jueves 24 de septiembre de 2020

Mario Sepúlveda, uno de los 33 mineros que hace 10 años quedaron atrapados por un derrumbe en Chile. Foto Mario Sepúlveda.
Mundo

A 10 años del rescate de los mineros: “Si alguno dice que no lloró estando abajo, no estuvo ahí”

Tras una década del derrumbe que atrapó a los 33 mineros chilenos, Mario Sepúlveda rememora la odisea que recorrió el mundo. “Fue una gran historia porque sobrevivimos”, advierte desde Pudahuel.

Mario Sepúlveda, uno de los 33 mineros que hace 10 años quedaron atrapados por un derrumbe en Chile. Foto Mario Sepúlveda.

Un pedazo de papel arrugado, recortado desprolijamente, resguardado en un folio transparente y sujetado con ambas manos mientras que su portador, el entonces presidente de Chile (y quien lo es actualmente también) Sebastián Piñera sonríe y lo exhibe ante las incontables cámaras de fotos y de televisión. “Estamos bien en el refugio los 33”, se lee con un trazo rojo.

Mario Sepúlveda recuerda los días en lo profundo de la mina junto a sus compañeros. Foto Mario Sepúlveda.

La sonrisa de Piñera es la de millones de personas en el mundo, y la de cientos de familiares y periodistas que desde hacía 17 días montaban guardia en el lugar. Esta postal se sitúa el 22 de agosto del 2010; las personas que rodeaban a Piñera se encontraban allí desde el jueves 5 de agosto; y todos se muestran aliviados tras semanas de angustia e incertidumbre: los 33 mineros que habían quedado atrapados bajo tierra luego de un derrumbe en la mina San José (al norte del país trasandino) estaban vivos; y habían hecho llegar el mensaje a la superficie. Sin embargo, recién volverían a ver la luz el 13 de octubre; luego de un rescate cinematográfico.

“Ese mensaje lo escribió José Ojeda, un gran amigo. Ahora él está muy complicado de salud; por lo que me gustaría pedirle a la gente que rece por él”, detalla a Los Andes y se pone serio Mario Sepúlveda (49); uno de los 33 mineros que mantuvo en vilo al mundo entero durante 69 días.

Verborrágico -una clara virtud para alguien actualmente brinda conferencias-, el “Perri” (como lo apodan) recuerda desde su Pudahuel natal los instantes previos y posteriores al derrumbe que dejó por más de dos meses a él y a sus compañeros en una especie de limbo subterráneo. Aquel derrumbe del que se cumplieron diez años el miércoles. “El accidente fue mucho más grave de lo que se piensa. Fue una gran historia porque sobrevivimos”, acota reflexivo.

Mario Sepúlveda recuerda los días en lo profundo de la mina junto a sus compañeros. Foto Mario Sepúlveda.

“Si alguno dice que no lloró estando abajo, no estuvo ahí. Hubo todo tipo de reacciones, desde el más débil hasta el más fuerte; aunque no siempre era el mismo. Lo que sí, no nos rendimos nunca. Y nos ayudó mucho la fe; más que la esperanza”, sigue Mario en su reflexión en voz alta.

“La gente arriba pensaba que estábamos muertos. Nadie pensaba que abajo nos reíamos e hicimos un gran trabajo de equipo. Hay que ser prácticamente extraterrestre para soportar eso, y nosotros lo soportamos”, agrega uno de los 33 sobrevivientes.

Viaje al centro de la Tierra

De acuerdo a la planificación original, aquel 5 de agosto de 2010 a Mario Sepúlveda no le tocaba ir a trabajar. Ya ni siquiera tenía ganas de seguir en el lugar. “Un ex jefe con quien me llevaba muy bien se había ido; y me quería llevar con él. Ya había armado mi currículum”, rememora Sepúlveda con un buen humor que ya se ha convertido en uno de sus rasgos característicos. Aquel jueves llegó tarde a la perforación minera ubicada en la comuna de Caldera, a 30 kilómetros de Copiapó. “Cuando llegué, el otro operador me dijo: ‘Perri, me acaban de despedir’; y tuve que entrar. Si él hubiese seguido; ¡yo nunca hubiese entrado!”, agrega sonriendo.

Pasadas las 14 de Chile (15 hora argentina) y en cuestión de segundos tuvo lugar el episodio que cambiaría toda la vida de Sepúlveda y sus 32 compañeros: un derrumbe obstruyó la conexión con el exterior; y dejó a los trabajadores bloqueados por una sólida e impenetrable barrera de rocas y tierra.

“Estaba trabajando en el nivel 105 (a más de 600 metros de profundidad) y llegó otro de mis súper amigos, Florencio Ávalos (quien sería el primer minero en regresar a la superficie). Me contó del derrumbe, y cuando me junté con los otros compañeros, nos dimos cuenta que la cosa venía mal. Había mucho polvo”, recuerda Sepúlveda.

Si bien normalmente ingresaban de a 10 o 12 personas por turno, aquella jornada había mucho trabajo por hacer. “Hubo 33 formas de ver el accidente; todas distintas. Lo que teníamos en claro es que habíamos quedado bajo tierra. Nos enumeramos para saber cuántos éramos”, recuerda Mario; quien no ha dejado de agradecerle a “diosito” en estos diez años.

