El brillo de Messi en la tiniebla medieval

La particularidad de Dubai y Qatar es que deslumbran con pantallas de modernidad que ocultan realidades medievales.
La particularidad de Dubai y Qatar es que deslumbran con pantallas de modernidad que ocultan realidades medievales.

La particularidad de Dubai y Qatar es que deslumbran con pantallas de modernidad que ocultan realidades medievales.

Occidente suele deslumbrarse fácilmente, por razones ideológicas o bien por frivolidad.

Dictadores brutales podían cometer exterminios pero deslumbraban a la izquierda si, como Mao Tse-tung, enarbolaban banderas rojas, y a las derechas si eran exitosos en el desarrollo capitalista, como el dictador surcoreano Chun Doo-hwan.

Por frivolidad, buena parte de Occidente confunde opulencia con modernidad al pasear deslumbrada por la Disneylandia del turismo internacional creada por un tirano cruel denunciado por sus hijas y esposas, o al aplaudir a la monarquía absolutista que levantó como un trofeo al rey del fútbol que llevó de España a París, como la casa borbónica había llevado a Enrique IV en el siglo XVI.

Lucir un gran equipo francés y una estrella mundial de fútbol, alcanza para que no importe que en la sociedad del “estado súper-empresa deportiva”, la sharía (ley religiosa) gravite sobre la jurisprudencia haciendo, por ejemplo, que la mujer tenga la mitad de los derechos que el hombre. Y el mundial de fútbol que organiza seguramente será tan deslumbrante como para confundir grandes estadios con modernidad, en un país con un sistema de poder que en Occidente cayó entre los siglos XVII y XVIII con la “revolución gloriosa” y con la revolución francesa.

La particularidad de Dubai y Qatar es que deslumbran con pantallas de modernidad que ocultan realidades medievales.

En Qatar impera una monarquía absolutista que, como en los demás estados de la península arábiga, hace que el país sea, en los hechos, una propiedad de la familia real.

Que se sepa, el emir qatarí no tiene en su vida privada episodios truculentos como su colega de Dubai. Lo que tienen en común es que ambos tuvieron ideas originales para reemplazar los ingresos que dentro de poco tiempo dejará de dar el petróleo.

El oscuro Mohamed bin Rashid al Maktum ha sido denunciado por la princesa Latifa, su propia hija, de tenerla aprisionada. Una de sus esposas, Haya Bin Hussein, huyó del país y, en Gran Bretaña, le ganó un juicio al poderoso monarca. Muchos lo acusan de maltratar y torturar a las mujeres de su familia, pero sólo la princesa Haya pudo vencerlo en un estrado judicial, porque es hija del fallecido rey Hussein de Jordania y hermana del actual monarca hachemita, Abdulla II.

A pesar de las denuncias que pesan sobre el primer ministro de Emiratos Árabes Unidos, en Occidente se habla más de Dubai, emirato sobre el que impera como monarca absoluto. Ocurre que el emir Al Maktum tuvo una novedosa idea para resolver dos problemas: el cercano agotamiento de sus yacimientos y su imagen internacional.

De lo que habla el mundo es de la ciudad de los rascacielos infinitos, los hoteles siete estrellas y las islas con forma de palmera construidas en las aguas del Golfo Pérsico. Dubai es la pantalla de modernidad que oculta a la oscura imagen del emir y brutalidades como la explotación de trabajadores extranjeros y leyes como la que aplica pena de muerte a los homosexuales.

A la pantalla qatarí la inició el padre del actual emir. Hamad bin Jalifa al Thani impulsó la cadena Al Jazeera, además de proyectar al mundo la marca Qatar colocando esa palabra en la camiseta del Barza.

La misma política acaba de convertir a Lionel Messi en estrella del París Saint Germain, club que compró años atrás la empresa que está convirtiendo a Qatar en una marca rutilante en el deporte mundial.

El pequeño país peninsular empezó a avanzar hacia las luminarias del deporte cuando Tamim bin Hammad al Thani, por entonces príncipe heredero, creó con su amigo Nasser al Khelaïfi la empresa que poco después compró al PSG: Qatar Sport Investments. Una compañía que si bien tiene accionistas privados, pertenece también a la familia real. En rigor, todo, de un modo u otro, pertenece a la familia real.

Imponiendo la marca Qatar y haciendo negocios exitosos, además de una visibilidad internacional que lo empodera en la región, logró más ingresos que los que dejaba la recolección de perlas. Eso le ayudó a resistir el bloqueo impuesto por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, además de Egipto, para obligarlo a romper relaciones con Irán.

Su abuelo, Jalifa al Thani, había logrado en 1971 el fin del protectorado británico. Hamad derrocó a su padre con un golpe palaciego en 1995, iniciando el proceso que, tras abdicar en el 2013, prosiguió su hijo Tamim.

A rutilantes torneos internacionales en diversas disciplinas, incluida la realización del próximo campeonato mundial de fútbol, se suma Messi, última gran adquisición de un reino absolutista con rasgos medievales y oscurantistas pero que, como la Dubai del cruel Muhamed Bin Rashid al Maktum, ha logrado que su nombre brille con imagen de modernidad ante un mundo fácil de encandilar.

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