Cornejo levanta el perfil y se ofrece como la síntesis de halcones y palomas

Ilustración: Gabriel Fernández
Ilustración: Gabriel Fernández

El senador nacional tuvo un alto protagonismo mediático la semana que pasó. Buscó mostrarse dialoguista y a la vez combativo. Irá a la reunión con Guzmán por el FMI como jefe del interbloque y también como “gobernador de Mendoza”: Suárez se fue de vacaciones y lo nombró su representante en lugar del vice Abed.

Rarezas de la política y de la dinámica de la agenda que se instala desde la Capital Federal, el protagonismo que Alfredo Cornejo siempre buscó como presidente de la UCR nacional parece haberlo encontrado ahora desde la jefatura del interbloque de Juntos por el Cambio en el Senado.

El salto de Diputados a la cámara alta, aunque pueda haber significado un desgaste en Mendoza por una nueva candidatura, no sólo le aportó la chapa de una victoria contundente ante una de las dirigentes predilectas de Cristina Kirchner. También le permitió llegar a un ámbito donde no había una voz opositora que resaltara.

Esa movida ayuda a la estrategia de instalación de Cornejo en el país. Al fin de cuentas, es más fácil hacerse notar en un bloque de treinta y tantos que en una jungla de más de un centenar dividida en diez partes.

La última semana fue una muestra del protagonismo mediático del ex gobernador. Diarios, portales web, radios. Estuvo en todos. Y siempre, con tono autocrítico, buscó posicionarse entre los dos extremos de la alianza: no es acuerdista, como el porteño Horacio Rodríguez Larreta y el jujeño Gerardo Morales, ni es inflexible como Mauricio Macri y Patricia Bullrich.

Ni halcón, ni paloma, “cóndor de los Andes” se autodefinió con una metáfora aviaria que sorprendió durante una entrevista que dio a una radio porteña. “El Cóndor vuela mucho más alto que el resto de las aves y puede mirar la totalidad y no quedarse en los temas menores”, argumentó.

Cornejo se muestra abierto al diálogo, pero con condiciones que sabe imposibles. La primera es que el kirchnerismo quiera acordar. Él mismo admite que los consensos no son precisamente una característica que defina al sector liderado por la Vicepresidenta.

Así, propone algo que sabe que nunca ocurrirá. Eso lo vuelve un halcón disfrazado de paloma. Por algo, de todos los que integran esa numerosa primera línea de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich es la que siente más cercana y con la que más habla.

Esa posición quedará clara el martes, cuando se hará supuestamente la reunión en la que el ministro de Economía, Martín Guzmán, informará a la oposición los detalles de la negociación con el FMI.

El “supuestamente” es porque desde el Ejecutivo nacional tensionan la cuerda y quieren que se haga en el ministerio, no en el Congreso, como se había acordado. Todo puede pasar.

El columnista de La Nación Carlos Pagni escribió el jueves pasado que en realidad el oficialismo ya ha asumido que no habrá acuerdo con el FMI y sólo está buscando argumentos para culpar a otros por el fracaso.

El interlocutor del oficialismo es Morales. El presidente de la UCR es el único que tiene acceso directo al Presidente. Esa cercanía ha quedado de manifiesto en declaraciones y también en el reparto de fondos nacionales. Pero, además, tiene un vínculo estrecho con Sergio Massa, de hecho armaron una sociedad política en Jujuy.

De hacerse la reunión, Cornejo llegará allí en un inaudito doble rol: presidente del interbloque del Senado y “gobernador de Mendoza”.

Rodolfo Suárez comenzó este fin de semana sus vacaciones y decidió que en el por ahora hipotético encuentro lo represente su antecesor, en lugar de que vaya el vicegobernador Mario Abed.

Esa decisión parece confirmar aquel pacto sellado entre ambos. Suárez se reserva para sí el rumbo provincial, Cornejo es el embajador de Mendoza en el escenario político nacional y el que fija el posicionamiento.

Así, además, evitan posibles contradicciones discursivas. El actual mandatario es claramente más paloma que halcón.

