domingo 20 de septiembre de 2020

Imagen ilustrativa / Archivo.
Opinión

Breve historia de la larga deuda externa argentina

En 1827 entramos en el primer default. Rosas, en su segundo gobierno, propuso pagar con las islas Malvinas, y también, abonó una cifra, pequeña, un par de años.

Imagen ilustrativa / Archivo.

El empréstito Baring no fue la primera deuda pública, la guerra de la independencia se financió, en parte, con empréstitos, El tomado con la casa Baring Brothers es el primero del exterior.

Esa operación fue negociada por la provincia de Buenos Aires. Los que, hacen uso faccioso de la historia para atacar a Rivadavia, ocultan que gestionaron créditos en Londres San Martín como Protector del Perú, Bolívar y Agustín Iturbe emperador de México. Buenos Aires consiguió la mejor tasa de riesgo país. En cuanto al destino de los fondos, pedidos para obras públicas, fue utilizado en la guerra con el Brasil. Sin ese empréstito, el Uruguay sería una provincia brasileña.

En 1827 entramos en el primer default. Rosas, en su segundo gobierno, propuso pagar con las islas Malvinas, y también, abonó una cifra, pequeña, un par de años. Recién en 1857, el Estado de Buenos Aires, regulariza la deuda refinanciada a largo plazo e incrementada por 30 años de incumplimiento. Unificada la Nación, esta asume esa deuda.

En 1874 estalla la primera gran crisis en el mundo de la primera revolución industrial, ante el default de empresas ferroviarias estadounidenses. Esto provocó la baja del precio de la lana, el principal producto de exportación argentino, entonces. El presidente Avellaneda se negó a declarar el default, y con un severo ajusta fiscal, afrontó los pagos de la deuda. Esta se había incrementado por el costo de la guerra con el Paraguay, la guerra civil en Entre Ríos y la construcción del ferrocarril a Tucumán y de Villa María hacia Cuyo por el Estado.

Se dice, erróneamente, que en 1890 caímos en default. Gran parte de esa deuda se invirtió en infraestructura posibilitando incorporar a la producción millones de hectáreas y a las provincias alejadas del litoral como Mendoza y Tucumán. Otra parte se esfumó con los “Bancos Garantidos” de las provincias.

Carlos Pellegrini al asumir el gobierno, luego de fracasar la revolución porteña, pidió y obtuvo un préstamo de los empresarios locales, para cumplir con un pago de intereses que vencía en esos días. Jugaron un papel decisivo hombres de negocios como Ernesto Tornquist y Silvio Gessel.

Con este gesto, cumplir, se inició la negociación en Londres, a cargo de Victorino de la Plaza. Se logró conformar un comité´ de Bancos liderado por Rotschild, que, otorgó un préstamo para afrontar los servicios de la deuda por tres años. En 1893 se hace la reestructuración definitiva conocida como el Acuerdo Romero, por el apellido del ministro de Hacienda el doctor Juan José Romero.

Durante la crisis mundial del treinta, la Argentina, fue, uno de los pocos Estados en no declarar la moratoria de su deuda. Esto le valió una reducción de su tasa de interés, éxito del ministro Federico Pinedo, y además logró, que, la banca de Londres aceptara parte de los bonos en pesos argentinos..

En 1947 el gobierno del general Perón canceló la deuda externa. Pero a fines de 1948, ante problemas de escasez de divisas, gestionó un préstamo en el Eximbank para financiar importaciones. En esos años no hubo emisión de bonos, sino créditos para financiar importaciones. Estos préstamos fueron consolidados en 1956 en el acuerdo conocido como Club de Paris.

El ingreso en 1956 a los organismos creados por los acuerdos de Bretton Woods, facilitaron el acceso al crédito. Esto fue usado, junto con el Eximbank por el gobierno de Arturo Frondizi que cuadriplicó la deuda llevándola a más de cuatro mil millones de dólares, pero fue utilizada en gran parte para reequipar el país en maquinaria, transporte, energía. Esto contribuyó, junto con la drástica disminución de las importaciones petroleras y el incremento de exportaciones agrícolas, a iniciar en 1963 un ciclo de once años de crecimiento. Incluso con disminución de la deuda en el gobierno de Illia.

Hasta 1974 la deuda crecía moderadamente para financiar obras, como el Chocón o modernización ferroviaria. En ese año se combinó el incremento del gasto público desde el año anterior y el salto en los precios petroleros. En marzo de 1976 la deuda ascendía a ocho mil millones de dólares de entonces.

