El incierto futuro del peronismo mendocino

El Partido Justicialista de Mendoza se encamina a formalizar su nueva conducción.
El Partido Justicialista de Mendoza se encamina a formalizar su nueva conducción.

Toda renovación debe ser bienvenida en la política partidaria, pero también debe estar nutrida de procedimientos que se basen en los preceptos republicanos que la democracia debe respetar para no caer en autoritarismos u otras distorsiones.

El Partido Justicialista de Mendoza se encamina a formalizar su nueva conducción, luego de un proceso en el que los referentes de los tradicionales sectores internos se expresaron a favor de una lista de unidad.

Hubo, no obstante, algunas posturas disidentes con esa intención unificadora que no llegaron a concretarse y a último momento quedaron sin la posibilidad de oficializar una lista que compitiera por la presidencia partidaria.

Como resultado de las negociaciones por la pregonada unidad, el PJ local avaló que la conducción quede a cargo de la dirigencia claramente identificada con el kirchnerismo nacional, cuya conductora es la Vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.

No deja de sorprender este fuerte giro del peronismo local, que durante muchos años apuntaló su estructura en la territorialidad de sus intendentes, mucho más identificados con los mecanismos de organización tradicionales del PJ.

Toda renovación debe ser bienvenida en la política partidaria, pero también debe estar nutrida de procedimientos que se basen en los preceptos republicanos que la democracia debe respetar para no caer en autoritarismos u otras distorsiones.

Durante el largo período de gobiernos kirchneristas nacionales que finalizó en diciembre de 2015 hubo una clara intención de copar la información y un sistemático ataque a los medios independientes.

Las estadísticas fueron manipuladas y ocultaron índices reales de la economía y la pobreza.

Tampoco estuvo ajeno el kirchnerismo el uso del Estado en beneficio de sus líderes y adherentes, lo que dio paso a una lamentable trama de corrupción en la función pública que llevó a la cárcel a ex funcionarios y empresarios y aún ventila en la Justicia causas que comprometen a la actual Vicepresidenta.

También se ejerció una indisimulable ocupación de puestos bien remunerados en el Estado, un incesante aumento del empleo público en general muy poco justificado y para nada volcado a la búsqueda de mejores servicios o prestaciones para la sociedad.

Además, el mayor porcentaje de incorporaciones definitivas correspondieron a militantes o simpatizantes del llamado camporismo, una de las bases de sustentación de la estructura que el peronismo kirchnerista utiliza para consolidarse en las distintas áreas.

En cambio, en nuestra provincia, tradicionalmente, el peronismo local supo adaptarse al estilo de vida y costumbres de los mendocinos y de esa virtud partidaria surgieron históricamente, y desde el retorno de la democracia a nuestros días, dirigentes que hicieron culto del disenso democrático y dirimieron sus diferencias y posicionamientos a nivel nacional mediante elecciones internas ejemplares y muy convocantes.

Por ello llama la atención que en aras de una renovación y modernización de las representaciones populares el peronismo local confluya en una solución simplista ungiendo como responsable de la conducción a un sector poco arraigado en estas tierras y que en el orden nacional mantiene variadas cuentas pendientes con la sociedad.

Es de esperar que el próximo proceso electoral para la renovación legislativa motive a los aletargados dirigentes del peronismo mendocino a una disputa interna democrática y trascendente, conforme con la rica historia de un movimiento con 75 años de vida.

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