El ex gobernador está convencido de que el Gobierno nacional no tiene ningún interés en acordar con la oposición y sólo pretende dividirla para “negociar con algunos”, como dijo en una entrevista la semana que pasó.

En la intimidad, Cornejo ha anticipado que llevará al encuentro dos preguntas que ya ha insinuado en público. Una política: ¿Qué piensan Cristina y Máximo Kirchner? “No podemos nosotros como opositores dar más apoyo que ellos”, argumenta.

El otro interrogante es netamente económico: ¿cuál es el plan B si se cae el acuerdo con el FMI?

“Evitan reunirse con nosotros porque van a tener que decir qué está pasando realmente y eso es lo que no quieren que se sepa”, remata.

El senador ha transmitido a su equipo que ve dos escenarios posibles.

El primero, aunque va a ser muy difícil que lo acepten, es que hasta el kirchnerismo duro termine asumiendo las condiciones del FMI (reducción del déficit, fin de la emisión, tasa de interés positiva), se vote el acuerdo en el Congreso y luego no se cumpla.

El segundo escenario es que el Gobierno siga pateando la pelota para adelante, especulando con que el no pago de la cuota de marzo no implicaría la caída automática en default del país. Por lo tanto, podría seguir ganando tiempo con la negociación y a la vez no cerrarse del todo las puertas del mundo.

La interna de la interna

Gerardo Morales es el primer escollo que Cornejo tiene que sortear para cumplir su ambición de ser el precandidato presidencial radical en las PASO de Juntos por el Cambio de 2023. También suenan otros posibles contendientes, como Martín Lousteau y Facundo Manes, pero ninguno de ellos detenta hoy la lapicera partidaria.

Y así como el mendocino tuvo las últimas semanas un protagonismo positivo para él, el jujeño tuvo más protagonismo pero no precisamente favorable. Sus actitudes zigzagueantes lo condenaron.

Su primer acto público como presidente de la UCR, a la mañana siguiente de ser elegido, fue ir a visitar a Macri. Casi una muestra de subordinación. Para luego empezar a dar señales de una estrecha relación con el Gobierno nacional, incluso criticando a Macri y asumiendo todas las culpas por el préstamo del FMI.

El lunes pasado, y después de haberlo criticado durante semanas, Morales visitó a Rodríguez Larreta. Ambos pusieron el cuerpo a una foto que buscaba mostrarlos como los moderados de la coalición, lejos de la crítica salvaje al Gobierno nacional.

Al otro día, la foto y los mensajes transmitidos se volvieron en contra cuando el presidente, Alberto Fernández, avaló la marcha contra la Corte Suprema impulsada por un sector del oficialismo. Ambos protagonistas tuvieron que salir a mostrarse más duros que los duros para enmendarse.

Rodríguez Larreta es el “candidato natural” del Pro. Al que debería enfrentar en las PASO el radical que termine siendo el elegido por el partido. Pero tiene contendientes internos.

La primera es Bullrich, que crece en las encuestas aunque no puede avanzar de igual modo en el armado de un equipo.

En potencial muchos inscriben a Macri en la carrera. Pero un hombre alineado con el ex presidente descarta que él vaya a jugar el “segundo tiempo”. Y aunque admite que alienta a Bullrich, cree que finalmente bendecirá al jefe de Gobierno porteño.

Como prueba vale lo que ocurrió con las candidaturas el año pasado: Macri se fue de vacaciones y dejó sola a la presidente del Pro en su disputa por encabezar la lista. Mucho antes ya había apoyado incondicionalmente a Rodríguez Larreta en aquella interna con Gabriela Michetti.

Ese es el escenario que espera a Cornejo. Sabe que la carrera será cuesta arriba. Pero mientras tanto logró con un proyecto presentado antes de dejar de ser diputado el curioso respaldo, silencioso por ahora, del peronismo. Se trata del que propone que en las PASO sólo compitan postulantes a la Presidencia y que el ganador elija luego como vice a alguno de los precandidatos que compitieron en cualquier categoría de su frente.

“La mayor contribución que puedo hacer es trabajar para sostener la unidad”, admite el senador en privado. El juego está abierto y el resultado es impredecible.

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