lunes 21 de junio de2021

“Soy una madre arrepentida”: la historia de la mujer que ama a su hija y odia la maternidad
Karla vive en Brasil y su historia generó un gran impacto. Cuenta que no quería ser madre y cedió ante la voluntad de su pareja. Foto: Gentileza
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“Soy una madre arrepentida”: la historia de la mujer que ama a su hija y odia la maternidad

La actriz y escritora creó una cuenta en Instagram que pretende “liberar la voz de las madres que no son felices como tales y sufren”.

“Soy una madre arrepentida”: la historia de la mujer que ama a su hija y odia la maternidad
Karla vive en Brasil y su historia generó un gran impacto. Cuenta que no quería ser madre y cedió ante la voluntad de su pareja. Foto: Gentileza

Karla Tenorio tiene 38 años, es actriz, escritora, y tiene una hija de 10 años. A pesar de amar a su pequeña, dice que es una madre arrepentida.

Es por ello que la mujer creó la cuenta de Instagram Mae Arrependida que pretende liberar la voz de las madres que no son felices como tales, que sufren y sienten culpa por la maternidad”.

Karla vive en Brasil y su historia generó un gran impacto. Cuenta que no quería ser madre y cedió ante la voluntad de su pareja pero, a pesar de haberse preparado para recibir a su hija, se siguió sintiendo igual de mal incluso después del parto. De todas maneras dice que ama a la niña, pero critica la idea clásica y “romántica” de la maternidad.

“En la psicosis, perdés la noción del tiempo, te cerrás al mundo, te convertís en un cuidador excesivo. Llevé, por ejemplo, un cuaderno en el que anotaba cuántos minutos amamantaba mi hija de cada pecho. Nunca tuve una niñera, dejé de hacer muchas cosas, dejé de aceptar trabajos para ser una excelente madre, por la culpa. Los síntomas del arrepentimiento materno son la frustración, la sensación de que la vida se acaba, el abandono, el desánimo para desarrollar nuevos proyectos vitales. Tardé diez años en salir del armario, en asumirme como una madre arrepentida, porque parecía que era la única, pero no es así”.

El movimiento que lidera pretende combatir la construcción social, basada en la ética cristiana, de que la mujer tiene un amor incondicional por su hijo, que es la imagen y semejanza de la Virgen María. La idea de que cuando se es madre se pierde la sexualidad, se vuelca totalmente en el hijo, en el trabajo doméstico y en los cuidados.

“Cuando me casé, no quería ser madre, pero hoy veo que cedí a un deseo que no era mío. Un día, durante un viaje a la India, mientras meditaba en el río Ganges, tuve una visión de que iba a tener un hijo. Luego pasé dos años planeando y preparándome para ello. Lo he deseado, no quedé embarazada por accidente”, cuenta.

En una entrevista con medios brasileños, la mujer habló de su experiencia como madre. Y dijo sorprenderse, ya que se dio cuenta de que toda la preparación que había hecho previa al parto no se condecía en lo absoluto con lo mal que se estaba sintiendo.

“La maternidad implica todo un cuidado con la higiene, la formación de un ciudadano, un estudio de psicología para entender cada fase del desarrollo, además del dinero para pagar todos los gastos de un niño. Es una bola extremadamente asfixiante estructurada por la sociedad. La maternidad es una empresa de alto riesgo, sin reconocimiento y sin retorno”, se sincera.

Karla detesta ser madre “desde que la cabeza de mi hija salió” en el parto y que desde el primer minuto quiso retroceder el tiempo. Además sufrió un cuadro de psicosis posparto, aún más grave que la depresión, ya que su presión por ser una madre ejemplar la convirtió en una “cuidadora excesiva” de su hija, sin haber querido realmente asumir ese rol.

“Mi hija, Flor Inae, es una persona increíble, una historia de éxito, porque es una chica obediente, buena gente, que tiene valores, y la quiero. La verdad es que, por desgracia, vengo de una familia muy religiosa y sé que nunca habría abortado en esa época”.

La mujer vivió mucho tiempo con una culpa que le corroía por dentro; unos 10 años, aproximadamente. Mucha de esa aversión hacia ser madre tuvo que ver con un comportamiento abusivo por parte de su expareja, como señala ella; escondía sus reales pensamientos sobre ser una “mamá arrepentida” porque sentía que era la única que estaba pasando por ese proceso.

Pero en 2017, luego de juntarse con un grupo de mujeres a conversar, se dio cuenta de que no estaba sola y decidió liberarse de esa carga: se dio cuenta de que puede odiar la maternidad como concepto, pero aún así amar muchísimo a su hija, a quien define como “una persona increíble, obediente, buena gente y de valores”.

“Soy la titular del cuidado físico de mi hija hasta que pueda valerse por sí misma, pero, para la sociedad, no es sólo eso. La madre es la responsable de esa alma hasta el final de la vida, una santa arquetípica, que nos bendice allí donde estemos. Ya recibí algunas críticas por el movimiento que creé, sobre todo de hombres, que decían que era el único. Mi madre entiende que no somos iguales, me acoge, no me juzga, sabe que soy disruptiva y entiende que mi búsqueda es real, porque ve mi esfuerzo diario por hacer lo mejor para mi hija”.

Karla creó un perfil de Instagram llamado “Madre Arrepentida” para poder así representar y acompañar a las mujeres que viven con esta dificultad. Además, busca concientizar a aquellas que no tienen hijos sobre lo que es realmente la maternidad, dando así una visión más apegada a la realidad y menos romántica.

“No sólo quiero decir que soy una madre arrepentida, quiero ofrecer mi dolor para hablar de algo profundo, que afecta a muchas personas. En nuestra sociedad, somos hijos y nietos de muchas madres arrepentidas. Y las mujeres deben ser bienvenidas en su desahogo. También pienso en la importancia de advertir a las mujeres que aún no han tenido hijos, y a las que están pensando en tenerlos, sobre lo que realmente es la maternidad. Es necesario acabar con el lado romántico de la maternidad, que es muy perjudicial para todos nosotros, que provoca tristeza, depresión y muerte”, es su contundente y profundo análisis.