Siete años después al entregar el gobierno al presidente Alfonsín el gobierno militar, se elevaba a 43 mil millones. Fue el resultado combinado, de obra pública, fuerte adquisición de armamentos, financiación de déficit fiscal y un fuerte incremento de las tasas de interés en 1981, como reacción del mercado a la estanflación en las democracias industrializadas afectadas por los precios petroleros. La tasa libor llegó al 22% a lo que se debe agregar el riesgo país. Fuerte contraste con las tasas actuales. Chile acaba de tomar 25 mil millones de dólares al 2%, algo vedado para la Argentina por ser ahora incumplidor serial.

O sea, el presidente Alfonsín encontró una deuda externa de 43 mil millones de dólares, una inflación de tres dígitos y un país estancado. Las tasas externas seguían siendo de dos dígitos. El problema era de toda la región, incluso de México y Venezuela, beneficiados con los precios del petróleo altos.

Ese gobierno renegociaba postergando pagos, capitalizando intereses y buscando una solución política de la deuda. Por otro lado, para poder financiar equipamiento e inversiones, se negoció el financiamiento por países europeos de importaciones. Con este objeto hubo acuerdos con Italia, España y Francia.

En el gobierno de Menem se privatizaron empresas públicas aceptando el pago de esos activos con bonos de la deuda. El problema se extendía a toda la región, que en los ochenta tuvo una década perdida. El secretario de Estado de los Estados Unidos propuso un plan, conocido como Plan Brady, por su apellido. Consistió en la emisión de nuevos bonos para canjear los anteriores; eran tres, a la par, menos de la par (discount) y cash con descuento. Los bonos eran a tasa de interés variable y se buscó dispersarlos en los mercados de capitales.

El alivio duró varios años, pero el déficit fiscal, concluido el ingreso de fondos por la venta de empresas públicas, llevó a nuevas deudas. El déficit creció por la reforma jubilatoria, que derivó los aportes de los trabajadores a los fondos de pensión. También hubo un incremento de los gastos en provincias, que además dilapidaron fondos obtenidos por privatizaciones locales y por pago de deudas de YPF y mantuvieron sistema previsionales inviables.

Esta situación se acentuó en los últimos dos años del gobierno de Menen y en los dos del gobierno de Fernando de la Rúa, agravada por la depresión iniciada a mediados de 1998. El que esto escribe publicó en este diario a fines del 2001 una nota llamada “67 mil millones de dólares y ninguna obra”, aludiendo a la deuda tomada en cuatro años y su destino, financiar el gasto corriente del presupuesto.

A fines del 2001 el presidente por una semana, Adolfo Rodríguez Saá, proclamó en un clima festivo e irresponsable en el Congreso Nacional el default. De esa situación salimos a medias en el 2006 y el publicitado desendeudamiento fue un mito del relato imperante en esos años.

Se cancelaron 10 mil millones de dólares al FMI con tasa del 5% y se colocó de inmediato deuda al 15% a Venezuela. En la renegociación de la deuda privada hubo una fuerte quita en capital pero las tasas pagadas fueron altas y compensaron la quita. Parte de la deuda quedó en default y en manos de fondos buitres. Los errores en las negociaciones con esa deuda nos hicieron perder el juicio. Se agregó la compra del 51% de las acciones de YPF, cuyo valor total es hoy de 750 millones y se pagaron títulos por 10 mil millones de dólares y la secuela de un juicio que hasta el momento genera reclamos por más de 3 mil millones de dólares, errores del gobernador Kicillof.

La deuda ascendía a 130 mil millones en 2003 y en 2015 era de 240 mil millones y una herencia de juicios por más de 30 mil millones de dólares.

En el gobierno de Macri, se logró bajar la tasa y un descuento del 40% en la solución del conflicto con los fondos “buitres”, pero la deuda se incrementó al demorar la reducción del déficit fiscal, financiado con deuda en dólares, y el pago de los conflictos heredados.

Tenemos el defecto de confundir los efectos con las causas de los problemas. La Argentina carece de moneda, y por eso los argentinos que generan excedentes sobre sus gastos ahorran en dólares, esa es la famosa “fuga de capitales”. Al carecer de moneda los depósitos en pesos en los bancos son pocos, un sistema financiero pequeño y sin mercado de capitales locales.. Por eso nos financiamos en dólares, para financiar sueldos, planes sociales y jubilaciones. Este es el meollo de la cuestión a resolver. Lo de las comisiones investigadoras de la deuda es una soberana pavada para distraer y no resolver nada, o palabrerío de los analistas de café.

El país necesita crear una moneda y lograr el retorno de ahorros argentinos en el exterior y exportar con el mayor valor agregado posible y generar también más ingresos por venta de servicios o exportaciones de materia gris, patentes y royalties.

Es decir la receta clásica, Generar Confianza.

* Miembro de número de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto Argentino de Historia Militar.