martes 20 de octubre de 2020

Azerbaiyán decretó movilización parcial por choques con Armenia. / gentileza
Opinión

Aliados de Armenia y de Azerbaiyán

El peligro que corren los habitantes del enclave por el que están en guerra armenios y azerbaiyanos se relaciona con la diáspora causada por las masacres que inició el sultán Abdul Hamid en el siglo XIX y desembocaron en el genocidio de 1915.

Azerbaiyán decretó movilización parcial por choques con Armenia. / gentileza

Armenia es un país pequeño y pobre; Azerbaiyán una potencia petrolera que la duplica en territorio. Sin embargo, en Occidente la palabra Armenia resulta familiar y Azerbaiyán es una palabra casi desconocida. La razón es la misma que explica el peligro que corren los habitantes del enclave por el que están en guerra armenios y azerbaiyanos: la diáspora causada por las masacres que inició el sultán Abdul Hamid en el siglo XIX y desembocaron en el genocidio de 1915.

Por ser una nación túrquica, los azeríes no padecieron los aniquilamientos y limpiezas étnicas que el imperio turco otomano perpetró contra las otras etnias. Los armenios fueron las principales víctimas del panturanismo. Los expulsó de Najicheván y de Shushi, la antigua capital de Artsaj, entre otras tierras que habitaban en Transcaucasia y Anatolia. Por eso hay comunidades armenias en todo Occidente y otras partes del mundo.

La misma razón explica el riesgo que corren los armenios de Nagorno Karabaj si Azerbaiyán lograra imponerse en esta guerra. Un conflicto en el que los alineamientos no tienen que ver con afinidades históricas, culturales o específicamente religiosas, sino con necesidades económicas y geoestratégicas. Si fuera por afinidades, Irán debería apoyar a los azerbaiyanos, que son chiitas como la mayoría de los iraníes. Pero es posible que ocurra al revés.

En cambio el gobierno israelí, cuyo pueblo tiene en común con los armenios haber sufrido un genocidio, forjó vínculos estratégicos con Azerbaiyán.

Mientras Erdogán clausura el secularismo republicano impuesto por Atatürk, las reminiscencias otomanas del sultánico presidente turco expanden la influencia de Turquía hacia el este, sur y suroeste.

Procurando construir un hinterland, reaviva el conflicto chipriota valiéndose del Estado creado en el norte de la isla tras la invasión de Turquía en 1974, que entonces tuvo una justificación: los militares griegos que dieron un golpe de Estado en Atenas quisieron anexar Chipre.

En Siria, Turquía expulsa a los kurdos del este del Éufrates para desmantelar Rojava, el proto-estado que los “peshmergas” crearon cuando combatían al ISIS. En el Mediterráneo Oriental, cierra el cerco sobre las islas griegas de Rodas y Castelórizo, para controlar los yacimientos del lecho marítimo que las rodea. Paralelamente, interviene en el conflicto libio y acuerda fronteras marítimas con el régimen que impera en Trípoli bajo el liderazgo de Fayez al Sarraj, en guerra contra el que tiene base en Tobruk y lidera Jalifa Haftar.

A Irán le inquieta que Ankara impulse la ofensiva azerbaiyana sobre el enclave armenio. Los turcos son sunitas y los azeríes son chiitas, como el régimen teocrático persa. Pero Irán tiene una minoría azerí que es el veinte por ciento de su población y teme que un Azerbaiyán triunfal y fortalecido por su alianza con Turquía aliente el separatismo de los azerbaiyanos iraníes. Por eso es probable que, de tener que tomar partido, Irán lo haga por los armenios, a pesar de que el ayatola Alí Jamenei tiene sangre azerí.

Israel, por el contrario, tiene acuerdos estratégicos con Azerbaiyán. En el 2016 le vendió modernos armamentos. A cambio, además de precios especiales en el petróleo, Israel accede a pistas aéreas en Azerbaiyán, cruciales en una guerra con Irán, o si decide atacar centros nucleares iraníes.

Por sus tensiones con Turquía, Grecia está más cerca de Armenia. Pero para Europa es más difícil tomar partido por los armenios, porque depende de los hidrocarburos que recibe por el oleoducto que los transporta desde Bakú, pasando por Tiflis y Ceyhán.

Los europeos en general y los griegos en particular apoyan a los armenios porque el cristianismo los acerca. Las religiones moldean culturas. También el cristianismo eslavo resulta un puente entre Rusia y Armenia.

Los rusos poseen bases militares en Armenia además de ser sus socios, junto a Bielorrusia, Tadyikistán, Kirguistán y Kazajistán, en el Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Sin embargo, la lentitud con que Vladimir Putin está actuando desde que se rompió el armisticio muestra el peso que tienen su sintonía política con Ilham Aliyev y la venta de armas rusas al ejército azerí.

Las claves de la pacificación están en la propuesta del Grupo de Minsk: la devolución de los siete distritos que rodean el enclave y fueron ocupados por los armenios tras ganar la guerra de la década de 1990, aunque manteniendo el contacto con Armenia a través del corredor de Lachin. Garantizar a Nagorno Karabaj su seguridad hasta la realización de un referéndum sobre el estatus definitivo, negociando mientras tanto el retorno de los azerbaiyanos desplazados entre 1991 y 1994.

Esas claves pueden ser aplicadas mientras haya paridad en la guerra. Si una de las partes arrasa a la otra, ya no servirán. Y si el vencedor es Azerbaiyán, difícilmente se abstenga de deportar masivamente a los armenios de Nagorno Karabaj