Con el corazón ligero

Cristina Fernández fue sobreseída por dos jueces socios de la corrupción, con lo cual el robo del siglo se va ratificando como la consecuencia de un crimen perfecto.
Cristina Fernández fue sobreseída por dos jueces socios de la corrupción, con lo cual el robo del siglo se va ratificando como la consecuencia de un crimen perfecto.

Cristina Fernández fue sobreseída por dos jueces socios de la corrupción, con lo cual el robo del siglo se va ratificando como la consecuencia de un crimen perfecto.

Hace cuarenta años, casi sobre el final de la dictadura, nacía en medio de la veda política, “La Multipartidaria”, integrada por radicales, peronistas, democristianos, intransigentes y desarrollistas. Desde la política se intentaba así llegar a una nueva democracia.

Desde el periodismo, La Prensa, cuando era liberal y conservador, fue el diario capaz de poner contra las cuerdas al gobierno de facto denunciando su fragilidad moral, el defalco económico y la violación de los derechos humanos a manos del terrorismo de Estado, aun cuando años antes había sido el diario que dio apoyo al golpe de Estado del 76. La misión de poner al gobierno militar en apuros la llevó adelante la pluma de sus principales columnistas, entre ellos, Manfred Schonfeld y Emilio J. Hardoy. Las editoriales son las opiniones que los diarios tienen, por eso no llevan firma. Posiblemente haya sido la pluma de Emilio J. Hardoy la que escribió, quizás en 1981, una editorial bajo el título que hoy le pido a mi memoria que recuerde y que la traiga en comodato: “Con el corazón ligero”.

En esa pieza periodística, el viejo diario denunciaba la brutalidad y el desastre del gobierno militar surgido de la revolución que volteó al gobierno de María Estela Martínez de Perón cinco años antes.

No puedo olvidar esta imagen: en ese año yo estudiaba en la Facultad de Derecho de Tucumán, y quien era mi padrino universitario, el Tigre Lázaro Barbieri, ex gobernador de Tucumán, desarrollista, sociólogo, de centro izquierda, llevaba bajo el brazo “La Prensa” y me mostraba la editorial de la que les hablo. Solo me dijo: “cuando los conservadores hablan, dicen algo y los gobiernos tiemblan”.

Era el comienzo del fin. Antes, unos años antes, dos ministros de la dictadura, Martínez de Hoz y Harguindeguy, cazaban elefantes en Sudáfrica. En 1982, con el corazón ligero el gobierno militar mandaba a 700 chicos a morir en Malvinas. En 1983 nacía la democracia.

Hoy quiero homenajear aquella editorial y con ella, a su autor, quien quiera que haya sido. Es que la República vive momentos similares a los que se vivieron hace cuarenta años. Es verdad que no hay armas apuntando a quienes se oponen al régimen, no hay búsqueda de jóvenes en las aulas universitarias ni en las pensiones de estudiantes para luego torturarlos e incluso matarlos, no hay vuelos de la muerte, ni hay censura política.

Sería una verdadera temeridad –y una mentira- de mi parte, asimilar dos realidades tan disímiles. Sin embargo, como una gota de agua de mar encierra a todos los océanos del mundo, podemos decir que aquella democracia que inauguramos en 1983, lleva la misma composición molecular de aquellas épocas dictatoriales; nuestra democracia se encuentra en un estado de precariedad absoluto, y la República como sistema de pesas y contrapesas que buscan el equilibrio del poder, va año tras año desapareciendo, y todo, con el corazón ligero.

Luego nos siguieron pasando cosas. La C.G.T. organizó, con el corazón ligero, trece paros generales en el primer gobierno democrático. El Secretario de Comercio de Alfonsín, Ricardo Mazzorín, con el corazón ligero se le pudrieron casi quinientas toneladas de pollos que había importado el gobierno para bajar el precio de la carne en el comercio interior y en 1989 tuvimos más de 700% de inflación.

En los noventa Menem se desprendió de las joyas de la abuela, y en una traición sin precedentes y con el corazón ligero, le vendió armas a Ecuador para que las usara contra nuestros hermanos de Perú, que fueron los únicos que le declararon la guerra a Inglaterra. Con el corazón ligero explotaba la fábrica militar de Río Tercero.

Hace un par de meses descubrimos que mientras todos estábamos encerrados en estricta cuarenta, el presidente, con el corazón ligero, festejaba en Olivos, sin restricciones, el cumpleaños de su compañera. Unos cuantos meses antes, con el corazón ligero, el gobierno creaba un sistema de vacunación VIP, para políticos y amigos del poder.

Hace días nomás, con el corazón ligero, vimos al gobierno festejando una derrota electoral como si hubiera ganado una elección de medio término y con el corazón ligero, el país, en un abrir y cerrar de ojos, tiene el cincuenta por ciento de pobres y el llamado “riesgo país” hoy está en su récord máximo con casi 1.900 puntos, según el índice que elabora el JP Morgan.

Terminamos siendo aliados –como en la dictadura- de Rusia, pero además defendemos, con el corazón ligero, las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, Nicaragua y Cuba. Con el corazón ligero mataron a un Fiscal de la Nación y el gobierno argentino, con el corazón ligero, encubrió a los posibles autores del atentado terrorista más grande que sufrió la Argentina.

Con el corazón ligero de un puñado de funcionarios insensibles, morían 52 personas en la masacre de Once.

Recientemente, con ese mismo corazón ligero, hemos visto que Cristina Fernández fue sobreseída en las causas Hotesur y Los Sauces por dos jueces funcionales y socios de la corrupción. El robo del siglo se va poco a poco ratificando como la consecución de un crimen perfecto.

Con el corazón ligero y casi sin darnos cuenta, nos hicimos grandes y vimos con tristeza que el país que fue potencia mundial hace un siglo nada más, hoy agoniza, y todo con el corazón ligero.

*El autor es escribano público.

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