Argentina, a la sombra de un avión

El avión que arribó la semana pasada a la Argentina con cinco tripulantes iraníes - Gentileza Perfil
El avión que arribó la semana pasada a la Argentina con cinco tripulantes iraníes - Gentileza Perfil

Muchos informes de inteligencia describen como la Guardia Revolucionaria de Irán ha manejado empresas estratégicas y también líneas aéreas de carga, algunas especializadas en traslados de armamentos y acciones de espionaje aéreo.

En Argentina, los debates sobre las cuestiones que urge esclarecer son decepcionantes porque nadie parece interesado en dilucidarlas, sino en utilizarlas para fortalecer la posición propia. En un opúsculo, Arthur Schopenhauer explicó desde la ironía como muere la posibilidad de diálogo cuando lo que se pretende es tener razón, en lugar de pretender la búsqueda de la verdad razonando en conjunto con otro u otros. Ese ejercicio estéril se repitió ni bien llegó el avión venezolano con tripulantes iraníes. De un lado se magnifican aspectos que del otro lado se minimizan, con la intención en ambos casos de presentar como obvio lo que no lo es.

Las voces opositoras que usaron esas manganetas debilitan las razones de exigir a la justicia, no que simule buscar certezas sino que alcance la certeza de que el viaje no tuvo otra motivación que transportar autopartes o, si las hubo, descubra las motivaciones ocultas. Particularmente llamativas fueron las voces del oficialismo, entre ellas las del jefe de la AFI Agustín Rossi, que desarrollaron como explicación completa e irrefutable la versión que da la empresa propietaria del avión.

¿Por qué considera, nada menos que quien preside la agencia de inteligencia, que la versión venezolana-iraní es verdadera? Repetir el argumento del sospechado dándolo por cierto, como hizo Rossi y aceptó el oficialismo, recordó la conclusión absurda de Donald Trump en la reunión con Vladimir Putin en Helsnki. Tras aquel encuentro del 2016, el entonces jefe de la Casa Blanca negó que Rusia hubiera tenido injerencia en el proceso electoral norteamericano, porque él se lo preguntó al presidente ruso y éste “fue extremadamente firme y enérgico al desmentirlo”.

¿Realmente esperaba Trump que Putin le dijera “si, perpetré una injerencia electoral”? ¿de verdad creen el jefe del aparato argentino de inteligencia y el gobierno del que forma parte que, si en el avión se transportaron armamentos o explosivos, o si se usó ese vuelo que llevaba autopartes para sondear vulnerabilidades en el sistema de radares fronterizos, o para realizar otra operación de inteligencia, las autoridades de la empresa lo dirían ni bien lo pregunte un juez argentino? Toda certeza, en un sentido u otro, es absurda ante un acontecimiento que, por reciente, produce información en permanente movimiento. Lo que está quieto es el pasado y allí hay claves que explican la necesidad de sospechar.

Muchos informes de inteligencia describen cómo la Guardia Revolucionaria de Irán ha manejado empresas estratégicas y también líneas aéreas de carga, algunas especializadas en traslados de armamentos y acciones de espionaje aéreo. El pasado también muestra una larga, vigorosa y oscura relación entre los regímenes iraní y venezolano. Cuando un moderado ocupa la presidencia de la República Islámica, la intensidad del vínculo se atenúa, mientras que, cuando el presidente es un miembro del ala dura del régimen, el vínculo se intensifica.

Con el reformista Mohamed Jatami el acercamiento fue tenue, pero el fanático Mahmud Ahmadinejad forjó una alianza con el chavismo ni bien llegó a la presidencia. Esa alianza se atenuó con el moderado Hassan Rohaní, pero ha vuelto a intensificarse desde que asumió el cargo Ebrahim Raisi, otro miembro del ala dura. El vínculo nació en el 2006, cuando Ahmadinejad y Hugo Chávez crearon en Caracas la Alianza Estratégica Bilateral, en el marco de la cual se firmaron decenas de convenios de cooperación en distintas áreas.

En el 2009, Ahmadinejad hizo su segunda visita al país caribeño y los acuerdos bilaterales siguieron multiplicándose. En su viaje del año 2011, quedaba claro que la cantidad de encuentros entre ambos líderes probaba la densidad de esa relación, un vínculo que tiene una faz pública y otra oculta. La faz pública se refleja en los acuerdos de cooperación, mientras que la faz oculta sostiene, desde operaciones iraníes de inteligencia, hasta las actividades de Hezbolá en Latinoamérica. Esas actividades se financiarían desde las mismas arcas clandestinas que riega de dinero la nomenclatura chavista para que nadie saque los pies del plato.

La Guardia Revolucionaria iraní esparció células de Hezbolá por el mundo. Son guiadas por la Fuerza Quds, el cuerpo de elite de la Guardia Revolucionaria que se encarga de las operaciones en el exterior y tuvo entre sus comandantes al general Qasem Soleimani, asesinado en enero del 2020 por un dron norteamericano. Y según informes de inteligencia, las arcas clandestinas de Maduro pagan esas actividades encubiertas con lo que recauda la minería ilegal en la Cuenca del Orinoco.

Por cierto, el espionaje y las acciones terroristas realizadas por Hezbolá bajo la guía de la Guardia Revolucionaria, comenzaron antes de que Chávez llegara al poder. Lo prueban los atentados en la embajada de Israel y en la AMIA. Pero con el chavismo, esas acciones obtuvieron en Venezuela santuarios y una fuente inagotable de financiación.

*El autor es politólogo y periodista

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