domingo 29 de noviembre de 2020

Su gloria deportiva fue resultado de su trabajo, humildad y cultura del esfuerzo. Este legado ilumina y señala un camino para sus contemporáneos.
Opinión

Godoy Cruz, ciudad por adopción del Cóndor de América

Los triunfos del “cóndor de América” hicieron del ciclismo algo muy popular. Ernesto Contreras (1937-2020) fue considerado una gran leyenda del ciclismo.

  • sábado, 31 de octubre de 2020
Su gloria deportiva fue resultado de su trabajo, humildad y cultura del esfuerzo. Este legado ilumina y señala un camino para sus contemporáneos.

Entrevisté a Ernesto Contreras en 2017 en el marco de una investigación histórica sobre una tradicional empresa. Contaba con orgullo que había trabajado en la cervecería Andes, ubicada en el carril Cervantes de Godoy Cruz. Esta industria, casi centenaria, fue creada en 1921 por la familia Bemberg, fundadora también de la Cervecería Quilmes (1890) en la provincia de Buenos Aires.

Don Ernesto expresaba con alegría que fue apodado por Marcelo Houlné -relator de LV8 Radio Libertador-, como “el Cóndor de América”, en alusión a su destacada actuación en el Cruce de los Andes en bicicleta y uniendo a dos países hermanos. Y también recordaba que mucho antes de que lo apodaran con ese nombre – por su vuelo de pájaro atravesando los Andes – había una cerveza negra que se llamaba “cóndor” cuya imagen publicitaria era precisamente esa ave habitante de la cordillera. Recordemos que muchas ciudades y países andinos poseen este símbolo en sus escudos y banderas.

Contreras también fue apodado “el hombre-pájaro” y considerado una leyenda nacional e internacional del ciclismo. Fue ocho veces campeón argentino consecutivo de pista (persecución individual) entre 1956 y 1963, tres veces campeón argentino en ruta (1959, 1970 y 1971), vencedor del Cruce de los Andes en dos ocasiones (1968 y 1973), participó en Juegos Olímpicos mundiales, reconocido con la Cruz al Mérito en Mendoza y con el Olimpia de Plata en Buenos Aires.

“Eran otros tiempos”, comentaba Ernesto cuando se le pregunta si pudo vivir del deporte. “El ciclismo me dio gloria y viajes. Siempre tuve que trabajar y pedir permiso cuando iba a competir. Gané el Cruce de los Andes y al otro día tuve que presentarme a trabajar”. No había sponsor, las empresas colaboraban en la compra del equipo (bicicleta y ropa deportiva) y en el pago de viáticos. Esto fue cuando ya era reconocido porque su primera carrera la ganó con una bicicleta prestada. El día de la victoria inicial regresó pedaleando a su casa y con el trofeo a cuestas. “Por suerte después me llevaban y me traían” comentaba con una sonrisa.

Uno de los trabajos que recuerda con cariño fue el de la Cervecería Andes durante la década del `70. Estuvo en la parte de envasado y, luego, en oficinas. Comentaba orgulloso: “Mientras estuve en la cervecería, corría con la propaganda de Andes y gané mi primer gran premio”. Y señalaba una foto que ha dado la vuelta al mundo donde está corriendo con el nombre “Andes” en su ropa deportiva.

Los triunfos del “cóndor de América” contribuyeron a hacer al ciclismo muy popular. Precisamente en la etapa que funcionó un restaurante (1967-1971) en la torre de la Cervecería ubicada en Godoy Cruz, Ernesto era un campeón y se había sacado una foto junto a esa emblemática torre. Copias de esa imagen se repartían a visitantes, empleados y turistas. Él las firmaba con orgullo, “hacían cola para firmar”, rememoraba con nostalgia de un tiempo glorioso.

Su vida se caracterizó por el trabajo y la perseverancia. Desde pequeño, su rutina infantil consistía en asistir a la escuela y, en la tarde, ayudar a su padre en la finca que administraba en Medrano (Junín, provincia de Mendoza). Esta tarea la compartía con sus otros seis hermanos. Luego fue empleado del ferrocarril y de la cervecería hasta que en 1984 instaló su negocio de venta y arreglo de bicicletas en la esquina de las calles Pellegrini y O´Higgins de Godoy Cruz. Hoy está en manos de Walter, su hijo. Sin embargo, previo a la pandemia se podía ver todas las mañanas a esta leyenda del ciclismo. Conversaba y atendía a los clientes. Los cuadros de fotos con sus triunfos adornan el local. La cervecería Andes está presente en las imágenes y en la ropa de aquellos tiempos. También hay un cuadro con la tapa de El Gráfico en su participación en los Juegos Olímpicos y otro de la finalización del Cruce de los Andes acompañado por una multitud que lo ovacionaba. En un testimonio brindado a Rodrigo Olmedo, periodista del diario Los Andes comentó: “Cuando terminé el cruce en el 79 había cien mil personas en el Autódromo Los Barrancos. Es un dato de la policía. Hay una foto que da testimonio de ello. Me subí a un móvil de una radio y saludé. Entonces los vi. Eran miles y miles los que levantaban los brazos como yo lo hacía. Lloré hasta las lágrimas”.

En 1979 este campeón dejó de correr y no retomó nunca más, tal como él lo expresaba: “Todo los años decía, el próximo verano retomo…y así se pasó la vida. Nunca más volví a correr”. Un poco antes de que dejara su pasión deportiva se fue a vivir al barrio Vandor de Godoy Cruz, en 1973, con su esposa y madre de sus tres hijos.

Fue reconocido en vida. El Senado de la Nación lo distinguió con la “Trayectoria deportiva y ejemplo de vida” y lleva su nombre el velódromo de la provincia de Mendoza. Godoy Cruz, ciudad donde vivió la mayor parte de su existencia y donde instaló su legendario negocio, designó con su nombre a la ciclovía que recorre el departamento. También fue reconocido como “Vecino Honorable” y “Deportista destacado”. Era un ciudadano comprometido y dispuesto a brindar sus conocimientos. Enseñó el oficio de bicicletero a jóvenes en los barrios, en un proyecto de derechos humanos de la Municipalidad de Godoy Cruz.

El 25 de octubre de 2020 falleció el Cóndor de América. Su gloria deportiva fue resultado de su trabajo, humildad y cultura del esfuerzo. Este legado ilumina y señala un camino para sus contemporáneos.

*La autora es Presidente Junta de Estudios Históricos. Filial Gody Cruz.