Cabeza de turco

Cabeza de turco
La expresión "Cabeza de turco" se remonta a la época de las cruzadas y sus víctimas.

La expresión “cabeza de turco” se remonta a las Cruzadas cuando se exhibía, como trofeo, la cabeza de los turcos abatidos, en la punta de una pica.

¡Qué valores diferentes van tomando las palabras de acuerdo con las locuciones que van conformando!

Escuchaba hablar a un comentarista en el transcurso de un programa televisivo y utilizó la expresión “cabeza de turco”. Los oyentes más jóvenes no entendieron qué había querido significar ese hablante y, para explicarlo, imaginé un contexto: “No había un culpable a la vista, entonces tomaron a esa pobre víctima de cabeza de turco”. Según los libros de frases, su origen se remonta a las Cruzadas cuando se exhibía, como trofeo, la cabeza de los turcos abatidos, en la punta de una pica. Todos llegaron a la conclusión de cuál era el significado: “Persona a quien se atribuyen las culpas, para eximir a otros”. Entonces, alguien aportó que el sentido era análogo al que connota la locución “chivo expiatorio”, expresión ya mencionada en la Biblia, con relación al ritual llevado a cabo en el Día de la expiación. Si consultamos bajo ese lema el Diccionario panhispánico del español jurídico nos ilustra con la siguiente definición: “Persona sobre la que se hacen recaer culpas ajenas para eximir a los verdaderos culpables”. Y nos aporta este ejemplo: “Estima en que no se ha podido demostrar la autoría y participación del recurrente. Considera que se le ha aplicado la modalidad del chivo expiatorio”.

Si volvemos a las locuciones que se pueden formar con “cabeza”, encontramos que son numerosas; detallaré aquellas que pueden atraer nuestra atención: por ejemplo, hallamos “cabeza a pájaros” y encontramos que, coloquialmente hablando, aunque no en nuestro medio, puede ser masculino o femenino y que se le dice a una persona atolondrada, ilusa o ligera: “No se le puede encomendar esa tarea porque es una cabeza a pájaros”. Parecida es la connotación de un o una “cabeza de chorlito”, persona a la que se considera ligera y de poco juicio.

También, puede usarse como masculina y femenina la expresión “cabeza de casa”, que designa a la persona que, por legítima descendencia del fundador, tiene la primogenitura y hereda todos sus derechos: “Es a Ignacio, el mayor de los hermanos, a quien le corresponde ser cabeza de casa”.

A veces, se dice de alguien que es “cabeza de hierro”, lo cual puede encerrar una connotación positiva, si se quiere indicar que no se cansa ni fatiga, pero tiene valor negativo si, al llamarlo así, se está diciendo, de modo coloquial, que es terco y obstinado en sus opiniones. También posee un valor negativo la expresión “cabeza redonda” porque significa que la persona es de rudo entendimiento: “No es esto para cabezas redondas”.

Negativas también son las formas “cabeza torcida”, equivalente a “persona hipócrita” y “mala cabeza”, que alude a quien procede sin juicio ni reflexión.

Si queremos referirnos a actitudes, podemos utilizar “bajar la cabeza”, como sinónimo ya de obedecer sin réplica lo que se manda, ya de conformarse o tener paciencia cuando no queda otro remedio: “Tristemente y resignado, tuvo que bajar la cabeza”.

Cuando pensamos demasiado, la expresión que se usa es “calentar la cabeza”, mientras que, si nos desesperamos por haber obrado torpemente, nos “daremos la cabeza en las paredes”.

Si se desea evitar la mala suerte teniendo presentes las adversidades de otros, se dirá que “escarmentamos en cabeza ajena”. Desagradable es “henchir a alguien la cabeza de viento”: estaremos significando, coloquialmente, que se lo adula, que se lo lisonjea y llena de vanidad.

Es una metáfora orientacional de valor totalmente positivo la que dice “levantar cabeza” porque equivale a indicar que alguien sale de una situación desgraciada o que se restablece de una enfermedad.

Poco usada, en cambio, es la locución “meter alguien la cabeza en un puchero”, de raigambre española, pues con ella se da a entender que, aunque la persona se haya equivocado, se mantiene tercamente en su dictamen.

Cuando alguien se fatiga con cavilaciones, se dice que se “le carga la cabeza”, mientras que “darse con la cabeza en la/s pared/es” se usará coloquialmente para señalar que alguien se desespera por haber obrado torpemente.

La expresión “de cabeza” puede significar varias cosas: en el canto, querrá decir que la voz se imposta de modo contrario a lo que se conoce como registro grave o voz de pecho; por otro lado, “de cabeza” es equivalente a “de memoria”, como en “aprender o hablar de cabeza”. Además, se dice “de cabeza” para indicar “con rapidez y decisión, sin detenerse en obstáculos”: “Me puse de cabeza a resolver el problema”; finalmente, cuando se “está o anda de cabeza”, se quiere señalar que se deben ejecutar simultáneamente muchos quehaceres urgentes.

¡Cómo se desea que alguien poco juicioso “siente cabeza”!: ello querrá decir que se ordenará y que moderará su conducta: “Ya tiene edad para sentar cabeza”.

Si un padre está reprochando a su hijo por algún motivo, seguramente le dirá que se “meta en la cabeza tal o cual cosa”, con lo cual estará tratando de persuadirlo de ello o intentará hacérsela comprender o enseñársela, venciendo con trabajo su ineptitud.

También, devanarse los sesos es “romperse la cabeza” y al hecho de estar atolondrado se aludirá con la expresión “tener la cabeza como una olla de grillos”.

En nuestro Diccionario integral del español de la Argentina, nos encontramos con formas muy nuestras: “cabecita negra”, de uso ofensivo, que indica a una persona de ascendencia indígena, de clase social baja, que se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, desde el interior, durante el desarrollo industrial de 1940.

Otras expresiones muy usadas sobre todo por los jóvenes son “hacerse la cabeza” y “estar de la cabeza”. La primera puede indicar que alguien piensa insistentemente en un tema, mientras que la segunda connota que una persona tiene las facultades mentales alteradas.

Para reflexionar dejamos dos refranes que incluyen “cabeza”: “Cabeza grande y gran cabeza son dos cosas muy diversas” y “El brazo, a trabajar; la cabeza, a gobernar”. El primero juega con la diversidad de significados derivada de la colocación del adjetivo “grande”, pues se alude a la diferencia entre el tamaño físico de la cabeza y el hecho de poseer talento, inteligencia y capacidades especiales, como pueden ser las de mando u organización.

La segunda paremia tiene claramente una estructura bipartita ya que se oponen los brazos, como ejecutores del trabajo, a la cabeza , como agente de orden y gobierno.

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