Fidel en el escándalo post-mortem de Maradona

Imagen ilustrativa / Archivo
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El hecho es que Castro aseguró que jamás permitiría el ingreso de las drogas. Pero el actual escándalo post-mortem muestra que Maradona se drogaba en Cuba.

El tema no es Maradona sino Fidel. Por cierto, es aberrante que el astro del fútbol haya tenido en Cuba una relación que incluyó drogas y sexo con una menor. También es espantoso que los amigos que lo visitaban en la isla hayan sido cómplices, al menos por omisión. Pero ni Maradona ni su séquito eran próceres morales de nadie. A esa altura de su deriva, “el 10″ acumulaba síntomas de desquicio. La cocaína lo arrastraba a la quiebra moral y psicológica. Es posible que por entonces ya no estuviera en condiciones de calibrar lo grave que es aprovechar la pobreza de una familia cubana para llevar una adolescente a su cama.

Tampoco merece perplejidad que su entorno haya convivido con semejante situación sin reaccionar de manera adecuada. Ninguno se dio cuenta que un vínculo sexual con una menor de edad constituye una aberración que incursiona en el terreno del delito. Pero la mayor sorpresa no está en la conducta de ese grupo decadente. Por grave que sea el comportamiento y amén del repudio que merece, la sorpresa no está en lo que hacían Maradona y su séquito, sino en lo que permitía Fidel Castro.

Parece imposible que tuviera acceso al consumo de cocaína estando en Cuba, precisamente, para recibir tratamiento por su adicción a las drogas. Los médicos que lo trataban debieron percibir que seguía consumiendo. El consumo da señales visibles para los especialistas. Y si ese equipo de expertos sabía que Maradona continuaba drogándose, lo reportaba a las autoridades y, por ende, el máximo líder lo sabía.

Para Castro tener a Maradona en Cuba era de valor estratégico. “El 10″ servía a la propaganda castrista, por lo tanto si algo malo le ocurría, por ejemplo si se descomponía por una sobredosis, impactaba de manera negativa en la imagen del régimen.

Los espías del G-2 habrán tenido al astro argentino bajo la lupa. El aparato de inteligencia cubano es el más eficaz de Latinoamérica y nada de lo que hizo Maradona en Cuba pudo pasar desapercibido para su red de espionaje. Aunque no hacían falta que los médicos y el G-2 le reportaran al líder cubano que el argentino más famoso del mundo convivía con una adolescente. El propio comandante lo comprobó en persona porque Maradona se la presentó cuando fue a pedirle que le firme un permiso que permitiera a la joven viajar con él fuera de la isla. Una foto en la que aparece junto al futbolista y su novia es la prueba visible y contundente de que Fidel Castro sabía de la relación de Diego Maradona con la menor.

Al célebre futbolista la droga le había alterado el rumbo hacía tiempo, pero Fidel Castro estaba plenamente en sus cabales. Todo en la isla se encontraba bajo su control y mientras vivió fue considerado la encarnación de la moral revolucionaria.

Cuando llegó al poder venciendo al corrupto régimen de Fulgencio Batista, prometió que Cuba dejaría de ser “el prostíbulo de América”. No obstante, siempre estuvo a la vista de los turistas extranjeros que la prostitución siguió existiendo en gran escala. Las “jineteras” se concentran donde hay dólares.

La revolución no logró que Cuba se distinguiera del resto de países caribeños y centroamericanos reduciendo significativamente por lo menos la prostitución infantil. La mayor de las Antillas es uno de los puntos del planeta más buscados por el “turismo sexual”. Aún así, que Fidel Castro haya incluido una menor como pertenencia de un multimillonario famoso que servía a la propaganda del régimen, debería generar estupefacción. Y también debería impactar sobre la imagen del prócer revolucionario en el mundo.

En la década de 1980, para desvincular al régimen de la relación descubierta con el cartel de Medellín, se hizo recaer toda la culpa sobre Arnaldo Ochoa. El general considerado “héroe nacional” por sus proezas combatiendo en la Columna 2 que comandaba Camilo Cienfuegos, en Angola y también en la guerra de Ogadén, donde Cuba colaboró con Etiopía contra Somalia, fue fusilado en 1989 junto a otros funcionarios del Ministerio del Interior por asociación con la mayor mafia del narcotráfico. Cuando estalló aquel escándalo, Fidel cargó a Ochoa con la responsabilidad, aunque es difícil creer que semejante sociedad podía existir a sus espaldas.

El hecho es que Castro aseguró que jamás permitiría el ingreso de las drogas. Pero el actual escándalo post-mortem muestra que Maradona se drogaba en Cuba.

Estando protegido por el G-2, al astro le llevaban cocaína que ingresaba a la isla a pesar del blindaje con que el régimen controla todo lo que entra y sale. Algo así no podía ocurrir sin la venia del comandante. Por eso la cocaína y la adolescente que Maradona consumía en Cuba impactan en la imagen del líder revolucionario.

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