viernes 4 de diciembre de 2020

Imagen ilustrativa / Archivo
Opinión

Detrás del telón de la pandemia, algo se mueve en política

La buena imagen del gobernador Suárez sigue haciendo de Mendoza una provincia donde más le cuesta poner pie al justicialismo.

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Esta vez no hubo mayores sorpresas, pero en el gobierno local deben esperar el decreto presidencial para poner en marcha una nueva etapa del aislamiento social “a la mendocina” en el marco de la pandemia de coronavirus.

No hubo sobresaltos en esta oportunidad porque en la reunión de los gobernadores con Fernández para evaluar la situación sanitaria en cada provincia se determinó que en ocho provincias con alto nivel de contagio aún, incluida Mendoza, no habría ningún cambio durante los próximos 14 días. Pese a ello, en el Ejecutivo se mantienen atentos al nuevo decreto, aunque esta vez confiados en no tener que salir a aclarar de inmediato que “Mendoza no volverá a fase 1”, como dijo enfáticamente Suárez hace un par de semanas luego del confuso mensaje que había dejado el Presidente tres días antes.

Lo que no se discute es que Mendoza debe seguir con la guardia alta en materia sanitaria y de restricciones por encontrarse entre las provincias que concentran el 55 por ciento de los casos de Covid-19, pero la experiencia de las últimas semanas permite sostener, como mínimo, el nivel de actividades actual.

Fue un alivio para las autoridades que, según los datos oficiales, al viernes descendiera el porcentaje de camas ocupadas tanto en el Gran Mendoza como en general en la provincia con respecto a la semana anterior. Pero no están dadas las condiciones, de todos modos, para más flexibilizaciones. Evitar grandes desbordes sigue siendo una premisa, más allá de que en algunas zonas por momentos ya se observa actividad comercial y administrativa prácticamente normal.

Mientras tanto, la imagen del gobernador Suárez se mantiene elevada entre los mendocinos y según algunas encuestas de circulación nacional sigue siendo uno de los mandatarios provinciales mejor posicionados. Es que más allá de que Mendoza viene manteniendo al límite su capacidad sanitaria para atender los casos de Covid-19, porque el virus no deja de acechar, la decisión temprana de permitir, con el consenso del gobierno nacional, la reapertura ordenada de las distintas actividades económicas lo posicionó bien en la consideración general. Y, hay que reconocerlo, el reciente entredicho con la Nación por la supuesta vuelta a la fase 1 de la cuarentena jugó a su favor entre los mendocinos. E inicialmente también había mantenido una correcta relación con el presidente Fernández cuando la cuarentena era rígida en el AMBA y en el resto del país.

El hecho de que Mendoza esté considerada, según varias mediciones, como una de las provincias donde más le cuesta hacer pie al justicialismo se potencia en gran medida por esa aludida imagen de Suárez como correcto gestor en pandemia. Un detalle no menor si se tiene en cuenta que en otros asuntos puntuales que formaron parte de su propuesta de campaña lo suyo trastabilló (ley minera) o marcha a fuego lento, como es el caso de la propuesta de reforma constitucional, que incluso genera discrepancias en el propio frente legislativo oficialista. Esto es demostrativo de que el consenso en el ámbito parlamentario es fundamental; Mendoza Activa y el paquete tecnológico lograron aprobarse por la expectativa social que generaron, pero también por la búsqueda de acuerdos desde las bancas de Cambia Mendoza.

En ese orden de prioridades se incluye el presupuesto provincial para el año próximo. Como ya se ha señalado, se percibe más predisposición por parte de los diputados y senadores del PJ para la aprobación, incluso en aspectos que dividieron posturas desde los años de Cornejo en el gobierno, como los pedidos de endeudamiento y las reestructuraciones de deudas en dólares. En esta oportunidad en la oposición estiman que puede haber algunas diferencias en cuanto a montos y porcentajes, pero sí predisposición para que el Gobernador tenga su pauta de gastos y recursos a tiempo.

Además, varios referentes del justicialismo local reconocen en el actual gobernador a una persona propensa al diálogo y a la búsqueda de acuerdos, aunque también admiten que entre éste y su antecesor, Alfredo Cornejo, difícilmente pueda sobrevenir algún tipo de distanciamiento, que es lo que más han deseado muchos hasta ahora sin éxito.

A propósito del aporte legislativo a la marcha de la gestión, el vicegobernador Abed recibió en la semana al gremio de los profesionales de la salud; los escuchó y contuvo bastante sobre las inquietudes laborales y salariales que planteaban. Aducen en Ampros que se encontraron con uno de los pocos representantes del oficialismo que entendió sus inquietudes. Está bien que el principal referente de la Legislatura reciba éste y otros reclamos sectoriales, aunque los planteos efectuados también requieren predisposición del Ejecutivo.

Y en ese necesario trajín legislativo, el oficialismo también deberá prestar atención a conflictos en otras fuerzas que puedan generarle fisuras en la coalición. Es el caso de los diputados de Cambia Mendoza por el Partido Demócrata, con miradas diferentes con respecto a las políticas que genera el gobierno local y una amenaza de ruptura latente.

Y por afuera del ámbito legislativo aparece el ambicioso MendoExit, que pretende posicionarse como alternativa electoral con capacidad para nuclear a las expresiones de centroderecha que no tienen total contención en el frente oficialista. Hacen referencia a una suerte de cerrazón radical. ¿Intentarán no ser una de las tantas terceras fuerzas mendocinas de corta duración en el escenario político local reciente (la izquierda de Del Caño y Protectora, rota en pedazos por la kirchnerización de Ramón)? Es el lugar que dejaron vacante los demócratas por su recaída luego de haber estado muy cerca de la Gobernación, en 1999, y de haberse sumado en 2015 a la avanzada piloteada por la UCR con el mando de Cornejo.

Según lo que se resuelva con respecto a la fecha de las elecciones legislativas provinciales de mitad de mandato, quien conduzca el armado electoral por el oficialismo (¿Cornejo?, ¿Suárez?, ¿ambos?) seguramente seguirá la evolución de esa posible tercera fuerzal, que debería tener la premisa de captar votos de desencantados con las mayorías, pero no de anárquicos.

Con respecto al diputado Jorge Difonso, en su entorno aclaran que no hay ninguna intención, por el momento, de replantear su pertenencia al espacio oficialista Cambia Mendoza. Destacan que el acompañamiento al gobierno de Suárez, a través de los proyectos que se tratan en la Legislatura, es fluido y que sólo hubo hasta ahora diferencias puntuales, aunque sí marcadas, en temas de gravitación, como la minería, la educación y el Casino. Difonso también aclara que su vínculo con causas ecologistas, como la que él mismo lidera en defensa de la ley 7.722, no siempre justifica hacer de las mismas una cuestión política.

Párrafo final para la audiencia pública sobre la constitucionalidad o no de la pena de prisión perpetua. Estaban dadas las condiciones para que el plato fuerte fuera la pulseada Cornejo vs. Zaffaroni, voz suprema del llamado garantismo. Pero el ex juez de la Corte nacional no participó y el terreno quedó servido para el diputado nacional y las voces identificadas con él, a favor de la constitucionalidad de la perpetua. Independientemente de lo que pueda resolver la Suprema Corte provincial, en el actual escenario de inseguridad que sufre el país el sentido común recomienda no mover las piezas de tan controvertido asunto.