“Cuando escuchábamos el ruido de las perforaciones, nos ilusionábamos. De repente se silenciaban, y entrábamos a un estado de tristeza e incertidumbre. Pero nunca nos descontrolamos todos. Cuando uno se descontrolaba, el otro estaba bien. En todo momento nos acompañamos. Y nunca pensamos que nuestra gente fuera a abandonarnos”, sigue.

El espacio en el que permanecieron mientras estuvieron atrapados se ubica a unos 720 metros de la superficie. Era un área amplia (“¡había espacio hasta para jugar a la pelota!”, bromea Sepúlveda). “Vivimos cosas maravillosas; como compañeros, como amigos y como seres humanos”, prosigue.

En cuanto a la comida y la bebida durante los primeros días, supieron organizarse. “No había suficiente, y haber sobrevivido así es parte de un gran milagro. Pudimos comer todos los días”, describe.

La odisea de los 33 mineros revive en cine

“Estamos bien los 33”

Durante las horas y días posteriores al derrumbe, las inmediaciones de la mina San José -un paisaje árido y desierto- se convirtieron en sets de canales de televisión o salas de prensa de cientos de medios. La imperiosa necesidad por obtener pruebas de vida del otro lado de aquella barrera desvelaba al mundo entero. Abrazados, unidos en oraciones y dándose fuerza entre sí; estaban los familiares de los 33.

El 22 de agosto, 17 días después del derrumbe; llegó la primera de las noticias esperadas: se había logrado dar con el espacio donde permanecían los mineros. Y éstos habían escrito aquel mensaje que llegó a la superficie, y cuya imagen recorrió el mundo.

La novedad de que estaban todos vivos significó un alivio; así como lo fue para los mineros reabastecerse de víveres. Pero faltaba lo más importante -y difícil- aún: devolverlos a la superficie.

“Cuando finalmente vimos asomarse las excavadoras, sentimos una gran emoción; la misma que cuando ganamos las dos Copas América a Argentina y con el mismísimo Messi”, ejemplifica. Y aclara que recurre al ejemplo con respeto. “El cariño por Argentina es inmenso. El día en que se jugó una de esas finales yo estaba en la cancha, y me terminé abrazando con argentinos”, agrega.

El rescate

Transcurrieron 52 días más hasta que lograron regresar a la superficie. “Una vez que nos encontraron, nos empezaron a dar acompañamiento. Se nos envió comida y el principal objetivo fue mantenernos vivos y sanos. Fue muy difícil con tanta ansiedad”, sostiene Sepúlveda.

A lo largo de todo el operativo, los rescatistas pusieron en práctica un meticuloso protocolo basado en recomendaciones de la NASA. Y durante los primeros minutos del miércoles 13 de octubre de 2010 se devolvió a la superficie al primero de los mineros. A partir de ese momento, y con un ritmo estimado de a uno por hora, se sumaron los otros trabajadores.

“Lo primero que hice apenas estuve afuera fue gritar; necesitaba desahogarme”, se explaya Mario.

Volver a empezar

Aunque el 4 de octubre Mario Sepúlveda cumple 50 años, aclara que no le gusta festejar su cumpleaños. Pero esa visión cambia cuando llega el 13 de octubre y se conmemora un aniversario del rescate. “Tengo dos cumpleaños en octubre, pero el del 13 es el festejo que vale”, explica.

“Me tuvo que pasar esto para que supieran que soy un excelente orador. Además de dar conferencias, después del accidente tuve un hijo con autismo (Marito, quien hoy tiene 8 años). A raíz de ello, creé una fundación para acompañar a chicos con autismo y sus familias”, detalla sobre cómo siguió su vida.

Sigue casado con Cati Valdivia ( “el ángel de mi vida”, aclara); y a Marito se suman Francisquito (23), Scarlette (28), Catita (29) y Laurita (31) entre sus hijos. Además, tiene ya tres nietos.

“Después de lo de San José volví a entrar a minas; no tengo miedo. La muerte va a llegar a donde sea y cuando sea, compadre. El que es buena persona de alma; anda tranquilo por la vida. La persona mala tiene miedo a morir, porque no tiene el perdón de la gente a la que le hizo daño”, acota.

Sobre el coronavirus y el confinamiento

El minero Mario Sepúlveda es consciente de lo importante que es en contexto de pandemia respetar el confinamiento. “Esto no es nada en comparación con lo que vivimos bajo tierra. Acá tenemos internet, agua, televisión, comida. Hay que organizarse y ser obediente con las recomendaciones”, reflexiona.

Antonio Banderas, el Mario de la película

En 2015, la cineasta mexicana Patricia Rigger adaptó la historia de los mineros para la pantalla grande. “Los 33″ fue el nombre de la cinta y que tiene a Antonio Banderas como el actor que interpreta precisamente a Mario Sepúlveda. El minero ha visto la película y ante la consulta de si se ve parecido al actor español, recurre -cuando no- a una de sus bromas. “No me veo parecido a Antonio Banderas. Yo más bien soy Bruce Willis, ‘el duro de bañar’”, concluye a carcajadas.

Los 33 mineros comparten una única causa judicial iniciada luego del accidente. Aunque prefiere no dar demasiados detalles, Sepúlveda destaca que la causa “va avanzando”.