“Autista”, “sordo”, “enfermo mental”: ¿Cómo repensar la discapacidad para que la violencia no se cuele en el lenguaje?

Los insultos generalizados aludiendo a condiciones existentes (“autista”, “sordo”, “Down”) obedecen a una concepción de la discapacidad como falla humana. Ilustración: Hugo Horita.
Los insultos generalizados aludiendo a condiciones existentes (“autista”, “sordo”, “Down”) obedecen a una concepción de la discapacidad como falla humana. Ilustración: Hugo Horita.

Emplear palabras vinculadas a la discapacidad para ridiculizar a alguien, lejos de provocar gracia, se convierte en un hábito discriminador, que contagia y promueve el desprecio hacia las personas con condiciones existentes.

Autista, sordo, mongui, mogólico, enfermo mental. ¿Por qué estos términos están mal? Cada vez con mayor frecuencia, somos testigos de episodios públicos donde proliferan las agresiones verbales, muchas veces asociadas a condiciones existentes que están connotadas despectivamente. En estos contextos, las personas con discapacidad quedamos estigmatizadas por discursos en los que se nos cataloga desde la deficiencia, rotulándonos como seres “incapaces”, “inútiles” o “no válidos”.

Debemos reconocer que esto no es algo nuevo, pues se trata de una concepción muy arraigada, que tiene su origen en el modelo médico imperante, que permanentemente trata de curar en lugar de aceptar.

¿Qué queremos decir con esto? Que a... A todas luces, una manera de ver la vida y al otro que no debería tener lugar si queremos apostar a una sociedad más inclusiva.

Las redes sociales desbordan de memes que se burlan de alguien o bromean sobre algún tema aludiendo a la discapacidad. Y hasta en el ámbito político, que debería ser ejemplo de conductas sociales, se apela a estas maneras a menudo (“tal gobierno o político es autista”), buscando con estos términos degradar sin piedad al contrincante.

Pero aclaremos algo, porque evidentemente hace falta: el autismo no es un insulto, como tampoco lo son las enfermedades mentales ni el Síndrome de Down. Son condiciones que existen, reales, pero no tienen nada que ver con las actitudes que se señalan en estos discursos sociales violentos.

Emplear estas palabras para degradar o ridiculizar a alguien, no solo termina excluyendo y discriminando (en muchas ocasiones incluso provocando episodios de bullying) sino que perpetúa, contagia y promueve el desprecio hacia las personas y condiciones diferentes, quedando estas asimiladas automáticamente a “lo malo” y “lo indeseable”.

¿Cómo podemos transformar ese problema? Posiblemente la salida se encuentre en la visibilización (a través de ficciones, publicidades, debates e intercambios) y en la denuncia de estos hechos, así como en el valioso proceso de modificar la representación que solemos tener de la discapacidad.

Es fundamental que como sociedad -y cada cual en su fuero interno- reflexionemos al respecto y abandonemos la concepción trágica de la discapacidad que invita a pensarla como algo “de otro mundo”, “extraordinario” o que le pasa a otra persona.

Quizás entonces podamos empezar a pensarla como un asunto social. Porque, aunque muchos no lo tengan presente, todos los seres somos diferentes y todos tenemos derecho a vivir con la mayor plenitud posible, siendo respetados y aceptados con nuestras realidades.

* Influencer de la discapacidad y la inclusión. @shinebrightamc hola@daniaza.com Contenido exclusivo de Rumbos.

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