El bicentenario del voto universal

Rivadavia entendió que el proceso revolucionario iniciado en 1810 no debía ser un mero cambio de gobernantes sino un proceso de transformación social.
Rivadavia entendió que el proceso revolucionario iniciado en 1810 no debía ser un mero cambio de gobernantes sino un proceso de transformación social.

Rivadavia entendió que el proceso revolucionario iniciado en 1810 no debía ser un mero cambio de gobernantes sino un proceso de transformación social.

El 9 de agosto de 1821 la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires aprobó un proyecto de ley promovido por el ministro de Gobierno don Bernardino Rivadavia. Se trataba de la ley electoral que reconoció el derecho al voto a todo varón nacido en la provincia o con residencia acreditada mayor a tres años. No emplea la palabra universal, pero, el concepto está con certeza al no establecer ninguna calificación relacionada con la educación o el nivel de los ingresos.

El voto universal rigió durante un período muy breve del proceso revolucionario francés. Con esta ley promulgada dos días después con la firma del gobernador Martín Rodríguez y el ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores don Bernardino Rivadavia, la provincia de Buenos Aires salió de los sucesos anárquicos provocados por el colapso del gobierno central el año anterior, afirmando los principios republicanos y representativos que adoptó la burguesía porteña promotora de la revolución de mayo. Libertad e Igualdad, son los pilares que los padres fundadores nos legaron.

Otro aspecto a considerar en esta ley electoral es la incorporación de la población de la campaña bonaerense a la vida política de la provincia. No sólo por el voto sino, también, por dividir en dos distritos el territorio provincial y darle representación. La Sala de Representantes a partir de esta reforma tendrá 12 diputados elegidos por la ciudad de Buenos Aires y 11 electos por la campaña.

Esta fue una de las reformas impulsadas por Rivadavia, como el presupuesto anual, el mensaje anual del gobernador, la rendición de cuentas, la supresión del cabildo, los informes ministeriales a la Legislatura.

Estos cambios en el sistema institucional fueron paulatinamente extendiéndose en otras provincias, aunque en algunas fueron una ficción o duraron poco tiempo.

En Buenos Aires hubo elecciones competitivas, salvo en el gobierno de Rosas. Don Juan Manuel mantuvo todos los mecanismos y ritos institucionales introducidos por Rivadavia y fomentó la concurrencia a los comicios con instrucciones muy precisas a los comandantes de la campaña, pero, con una lista única.

La competencia electoral tomará nuevamente impulso después de la caída de Rosas como resultado de su derrota en Caseros. Serán característica de Buenos Aires las luchas comiciales y la difusión de las ideas por la prensa y uno de sus sostenedores más constante será Bartolomé Mitre.

Carlos López el dictador paraguayo, padre de Francisco Solano López, se escandalizaba por esta vida política intensa de Buenos Aires, con una prensa libre, disputas por los cargos legislativos en comicios reñidos. En Paraguay solo había un diario, el oficial, y el Congreso se reunía cada 5 años sin posibilidad de acceder a los opositores.

Con las imperfecciones propias de la época, sin que faltara la violencia y los atropellos, en Buenos Aires se votó, y se disputó el poder durante todo el siglo XIX y cuando se sancionó la ley Sáenz Peña, el cambio sólo consistió en la adopción del padrón militar, la introducción del secreto del sufragio y su obligatoriedad.

Días después se funda la Universidad de Buenos Aires, tema de otra nota. Es que se pone en marcha un programa de modernización por una generación que antes de la revolución fue influenciada por las reformas de Carlos III y más tarde, observó las transformaciones de los procesos revolucionarios como el de los Estados Unidos y Francia. En la larga estadía europea de Rivadavia, en una gestión diplomática junto a Belgrano iniciada en 1814, se relacionó con los intelectuales más relevantes de Gran Bretaña y Francia.

Partieron para buscar un príncipe para coronar en estas provincias y en 1821 regresó, a pesar de las restauraciones monárquicas, un republicano convencido. Pero además entendió que el proceso revolucionario iniciado en 1810 no debía ser un mero cambio de gobernantes sino un proceso de transformación social.

Las reformas que introducía Rivadavia no escaparon a observadores de otros Estados sudamericanos, que, vieron en esas medidas el cumplimiento de los anhelos revolucionarios y un contraste con lo que sucedía en los demás, donde, un único cambio era el desplazamiento del virrey o del capitán general por un gobernante nativo.

También tuvieron repercusión en las provincias argentinas. Algunas imitaron parte de las reformas, otras desconfiaron y en otras hubo abierta hostilidad, en particular con la reforma religiosa.

Al poco tiempo de la aprobación de la ley habrá elecciones competitivas, tanto en la ciudad como en la campaña.

Otra de las leyes tomadas ese mismo año por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, fue, la ley de olvido, posibilitando el regreso de exiliados, algunos del período del Directorio y otros de los sucesos del año anterior. Muchos de ellos se incorporan, también, a la lucha cívica participando de las listas de candidatos como fue el caso de Dorrego.

*El autor es miembro de número de la Academia Argentina de la Historia.

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