martes 2 de marzo de 2021

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El setentismo es hoy la ideología del kirchnerismo.
Opinión

El setentismo del siglo XXI

El setentismo del siglo XXI es la obra maestra del marketing político, creada por Néstor y profundizada hasta las últimas consecuencias por Cristina.

El setentismo es hoy la ideología del kirchnerismo.
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El setentismo, vale decir el modo en que se expresó el peronismo de izquierda en su enfrentamiento con Perón cuando este volvió al poder, es hoy la ideología del kirchnerismo. Cristina le hace una crítica setentista al gobierno de Alberto, quien busca cómo acercarse a una solución mas cercana al peronismo clásico o renovador.

El setentismo fue revolucionario en los 70 porque el mundo parecía marchar al socialismo, pero ahora que el mundo marcha hacia cualquier parte menos al socialismo, el setentismo es reaccionario porque quiere volver a un mundo que ya no está o analiza el mundo actual con categorías caducas. Pero sobre todo es conservador porque cree que cualquier avance es neoliberal y por eso prefiere dejar todas las cosas como están.

John William Cooke fue el primer delegado de Perón en el exilio. También fue uno de los pocos peronistas marxistas. Decía que el peronismo era la cara argentina de la revolución socialista mundial aunque no se hubiera dado cuenta ni siquiera Perón, porque este tenía una parte burguesa. Entonces de lo que se trataba era de rescatar del primer peronismo como revolucionario lo que parecía autoritario desde la lógica de la democracia liberal. La comunidad organizada debería transformarse en la dictadura del proletariado. La prensa en tanto aparato ideológico de la oligarquía debía ser censurada. El culto a la personalidad es la relación directa entre masa y líder para obviar a las instituciones burguesas que frenan el cambio. El movimiento es la patria toda y quien no está dentro de él está fuera de la patria aunque sea argentino de nombre. Y al enemigo ni justicia porque eso es parte de la violencia revolucionaria, la única que va a parir una nueva sociedad.

Los Montoneros, que adoptaron la fusión propuesta por Cooke entre peronismo y marxismo, fueron el principal enemigo de Perón desde que este llegó a la Argentina hasta su muerte. Pero fue una batalla inconclusa, precisamente por su muerte.

La genialidad de Néstor Kirchner fue que rastreó en los trastos viejos del peronismo y encontró intacto el setentismo para usarlo a gusto y piacere ya que la clase política de los inicios democráticos había tratado más que de interpretarlo, olvidarlo. Era incómodo para el peronismo, y los no peronistas quería otro peronismo. Hubo un pacto tácito de olvido. Néstor, en cambio, resucitó todo ese momento histórico, tomando claro partido por uno de los sectores en pugna. Encontró en vez de los dos demonios, a su dios y a su demonio.

A los asesinados por los militares a los que estos llamaban subversivos, en democracia los llamaron víctimas. Pero con Néstor comenzaron a dejar de ser víctimas para devenir mártires, jóvenes idealistas quizá confundidos con la idea de violencia pero con sueños que había que rescatar. Luego, con Cristina devinieron héroes porque además de sus ideales se rescataron sus ideas: había que volver a ellas como la solución para el presente. Y ahora algunos setentistas hasta reivindican la violencia en el sentido de que quizá hoy no sea el momento táctico para aplicarla pero lo fue en los 70 y puede serlo en el futuro. Hasta se festeja el día del Montonero. Hoy los que reivindican al setentismo, reivindican su espíritu y su accionar.

Los setentistas creían en serio en la revolución. Kirchner los usó como coartada para santacruzificar el país diciéndose el heredero de ellos. Su señora se creyó que ella era la revolución. Y los setentistas del siglo XXI la adoptaron como lideresa suprema.

Los viejos se volvieron jóvenes por segunda vez, casi un milagro, y los jóvenes recuperaron ideales que la democracia liberal no suele proveer.

