17 de octubre hoy, una lealtad distorsionada

El peronismo celebró el 76º aniversario del Día de la Lealtad en medio de una polémica.
El peronismo celebró el 76º aniversario del Día de la Lealtad en medio de una polémica.

Una marcha cuya predica es “lealtad” tiene que estar impregnada y dotada consiguientemente de un valor principal, el “respeto”, lo cual no solamente se pasó por alto, sino que se pisoteó.

Para comenzar es menester enfocarnos en la palabra lealtad: la cual según medios consultados, tal dicción quiere decir: “Sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien…”.

Ahora bien es dable traer a colación que el pasado 17 de octubre tal palabra recobró auge puesto que tuvo lugar la conmemoración que -valga la redundancia- se proclama bajo el lema de “lealtad peronista”, que para todos aquellos que no saben, se trata de una gran movilización de tal partido político, con presencia obrera y sindical que tuvo lugar un 17 de octubre del año 1945 en Plaza de Mayo y cuyo objeto principal era exigir la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón, que había sido detenido pocos días antes.

Ahora bien, al comenzar estas humildes líneas hicimos referencia al concepto de la palabra “lealtad”, poniendo énfasis en la última parte del significado de ésta “o hacia alguien”, es decir que el respeto no solo se limita a principios morales o compromisos establecidos sino también a las personas, por ende una marcha cuya predica es “lealtad” tiene que estar impregnada y dotada consiguientemente de un valor principal, el “respeto”, lo cual no solamente se pasó por alto, sino que se pisoteó.

Fueron muchos los episodios repudiables acaecidos el pasado 17 de octubre, pero me quedo con uno que fue el encargado de rotular tal marcha de impresentable y fue el protagonizado por los militantes que treparon al monumento situado en el patio “Belgrano” de Casa Rosada, donde se encuentra un memorial en el cual yacen un cúmulo de piedras pintadas con el nombre de las víctimas fatales arrasadas por la pandemia Covid-19, que fueron depositadas allí en la reconocida “marcha de las piedras”.

Los inescrupulosos no solo escalaron el monumento conmemorativo sino que también pisotearon las piedras antes referidas, disponiéndose luego a arrancar todas aquellas leyendas y fotografías que a sus criterios subjetivos constituían una ofensa a su ideología política, por la cual habían ido a demostrar “lealtad”, pero terminaron expresando su antónimo.

El interrogante que siembra la conducta antes aludida es: ¿nos sorprenden dichos actos? La respuesta es claro que no, pero sí nos avergüenzan.

En Argentina hoy en día los límites dotados por las leyes están siendo cada vez más difusos, debido al avasallamiento constante que despliegan los ciudadanos, bajo el asidero “no pasa nada”, sin recibir por ende castigo justo alguno y permitiendo así que se roce cada vez más el “libre albedrío” que en rasgos generales consiste en que el ser humano tiene libertad tanto para hacer el bien como para hacer el mal, para colegir, no hay que perder nunca de vista que el derecho de las personas termina donde comienza el derecho del otro, ocurriendo precisamente lo mismo con la libertad.

Sin lugar a duda considero que las conductas desplegadas por los inescrupulosos deben ser sancionadas con el rigorismo que prevé la ley penal y no redimirse a una mera contravención, pero ello solo constituye un deseo de cosas imposibles ya que sabemos que solo habrá un “tirón de orejas público a los irreverentes”, pero lejos estará la confección de un expediente por conculcar la ley, puesto que quienes cometieron tal trasgresión poseen un “as” que es ostentar el mismo color político que el gobierno de turno.

En conclusión… no pasará nada y reinará la impunidad, tal como ha sucedido en innumerables episodios.

*El autor es Abogado

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