sábado 24 de octubre de 2020

Imagen ilustrativa / Archivo.
Opinión

Hay una sola

En este octubre todos recordaremos a las madres.

Imagen ilustrativa / Archivo.

Una madre es absolutamente imprescindible dentro de una familia. La madre no puede renunciar, debe seguir ejerciendo las funciones desde que asumió el cargo en la sala de parto. Se es madre para toda la vida así como se es hijo para toda la vida.

Un amigo mío suele decir: madre hay una sola y justo me tuvo que tocar a mí. La frase “madre hay una sola” nació cuando una mujer mandó a su hijo a comprar dos botellas de cerveza y el pibe volvió y le dijo: “Madre, hay una sola”.

En este octubre todos recordaremos a las madres, menos a la madre del referí, porque de ella nos acordamos todos los domingos de fútbol. Uno de los grandes problemas que ha de tener el país estos días no habrá de ser el índice de inflación o el valor del dólar. El problema más grande estará encerrado en esta pregunta: ¿qué le voy a regalar a mamá?

Porque la situación económica no admite toda la generosidad que el cariño requeriría, ni las cuotas que en otro momento supimos conseguir. Pero tampoco podemos despertarla en su día para darle un paquetito que encierre medio chicle, o una chinela del pie izquierdo, o un rulero de segunda mano. Algo vamos a tener que gastar en el homenaje o algo ingenioso vamos a tener que inventar.

Una buena nota en la escuela es lo que habitualmente ellas piden de regalo pero ¿qué diablos va a ir uno a la escuela para que le pongan una buena nota con 45 pirulos? Un pollo podría ser un buen regalo, sobre todo si está dispuesto a compartirlo. Un viaje a Las Vegas ya sería algo superlativo y no demasiado caro si tenemos en cuenta que no queda lejos Potrerillos.

Algunos hombres, tan simbólicos como tacaños, se conforman diciendo que lo importante no es el objeto material a obsequiar sino una actitud cariñosa y atenta en ese día, o sea: te voy a regalar un domingo pleno de atenciones. Este domingo no cocinás vos, cocinamos nosotros, este domingo no lavás los platos, los lavamos nosotros.

Es una buena intención a la que a lo mejor, a los efectos de sumar cariño, convendría sumarle esta poesía:

Decime cómo hacés para inventar ternura todos los días,

para mirarme a los ojos y leer toda mi sangre de este día,

para juntar tanta tibieza en una sola caricia.

La soledad te odia

sabe que con vos no puede,

el adiós se siente menospreciado frente a cualquiera de tus bienvenidas,

el miedo huye cuando se enfrenta a tu más minúscula valentía.

Volver a vos es volver al nido,

recuperar la niñez perdida,

y tener necesidad de un cuento antes de cerrar la noche.

Volver a vos es volver con toda mi vida usada hacia una vida nueva.

Decime cómo hacés para estar ahí, en el lugar y el tiempo exacto,

para decir tanto con tu silencio,

para bañarme de luz.

Decime cómo hacés madre para transformar fracaso en esperanza,

duda en certeza,

desierto en flor,

rumor en canción,

bronca en paz.

Decime como hacés madre,

para seguir haciendo funcionar,

sin presupuesto,

tu maravillosa fábrica de sonrisas.

Felicidades, mamás. Se la sigo en la próxima.