Del setentismo los cristinistas han sacado también la idea que es el basamento central de su accionar actual: que cuando la policía impide (sin armas) que los que tiran piedras y morteros invadan el Congreso, el gobierno macrista actúa igual a la dictadura porque el revolucionario dentro de una democracia burguesa y/o con los burgueses debe ser un moralista total. Si Patricia Bullrich se queda con dos pasajes de avión de una diputada, se la debe condenar como no se condenó nada de la corrupción kirchnerista. Maldonado es un crimen de Estado aunque no se pueda probar nada, mientras que los asesinados por Maduro son apenas daños colaterales inevitables de la revolución.

Es que en un gobierno de tono revolucionario (como se piensan a sí mismos los kirchneristas) la corrupción y el autoritarismo son parte insoslayable del camino revolucionario. En cambio, en un gobierno de tono neoliberal, como el de Macri, la menor falta a la prolijidad republicana es condenada como si fuera un genocidio. Así, no hay culpas en un gobierno que tiende a la revolución y son todas culpas en un gobierno que no tiende a ella. Ese es la lógica central del cuarto gobierno kirchnerista. El setentismo del siglo XX utilizado como coartada ideológica para justificar la corrupción y el autoritarismo del setentismo del siglo XXI.

Por lo demás, sigue el culto a la personalidad, la lucha contra la prensa y la justicia, todo lo anterior, pero el setentismo ahora ha devenido la gran excusa para condenar en los demás todo lo que se celebra en uno.

El setentismo del siglo XXI opera el milagro para sus cultores de llevarlos al mejor de los mundos: estamos viviendo la revolución sin hacerla, estamos soñando con cambiar todo sin necesidad de cambiar nada, vivimos como burgueses y pensamos como revolucionarios. Cristina ha recuperado la Arcadia perdida. Mucho más talentosa que Chávez quien transformó al socialismo del siglo XXI en un infierno, Cristina transformó, aunque sea solo para los suyos, al setentismo del siglo XXI en un paraíso.

Pero el setentismo del siglo XXI tiene una falla insuperable: no funciona ni para atrás ni para adelante, ni para reformar la sociedad burguesa ni para convertirla en revolucionaria. Este setentismo, al querer reconstruir una revolución que fracasó y que ya no existe, no cambia nada, sino que mantiene lo que está, mientras todo se deteriora por el paso del tiempo.

Los sesentistas del siglo XX hacían el amor.

Los setentistas del siglo XX hacían la guerra.

Los setentistas del siglo XXI lo único que quieren es ser oficialistas pero con el discurso de una oposición antisistema donde el pellejo no corra el menor peligro porque la democracia liberal, a la cual deploran, les garantiza absoluta libertad de expresión.

Hoy la revolución es una profesión rentada sin riesgo alguno que concreta los sueños de los que adhieren a esa supuesta revolución, pero sin concretar ninguno de los sueños de ese pueblo al que se supone están dirigidas sus políticas.

El setentismo del siglo XXI es la obra maestra del marketing político creada por Nestor y profundizada hasta las últimas consecuencias por Cristina. Y es la expresión más cabal del peronismo del siglo XXI por derecho propio. Los otros peronismos y los otros peronistas apenas tuvieron una resistencia inicial a él, débil y fallida, hasta que terminaron siendo todos cooptados por el mismo, piensen o no piensen igual.

Este setentismo, que en esta cuarta etapa no se está alivianando sino que se sigue profundizando aunque no directamente desde la presidencia, sino desde el control ideológico de la misma, apenas entra con fórceps en el envase institucional de la democracia republicana creada en 1983, pero entra. El problema es que si logra imponer su reforma judicial integral, su reforma constitucional con reelección indefinida y el control estatal de la prensa, allí ya se saldrá fuera de los límites del sistema y la cosa estará más complicada. Porque cualquier sistema político con algo de libertad puede y debe tolerar partidos diferentes, incluso contradictorios entre sí; también a las ideologías más opuestas, pero lo que resulta intolerable es que haya más de una legitimidad, o sea que las reglas del juego sean distintas para unos y para otros de los jugadores. Eso es incompatible hasta para la mejor de las democracias pero es claramente el intento setentista del siglo XXI.


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