Aportes para el sistema educativo I

Aportes para el sistema educativo I. / Foto: Mariana Villa
Aportes para el sistema educativo I. / Foto: Mariana Villa

Desde hace tiempo se instaló que no es importante que los alumnos aprendan, sino que sean contenidos como en una especie de guardería.

No es necesario que abunde en datos sobre el resultado que 12 años de escuela en la preparación de los jóvenes arrojan según las pruebas que, además, todo docente sabe. Ya es conocido por demás. Tampoco daré espacio a marcos teóricos sobre metodologías, porque quienes hemos transitado por 30 años el sistema en todos sus niveles, sabemos muy bien que no ayudan demasiado.

Quiero brindar este aporte desde la experiencia, el compromiso y la preparación. Por lo tanto, ésta es la primera de varias notas que intentan aportar un eje de discusión para abordar de fondo los problemas del sistema educativo.

El sistema educativo es muy rígido. No permite cambios ni flexibilizaciones. No permite salirse de la estructura. Y, sobre todo: es muy anticuado. Está pensado más para proteger la fuente laboral docente que para la capacitación de las nuevas generaciones.

Solo trabaja con pizarrón y tiza. Esta manera de trabajar requiere un alto desarrollo de la capacidad de abstracción de los niños y jóvenes. Y no todos lo logran porque desarrollar la capacidad de abstracción requiere un desarrollo físico, psicológico y social que no siempre se alcanza. Por esa razón, entre otras, no logran internalizar los aprendizajes.

En el nivel medio, se nota una gran desmotivación en los alumnos. Y eso porque el título secundario una vez obtenido, no les promete en absoluto el nivel de vida al que aspiran. Ni siquiera la universidad lo promete. Luego de los años 60, ya no necesariamente el sistema educativo promete el ascenso o el sostenimiento de los niveles de vida (más bien hay que lograr una especie de astucia de calle que no lo da la escuela y eso lo saben los jóvenes).

Están completamente ausentes las artes: música, danza, teatro, plástica, y también los deportes y gimnasia. (Me refiero a un trabajo serio y profesional, no a dos horitas perdidas). No se trabaja con la intensidad necesaria informática y todo lo referido a las nuevas tecnologías, indispensables para esta generación que crece. Tampoco tiene mucho lugar la creatividad en solucionar problemas reales.

La preparación de los docentes en terciarios y aulas satélites no es muy exigente, así como su sueldo y trato tampoco es hacia un profesional de la educación. El mismo docente no se siente a sí mismo como profesional sino como trabajador o empleado. Y, sobre todo en el nivel primario, así es tratado.

Desde la década del 90 y bajo la presidencia menemista, se instaló que no es importante que los alumnos aprendan, sino que sean contenidos como en una especie de guardería. Todo está justificado, nada se debe exigir. El esfuerzo está visto como una agresión, y la enseñanza debe parecerse al entretenimiento.

Debo aclarar que esta mirada es sobre un promedio, y que algunas escuelas siguen manteniendo la excelencia y brindan una mejor preparación a sus alumnos.

*La autora es profesora y escritora.

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