Cambio mundial

Sesiones de 12, 15 o más tediosas horas de escuchar a diputados y senadores que se repiten y no aportan nada, nos obliga a pensar no en su necesidad pero si en su calidad y número.
Sesiones de 12, 15 o más tediosas horas de escuchar a diputados y senadores que se repiten y no aportan nada, nos obliga a pensar no en su necesidad pero si en su calidad y número.

El populismo subsiste más por ineptitud de la oposición que por mérito propio. La desilusión y frustración que dejó Macri es claro ejemplo.

El cambio

Desde comienzos de este siglo XXI y antes, el mundo está cambiando velozmente. Quizá no lo notemos porque en estas cuatro paredes que muchos políticos han hecho de Argentina, en especial el kirchnerismo, que nos han dejado solos y aislados, sufrimos cien años de retraso. Muy pocas cosas van a ser como eran y nuestro problema es si percibiremos los cambios a tiempo. ¡Ojalá podamos verlas porque de lo contrario nuestra caída en pendiente será destructiva!

Sus señales notorias

Quienes han viajado y estudiado, saben muy bien de lo que trato. El mundo desarrollado sorprende por su magnitud y crecimiento, y con gran dolor vemos el atraso de muchos países, irrecuperables algunos. Argentina está atrasada en décadas y espero que sea recuperable. Todo depende de otro cambio aún más difícil: el de los políticos, que en mayoría decepcionan a sus electores. Deben retirarse dejando espacio a los más capaces. Pero no lo harán; la política deja suculentos y permanentes ingresos.

El Estado reducido es y seguirá siendo el tema permanente e ineludible. La pandemia no ha provocado el ajuste pero ha contribuido a producirlo. La reclusión de la gente en sus casas, más por temor al virus que por acatar disposiciones oficiales, incrementó la nueva forma de trabajo online. Abundan los estudios universitarios de ingenieros en programación y computación, en mecatrónica, robótica y modificación en carreras tradicionales. El trabajo de los agentes estatales no se concentra en lugares específicos sino que se hace desde el hogar, respondiendo a las directivas de sus jefes. Se van despoblando las dependencias y disminuyendo la burocracia concentrada. El exceso de agentes se reduce con indemnizaciones especiales y el gasto público tiende a la baja, notable en algunos casos. Menos agentes requiere menos funcionarios y menos políticos improductivos. Este achicamiento obligado por la emergencia y no por voluntad política, producirá la retracción o disminución de gastos y del déficit fiscal, de la emisión monetaria y de la tan temida y destructiva inflación. Los impuestos dejarán de ser asfixiantes, se revalorizará la moneda y cesará la dependencia a las monedas fuertes.

Cambios en el Estado

Serán notables. Sin inflación ni déficit fiscal, con moneda local fuerte y limitado a sus funciones específicas, educación, justicia, salud y seguridad, los populismos quedarán ociosos, resurgiendo remozadas las democracias. Disminuirá la pobreza e indigencia y no habrá quien pueda usarlas en beneficio electoral como lo hace el populismo. Reducido el ejecutivo y la administración a razonables dimensiones, analizaré cómo debiera ser el ajuste del legislativo y judicial.

En el legislativo

Es indispensable repensar esta función. Hasta ahora los legisladores en general son invisibles, salvo algunos pocos que se notan y son los que llevan la voz y opinión de sus respectivos partidos. Sesiones de 12, 15 o más tediosas horas de escuchar a diputados y senadores que se repiten y no aportan nada, nos obliga a pensar no en su necesidad pero si en su calidad y número. Habría que hacer algunos retoques constitucionales para exigirles mayor calidad y condiciones, limitando el número a lo estrictamente necesario. Habría que rever también la cantidad obscena de asesores y sancionar gravemente a los legisladores que retengan parte de sus sueldos, prohibiendo absolutamente esta práctica delictual e inmoral. Sería conveniente que los asesores fueran designados directamente por el Congreso y no por los diputados y senadores. Debe limitarse también el número de oradores en las sesiones seleccionados por los jefes de los respectivos bloques. Se sabe que sea cual fuere el número y calidad de los discursos, los proyectos de ley se resuelven de antemano por el número de votos de cada proyecto, que los partidos tienen ya decidido, aunque malos e inservibles.

La oposición tampoco contribuye al cambio. Carece de discursos atractivos, propuestas seductoras y líderes que aseguren cómo y con quiénes ejecutarán las propuestas que evitarán el atraso en el que transitamos por décadas. No resulta difícil pensar que el populismo subsiste más por ineptitud de la oposición que por mérito propio. La frustración y desilusión que dejó Macri es claro ejemplo.

En el judicial

El cambio debe ser muy profundo. Tenemos una Justicia obsoleta, con trámites eternos, de poca calidad, politizada, corrupta en muchos casos y en la que el pueblo no cree, culpable de la desjerarquización del Derecho y de los abogados.

En la actividad privada

También es notable. Disminuye la gen te en las calles y las pequeñas y medianas empresas, que trabajan directamente con el público, reducen sus ingresos o deben cerrar por pérdidas irrecuperables. Las que subsisten y las grandes, tienen como actividades la administrativa que se traslada a los domicilios de sus empleados conducidos por jefes, y las de producción de bienes y servicios, que se mantienen en sus lugares habituales.

Como consecuencia necesaria es también la disminución de costos en relación directa con una disminución de ingresos y de impuestos por el achicamiento del Estado.

La pandemia ha venido al mundo para quedarse largo tiempo. Redimensionada la actividad pública y privada y equilibrada la economía, las empresas deberán crecer, invertir, tomar más empleados creando nuevas fuentes de trabajo generando más y auténtica riqueza.

Estos cambios que ya se perciben en países desarrollados, no lo son en el subdesarrollo. Tampoco en Argentina. Seguimos retrasados por culpa de políticos y gobiernos populistas a quienes los cambios para mejorar, perjudican. El 30% duro que los elige, es fundamental para mantener este sistema destructor.

*El autor es doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales.

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