El lado B de Rivadavia

El lado B de Rivadavia.
El lado B de Rivadavia.

Aunque probablemente Rivadavia hubiera estado de acuerdo con esta acción, achacársela no es correcto: el pedido del préstamo fue aprobado por el Legislativo cuando él se encontraba en Inglaterra.

Al llegar a la presidencia, Bernardino Rivadavia tenía en sus manos un país en guerra con Brasil y dividido internamente.

Sin recursos suficientes, promulgó la polémica Ley de Enfiteusis.

Debido al famoso préstamo solicitado a Inglaterra las tierras nacionales habían sido hipotecadas por ley en noviembre de 1825 y no podían venderse.

Aunque probablemente Rivadavia hubiese estado de acuerdo con esta acción, achacársela no es correcto: el pedido del préstamo fue aprobado por el Legislativo cuando él se encontraba en Inglaterra.

La Enfiteusis, era una forma de contrato —muy utilizado en la Antigua Roma y de popularidad medieval— que consistía en alquilar terrenos a perpetuidad o por un número determinado de años.

Lamentablemente la ley tuvo varias falencias. Establecía, por ejemplo, que los vecinos debían tasar el valor de los lotes cuando alguno de ellos deseara ocuparlos.

Así, ya sea por presión, corrupción o amistad, las tasaciones eran bajísimas e irrisorias y el Estado resultó constantemente defraudado.

Rivadavia dejó fuera del sistema a los bosques. Según Galván Moreno, uno de sus biógrafos, Bernardino fue consciente de la importancia de estos “como elemento regulador de las precipitaciones pluviométricas, del clima y hasta del estado sanitario de las regiones que tienen la ventura de poseerlos”.

Sobre esta ley, y la serie de decretos con los que Rivadavia la complementó, denuncia el citado autor una mala interpretación por parte de sus analistas.

En esa época la tierra no valía casi nada. Entregarla durante algunos años servía para aumentar su precio, ya que era trabajada por particulares.

Además, pretendían el acceso de todos a ellas, pero —como señalamos— a través del fraude terminaron proliferando latifundios.

Entre los más beneficiados encontramos a Manuel Dorrego, que obtuvo nueve leguas.

Rivadavia tomó cartas en el asunto y decretó restricciones para la concesión de terrenos.

En la introducción de una de estas disposiciones leemos: “La ninguna limitación con que hasta ahora se han concedido en enfiteusis las tierras de propiedad pública en toda la extensión que se han solicitado, ha dado lugar a un abuso cuyas consecuencias empiezan a sentirse (…). La acumulación de tan vastas campañas en pocas manos va a retardar forzosamente su población y cultivo. No es justo, por otra parte que unos pocos se aprovechen exclusivamente de un beneficio que la ley proporciona para favorecer la industria de todos. (…) es de la obligación del Gobierno proceder con el reparto de las tierras con alguna más economía, y no permitir que los campos de propiedad pública vengan a ser patrimonio de unos pocos”

Lamentablemente esta modificación no llegó a aplicarse porque el gobierno de Bernardino terminó poco después.

Desde entonces, las tierras siguieron concentrándose en pocas manos y la figura de Rivadavia fue destrozada a “gusto y piaccere”.

*La autora es historiadora.

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