicano, José Antonio Kast, obtuvo el 27,9% de los votos y pasó a la segunda vuelta. Es un liberal extremo en materia económica y un conservador en lo social.

En el segundo lugar, con el 25,8%, se ubicó Gabriel Boric de Convergencia Social, en alianza con el Partido Comunista. Se trata de un ex dirigente estudiantil considerado un moderado en los liderazgos surgidos de la protesta callejera.

Esta segunda vuelta era un escenario impensable noventa días atrás, cuando Kast parecía un candidato imposible.

La sorpresa de los últimos días fue el empresario Franco Parisi, que se presentó por el Partido de la Gente, y obtuvo el tercer lugar con el 12,8% de los votos. Vive en Estados Unidos y no vuelve a Chile por una deuda alimentaria. Hizo campaña desde el exterior, con un discurso fuertemente antipolítica y con algunas similitudes con el de Kast.

La segunda vuelta de la elección presidencial chilena del 19 de diciembre será punto de atención regional y para quienes en el mundo occidental analizan las fuerzas de ultraderecha.

En Chile el voto es voluntario y ha votado menos del 50%, que fue cerca del porcentaje registrado en la elección anterior. La baja concurrencia es un problema que se ha ido incrementando en las primeras dos décadas del siglo XXI. Que en un momento de convulsión y polarización política vote menos de la mitad del electorado, es una señal de la desconexión de la sociedad con el sistema político.

Los votantes chilenos han tenido una reacción a favor del orden tras los dos años de convulsión política generada por las protestas violentas.

La Constituyente, presidida por una dirigente de la etnia mapuche elegida menos de un año atrás, mostró una composición política, ideológica y social, con predominio de fuerzas de izquierda, indigenismo y grupos anárquicos, muy diferente a la de la primera vuelta, en base a la cual puede anticiparse que las fuerzas de derecha y centroderecha mantendrán la mayoría en el Senado, que acaba de frenar el juicio político contra el presidente Sebastián Piñera.

Desde el punto de vista regional, si Kast ganara la segunda vuelta y llegara a la presidencia, sería interpretado como una manifestación en América Latina del fenómeno de la ultraderecha del mundo occidental.

Cabe señalar que articular una línea regional con la llamada ultraderecha peruana y la brasileña, es un tema que ha comenzado a gestarse.

El reciente éxito de Javier Milei en la elección legislativa argentina del 14 de noviembre es, en otro nivel y alcance, manifestación del mismo fenómeno.

Pero el resultado de la elección regional venezolana confirma la ineficacia de las políticas globales y regionales para promover la democracia plena en las dictaduras autoritarias de la región: Venezuela, Nicaragua y Cuba.

En los tres casos, Estados Unidos, la Unión Europea y la mayoría de los países latinoamericanos, han impulsado políticas de negociación y coacción para obligar a los líderes de estos países a democratizarse, pero no han tenido éxito. El caso de Nicaragua ha sido claro.

Pese a las sanciones que afectaron al patrimonio en el exterior de funcionarios y personas vinculadas al régimen, y de las condenas de la OEA y la Unión Europea, Ortega logró su cuarto mandato presidencial consecutivo.

Después del triunfo endureció las condiciones carcelarias de los líderes opositores que mantiene bajo arresto.

Al igual que Cuba y Venezuela, tiene una estrecha relación con Rusia en lo político-estratégico, al mismo tiempo que sigue vigente el tratado de libre comercio con los Estados Unidos firmado por la mayoría de los países de América Central.

Si bien en Cuba no hubo elecciones, con epicentro en el 15 de noviembre, se reiniciaron las protestas opositoras en La Habana.

Se trató de un movimiento anticipado frente al cual el régimen tuvo capacidad de dominarlo rápidamente.

El líder de la protesta, organizada por el grupo opositor Archipiélago, es el dramaturgo Yunior García. Ante el temor a ser encarcelado, se refugió en España. Esto contribuyó a desactivar la protesta.

En cuanto a Venezuela, Maduro se manejó con habilidad. Participó en las negociaciones de México hasta el final, pero días antes de la elección las abandonó, sin llegar a ningún acuerdo, como represalia por la extradición del empresario chavista Alex Saab, extraditado de Cabo Verde a los Estados Unidos, cuyo juicio comienza en enero.

El objetivo de Maduro es conseguir el levantamiento, o al menos la flexibilización, de las sanciones al comercio del petróleo venezolano impuesta por Estados Unidos y Europa. Es incierto que llegue a lograrlo.

La izquierda puede haber perdido impulso electoral en la región, pero las dictaduras muestran probada resistencia al cambio.

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