Fidel Antonio y Arturo Andrés Roig: doscientos años, centenario de gemelos

De izquierda a derecha, Fidel Antonio y Arturo Andrés Roig.
De izquierda a derecha, Fidel Antonio y Arturo Andrés Roig.

Arturo vivió el exilio externo, Fidel el interno, pero siempre estuvieron en contacto y se respaldaron el uno al otro. Su obra y su actitud ética han dejado un ejemplo para no olvidar.

El pasado 16 de julio se cumplieron los 100 años del nacimiento de dos hermanos vinculados a la cultura mendocina y universal, Fidel Antonio y Arturo Andrés Roig, los dos primeros hijos del matrimonio de Fidel Roig Matons y de María Elisabet Simon.

Nacieron en una vieja casona familiar en la calle José Federico Moreno, en la Cuarta Sección de la ciudad.

Ellos no fueron solo gemelos de gestación, sino de vida.

Sus aportes, fruto de una dedicación íntegra al desarrollo cultural y científico, se iniciaron en su Mendoza natal y trascendieron ampliamente las fronteras de la provincia y del país.

No solo su enorme parecido físico, su letra idéntica, su carácter afable, su sentido del humor, su sencillez ajena a toda pedantería los hacía parecidos.

Ellos recorrieron caminos gemelos: ambos fueron maestros, egresados de la Escuela Normal en 1940; de jóvenes compartieron un pequeño emprendimiento editorial; egresaron de la Universidad Nacional de Cuyo, Fidel como ingeniero agrónomo, Arturo como profesor de filosofía.

Fidel se orientó a la botánica, Arturo a la filosofía y la historia de las ideas, pero Fidel tenía también una gran sensibilidad humanística y Arturo amaba las plantas y muchos años cultivó su huerta.

Fuera de otros cargos directivos, ambos estuvieron comprometidos con el cambio universitario de los años 1973-1974, Arturo fue secretario académico de la Universidad y Fidel decano de la Facultad de Ciencias Agrarias, además de desempeñarse como profesores universitarios durante décadas.

Arturo vivió el exilio externo, Fidel el interno, pero siempre estuvieron en contacto y se respaldaron el uno al otro.

Ya de regreso Arturo a Mendoza, en 1985, se desempeñaron como investigadores principales del Conicet, donde cumplieron también funciones directivas: Fidel, como director del Iadiza, Arturo como director del Conicet Regional de Mendoza, y creador y director del Incihusa.

Es imposible en pocas palabras abordar el aporte de la abundante producción científica de ambos y los reconocimientos que por ello obtuvieron.

Su obra y su actitud ética y comprometida han dejado sin duda un ejemplo para no olvidar.

Dos imprescindibles.

La foto que acompaña, de mi autoría, es la última de ellos.

Fue tomada en el Espacio Contemporáneo de Arte (ECA), en 2008.

En noviembre de ese mismo año fallecía Fidel, años después, en abril de 2012, Arturo.

Ambos, en su tierra natal.

*La autora es Licenciada en Filosofía. Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

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