La crisis se autonomiza y toma una inercia propia

Juan Grabois y los movimientos sociales amenazan a la gestión de Alberto Fernández. Foto: Clarín
Juan Grabois y los movimientos sociales amenazan a la gestión de Alberto Fernández. Foto: Clarín

Una fatal moneda de dos caras. Una es la hiperinflación. La otra una conmoción social. La política le teme a ambas porque serían la confirmación de su fracaso sistémico.

Mary Anastasia O’Grady y Juan Grabois tienen muy poco en común. O’Grady es periodista, escribe una columna en el diario más influyente en la bolsa de Nueva York, The Wall Street Journal. Firmó esta semana un pronóstico sombrío. Cree que la reprogramación de deuda que le otorgó el FMI a Alberto Fernández fue sólo un obsequio de tiempo para que Argentina, “el holgazán más notorio del mundo” pague más adelante aquello que pidió prestado. O´Grady afirma que esa postergación “no salvará a los argentinos de una hiperinflación”.

Juan Grabois fue designado en 2015 por el Papa como consultor del Pontificio Consejo de Justicia y Paz. En 2021 fue promovido como miembro del dicasterio vaticano para el desarrollo humano. Un ministerio del papado que dirige el cardenal Peter Turkson. Grabois advirtió en la última marcha de organizaciones piqueteras que puede correr sangre en la Argentina si el Gobierno no cede a sus pedidos. Agregó: “Prefiero hablar ahora que lamentarme cuando empiecen los saqueos”.

Mostrando una foto de silobolsas, Grabois indicó cuál es el saqueo que le pide al Gobierno, como condición para no ejecutar el propio. Nadie puede descartar que en sus próximas entregas continúe señalando a los depósitos bancarios. Nunca reportó del todo a Cristina Kirchner. Acaso se piensa a sí mismo como un “proyecto Boric”. Algo que puede emerger después del estallido.

Hay una coincidencia entre O´Grady y Grabois: ambos creen que ocurrirá algo que la política teme. Una fatal moneda de dos caras. Una es la hiperinflación. La otra, una conmoción social. La política les teme a ambas porque serían la confirmación de su fracaso sistémico: el punto en que la crisis no sólo se acelera, sino que se autonomiza, adquiere una inercia indetenible; vacía a la política de su sentido más elemental.

¿Cuál es ese sentido? La incidencia política sobre la economía es antes que nada su capacidad de arbitraje en torno a una noción compartida del valor. La hiperinflación es la pérdida generalizada, por el desquicio de los precios relativos, de una noción unificada de valor. El peso argentino está en ese tembladeral. No tiene un parámetro estable de comparación con ninguna divisa extranjera. He aquí la “devaluación brusca” que el Gobierno prometía evitar.

En la dimensión social, en la tensión constante que en toda sociedad existe entre conflicto y consenso, la política es sobre todo la capacidad de organización y ordenamiento. La representación es un modo de constitución y control de la autoridad. El saqueo es un desafío a esa autoridad constituida. Y al mismo tiempo la confirmación de aquello que la degrada. La ausencia final y agónica de todo el “Estado presente” que el kirchnerismo prometía instaurar.

La profecía de O´Grady no está lejos de lo que también publicó Financial Times. Con un agravante: el diario más influyente en la bolsa de Londres subrayó un dato histórico. El dato zahiere la memoria del peronismo: Argentina debería estar viviendo un auge económico por los términos de intercambio favorables, provocados por la guerra en Ucrania. Como aquellos que impulsaron al primer Perón. En cambio, el país se tambalea hacia uno de sus colapsos periódicos y los argentinos corren a deshacerse de sus pesos. Peor: miope de toda miopía, en esa huida del peso el kirchnerismo cree ver un auge del mercado interno, una crisis de crecimiento.

En Wall Street y en Londres crece la presión para que el FMI endurezca su posición con el gobierno de Alberto Fernández. Es el escenario que enfrentará Silvina Batakis en su viaje de urgencia a Washington. Kristalina Georgieva está siendo apuntada por la generosidad que tuvo con Martín Guzmán al prorrogar el peso de la deuda argentina con el FMI hasta que llegue el próximo gobierno. Una fatídica maldición mística llueve sobre Batakis: al igual que el amenazante Grabois, el fantasma de Guzmán también tiene un decreto de mostacero del Papa. Desde noviembre de 2021 integra la Pontificia Academia de Ciencias Sociales.

Quién sabe si en ese mismo orden de los milagros desafortunados, un imprevisto obturó la reunión en la que Batakis cifraba sus esperanzas antes de tocar el timbre del FMI. El presidente norteamericano Joe Biden cayó enfermo y no recibirá por ahora a Alberto Fernández. La confirmación de esa audiencia fue la que disparó desde comienzos de junio la avanzada final de Cristina Kirchner contra Guzmán. Una disputa central por la agenda del diálogo, teniendo en cuenta el peso decisivo de Estados Unidos en la conducción del FMI.

Hay una consecuencia lateral de esa audiencia pospuesta. De Alberto Fernández había trascendido que estaba escribiendo (mientras se supone que gobierna) las memorias de su gestión. Ahora se sabe que las está desgranando como historia oral. Ante intendentes y con la voz quebrada evocó días atrás los momentos en que pudo autonomizarse de Cristina y no lo hizo, en honor a una lealtad que le están malpagando, y con modales perversos.

Una reunión con Biden lo hubiese devuelto por instantes al perfil de su investidura. El azar de un virus en la Casa Blanca lo dejó esperando. De regreso a una debilidad endémica que acelera versiones de todo tipo sobre alguna salida institucional viable, a más de un año de finalizar su mandato.

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