El PJ, por un digno segundo lugar

Anabel Fernández Sagasti y Martin Aveiro. Fotos: Ignacio Blanco / Los Andes
Anabel Fernández Sagasti y Martin Aveiro. Fotos: Ignacio Blanco / Los Andes

El peronismo mendocino busca asegurarse el lugar en que lo colocó la ciudadanía y no seguir cediendo terreno. Se ilusionan con un29 a 30%. Son porcentajes bajos pero que evitan hablar de catástrofe o algo parecido.

Después del resultado que arrojaron las PASO, en el peronismo mendocino no están pensando en ganar en noviembre. Por lo menos, disminuyeron más las expectativas, que ya eran escasas antes de las primarias, según reconocen por lo bajo algunos referentes. Lo que no significa que no busquen hacer una mejor elección que en las primarias.

En mayor o menor medida, todos prevén una nueva caída dentro de poco menos de un mes, cuando se vote en las legislativas generales. De todos modos, si bien algunas encuestas generaron en los últimos días alarma en parte de la dirigencia, los números que manejan en la mesa de conducción reflejan porcentajes por lo menos cercanos a los de las PASO. Y creen que unos puntitos más también podrían sumar siempre que las llamadas terceras fuerzas no repunten, como algunos presumen que ocurrirá. Se ilusionan (o conforman) con un 29 a 30%. Son porcentajes bajos, realmente, pero que evitan por el momento hablar de catástrofe o algo parecido.

Hay que tener en cuenta que, más allá de una derrota, en el juego de renovación de bancas en el Congreso y en la Legislatura el peronismo mantendría una buena representación.

En la elección anterior sí buscaban un resultado que dejara al PJ mendocino cerca del oficialismo de Suárez y Cornejo, expectativa que se frustró esa misma noche en cuanto salieron a la luz los números oficiales. Es por ello que ahora pretenden ser claramente la oposición más votada.

Apuestan a que el denominado voto útil opositor sea otra vez seducido por la propuesta peronista. Eso se traduce en acumular la mayor parte de los votos de los que no estén de acuerdo con la gestión de Suárez, el gran elector en esta provincia, sin ninguna duda. “Por eso queremos que se visualicen los problemas ocultos que tiene el gobierno provincial”, remarcan.

En la segunda etapa de la campaña buscarán ofrecer propuestas para Mendoza y la tercera etapa se encuentra todavía en proceso de definición.

En el peronismo sostienen que existió un terreno fértil para que apareciera una tercera fuerza que, contrariamente a lo esperado, no surgió en las primarias. Y ven que es difícil que también aparezca en las generales de noviembre. Es la mirada (y la ilusión) que tienen en el PJ, porque la mayoría de las encuestas coinciden en otorgarle mayores porcentajes a dos o tres de los sectores minoritarios que pasaron el filtro de las primarias. Por eso el peronismo apunta a sostener los votos que sacó y no ve con desagrado que Cambia Mendoza aumente los suyos sin hacer mucho esfuerzo. ¿Pueden los dos llevarse los objetivos que tienen? La estrategia de mayor polarización es clarísima.

Puertas adentro

Consideran quienes están en el día a día de la campaña que el peronismo es “como un largo tren de carga” al que generalmente cuesta ponerlo en movimiento. Se está cumpliendo en estos días la primera etapa posterior a las PASO que ideó la conducción partidaria, que consistía, precisamente, en poner en marcha la maquinaria compuesta por dirigentes y militantes.

Hubo enojos y heridas que dejaron las internas en los departamentos, especialmente por las disputas por candidaturas a concejales. Eso justificó, en gran medida, el cambio dispuesto en la jefatura de campaña: Martín Aveiro en lugar de Lucas Ilardo.

Muchos ya destacan el trabajo que inició luego de la derrota de setiembre el intendente de Tunuyán. Hasta dirigentes cercanos a Anabel Fernández Sagasti consideran que ésta, en su carácter de presidenta del PJ provincial, fue muy hábil al elegir a Aveiro para que reabriera la puerta a dirigentes que probablemente no se hayan sentido cómodos o interpretados bajo el mando de Ilardo en la campaña anterior. “Ahora se juntaron todos, los que perdieron y los que no participaron antes por estar enojados”, reconoció una voz autorizada K.

Hay algo que es evidente y que también pasa en el PJ a nivel nacional: peronistas tradicionales y camporistas se necesitan mutuamente. Tal vez más éstos a aquellos, pero se necesitan al fin.

Otro aspecto a tener en cuenta es la estrategia de los intendentes del justicialismo mendocino. Emir Félix y Matías Stevanato, por citar a los de mayor proyección provincial hasta el momento, sintieron el golpe de la derrota en sus respectivos departamentos, San Rafael y Maipú. Por lo tanto, departamentalizar la campaña hacia noviembre casi seguramente será premisa en ambos casos.

El actual “cacique” maipucino gana aliento interno para una eventual postulación provincial dentro de dos años. Hay quienes aseguran que, pese a que su proyecto inicial sería la reelección en su departamento, no dejaría de tener en cuenta consejos de algunos que le dicen que tiene ya mayor imagen a nivel provincial que su colega del sur provincial, por ejemplo. No obstante, hay sondeos que estarían previendo una recuperación de Félix de cara a la convocatoria electoral de noviembre.

Hablar de hacer “negocio” con una derrota electoral parece inapropiado, políticamente cuestionable. Pero en este caso no se trata de ninguna ilegalidad. El peronismo mendocino busca asegurarse el lugar en el que lo colocó la ciudadanía y no seguir cediendo terreno. Es, por qué no, la admisión de que las PASO le sirvieron más para sembrar rencillas departamentales innecesarias y perder el objetivo que debe tener toda oposición ambiciosa, que es ser ante la ciudadanía una opción clara de ejercicio del poder.

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