Acerca de colas y rabos

"Hacer cola" es una expresión habitual para la espera y es una acción que no agrada. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
"Hacer cola" es una expresión habitual para la espera y es una acción que no agrada. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

También en lenguaje figurado, pero hablando coloquialmente, se dice “hacer bajar la cola a alguien”, significa que se le humilla su soberbia por medio de un reproche o de un castigo.

Cuando dije al jovencito que una persona tenía “cola de paja”, me miró sorprendido y me pidió que le explicara qué quería expresar. Inmediatamente, di el equivalente: se llama “cola de paja” a la persona que siente culpa o remordimiento por ser responsable de una falta. Se afirma que la expresión completa es “quien tiene cola de paja no se acerque al fuego” o “el que tiene cola de paja tiene miedo que se le arda”. Se le atribuye a una persona falta de autoridad moral para hablar sobre ciertos temas por poseer antecedentes poco claros o claramente inmorales. Pero, en la vida diaria, se extiende a cualquiera con cargos de conciencia.

Al rastrear los valores significativos del vocablo “cola”, encontramos que, además de denotar la extremidad posterior del cuerpo y de la columna vertebral de algunos animales, llamamos así al apéndice luminoso de los cometas: “En 2021, en diciembre, se podrá admirar el brillo del cometa Leonard y su cola luminosa”.También se llama “cola” a la punta o extremo posterior de algo, por oposición a la cabeza o principio: “En la cola del avión, están los colores patrios”.Además, la cola indica también el conjunto de plumas fuertes y más o menos largas que poseen las aves en la rabadilla: “El pavo real despliega su cola en forma de abanico”.Las mujeres pueden recoger su cabello largo y pendiente, en la parte posterior de la cabeza, en una forma de peinado que se denomina “cola de caballo”.

No nos agrada tener que “hacer cola” o conformar una hilera de personas para esperar turno: “Hice una hora de cola ante la ventanilla del banco”. Tampoco es agradable “ir a la cola” pues ello significa estar en último lugar en una competición o juego: “¡El pobre atleta quedó a la cola por su bajo rendimiento!”.

Una locución coloquial que significa “responder o decir algún disparate o despropósito”, es la que dice “apearse por la cola”.

Si en una carrera de caballos, se ofrece una ventaja muy notoria, se dice “dar cola y luz a alguien”. Metafóricamente, cuando se afirma “falta la cola / el rabo por desollar”, significa que aún queda por hacer lo más duro y difícil de una tarea: “No ha terminado pues aún le falta la cola por desollar”.

También en lenguaje figurado, pero hablando coloquialmente, se dice “hacer bajar la cola a alguien”, significa que se le humilla su soberbia, por medio de un reproche o de un castigo.

Cuando una persona es de entendimiento corto o se la considera ruda, se dice que es “arrimada a la cola”.

Finalmente, la negatividad encuentra dos locuciones: la primera, para indicar que alguien tiene antecedentes negativos, dice que “tiene cola”; la segunda, cuando un hecho acarrea malas consecuencias, se dice que “trae cola”. Lo advertimos, respectivamente, en “No lo han admitido como postulante porque, lamentablemente, tiene cola” y “Su proceder tendrá cola”.

El término “rabo” puede actuar, parcialmente, como sinónimo de “cola”, pero posee, además, acepciones propias: puede nombrar la parte del trigo u otra semilla que queda después de cribado y también, coloquialmente, nombra el trapo u otra cosa que, por burla, se prende por detrás del vestido de alguien. Si una persona es tremendamente movediza, se dice de ella que es “rabo de lagartija”.

Y cuando se dice que alguien mira a otro con el “rabo/rabillo del ojo”, se quiere significar que no lo mira directamente, sino que lo hace con el ángulo del ojo, esto es, con el extremo donde se unen uno y otro párpado, puesto que la mirada es cautelosa y disimulada: “Lo descubrí observándome con el rabillo del ojo”.

En países como Cuba, “rabo de nube” es la columna de agua o vapor que se eleva sobre el mar, con un movimiento giratorio, por efecto de un remolino de aire. Se denominan “rabos de gallo” las nubes blancas y ligeras que, con formas de filamentos, aparecen en las regiones superiores de la atmósfera.

Hay frases muy ilustrativas, formadas con “rabo”: por ejemplo, decimos “de cabo a rabo”, expresión que puede también ser “de cabo a cabo”, para señalar que algo se ha verificado completamente, del principio al fin. Se puede, también, decir “de pies a cabeza”: “El libro es muy completo, no tiene desperdicio, de cabo a rabo”. La situación económica de una persona que sufre estrechez se refleja en la locución “andar alguien agarrándolas del rabo”. En un sentido parecido, “asir algo por el rabo”, coloquialmente, puede indicar que se trata de alcanzar algo inmaterial, pero que no hay esperanza de lograrlo: “Quisiera poder revertir la situación, pero es como asir el problema por el rabo”.

También, si se quiere ponderar la dificultad o trabajo que va a costar a alguien poder lograr o concluir algo, se usa la locución “aún le ha de sudar el rabo”. Y cuando una persona se aleja de un sitio, con vergüenza o humillación, se dice que lo hace “con el rabo/cola entre las piernas”.

¿Qué significa “menear/mover alguien el rabo”? Se quiere expresar que esa persona da muestras de alegría o que se muestra zalamera con otro: “Ahí llegó Pedro, meneando el rabo ante su nuevo jefe”.

Y la equivalencia con “cola de paja”, la presenta la paremia “El que tiene rabo de paja no se arrima a la candela”, con la explicación de ser vulnerable o criticable por haber cometido alguna mala acción.

Rematamos con dos refranes en que se incluyen los términos de la nota de hoy: el Centro Virtual Cervantes, en su Refranero multilingüe nos incluye “Más vale ser cabeza de ratón, que cola de león”. Resulta preferible ser el primero y mandar en una comunidad, aunque sea pequeña, que ser el último en otra mayor.

”Hasta el rabo, todo es toro”, también en el Refranero multilingüe, significa que, cuando se enfrenta un peligro, hay que luchar hasta el final.

*La autora es Profesora Consulta de la UNCuyo

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