jueves 15 de abril de2021

Pablo Palacio (de frente) festeja el golazo que cerró el triunfo ante Santamarina con el zurdo Leandro Berti. La Lepra mira a todos desde arriba / Foto: Nicolás Ríos
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Parque de diversiones: Independiente y Gimnasia, protagonistas de un comienzo que ilusiona

Primera Nacional. En el incipiente camino del principal torneo de ascenso, Independiente y Gimnasia triunfan y hacen ilusionar a sus hinchas. Mientras la Lepra lidera su zona, el Lobo quedó a un punto de los punteros del grupo B.

Pablo Palacio (de frente) festeja el golazo que cerró el triunfo ante Santamarina con el zurdo Leandro Berti. La Lepra mira a todos desde arriba / Foto: Nicolás Ríos

Que el Parque General San Martín suele un lugar ideal para una tarde de ocio no es ninguna novedad. Lo que muchos jóvenes no saben es que en dos puntos estratégicos y bastante cercanos de ese lugar neurálgico de Mendoza se escribieron las páginas más doradas de los orígenes del fútbol mendocino. Como sucedió a principios del siglo XX, gracias a Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima, la provincia escribió los primeros capítulos de una pasión en ciernes. La mística ganadora de los Azules y la identidad del fútbol arte por parte de los Pitucos, dos marcas registradas que hoy, más de cien años después, la provincia está recuperando desde sus raíces gracias al gran presente del Lobo y la Lepra en la Primera Nacional.

¡Arriba la Lepra!

Raspa, gana, suma y se ilusiona. Independiente Rivadavia está configurando uno de sus mejores inicios de campeonato en la Primera Nacional y comparte el liderazgo de la Zona B con Brown de Adrogué y Atlético Güemes de Santiago del Estero.

De la mano del Comandante Gabriel Gómez, la Lepra hilvanó tres victorias seguidas. De no ser por el penal que malogró Mauricio Sperduti en el empate en cero en el debut ante Villa Dálmine en Campana, hoy estaríamos escribiendo sobre el exclusivo puntero (y con puntaje ideal) de la Primera Nacional.

Los resultados positivos que cosechó hasta ahora el Azul han sido el fiel reflejo de un equipo que muestra argumentos legítimos a la hora de encarar cada encuentro. Independiente, que no deja de ser un equipo en formación, apoya su estructura en cimientos sólidos y se muestra serio.

Gabriel Gómez le ha dado una impronta de conjunto seguro, confiable, solidario, inteligente y contundente. En este incipiente recorrido del certamen ha sabido aprovechar sus momentos y ha mostrado el protagonismo necesario para ganar los partidos. Tras el empate ante el Violeta, supo resolver las dificultades que le planteó el buen equipo de San Telmo. De hecho, estuvo tres veces abajo en el marcador y lo terminó remontando con actitud, pero también con fútbol.

En la tercera fecha, ante Defensores de Belgrano, el Comandante sacó a relucir sus dotes de estratega y elaboró un planteo táctico que contempló todos los detalles necesarios para sumar la segunda victoria al hilo. Conocedor de las características de sus jugadores, Gómez dispuso un 5-3-2 que le dio una fisonomía de conjunto ordenado, equilibrado y eficaz.

En el fondo, con el ingreso de Paolo Impini ganó en juego aéreo y personalidad. Un cinco posicional como Facundo Fabello liberó el buen pie de Sebastián Navarro en la salida del mediocampo, Cheche Sánchez y el mejorado Leonel Ferroni le dieron dinámica y profundidad por las bandas. Toda esa estructura potenció las cualidades de Imperiale como enlace. Es que como Gómez no apuesta por un faro de área, Nano suele llegar como falso ‘9’ y ya convirtió dos goles de cabeza. Adelante, la movilidad y los constantes desmarques de Diego Cardozo y Pablo Palacio para entrar y salir del área estimulan un funcionamiento que empezó a dar sus frutos.

La victoria (3-1) sobre Santamarina del último lunes le permitió a Independiente alcanzar la cima y mirar a todos desde arriba (por tener mayor cantidad de goles a favor). El próximo desafío será saber mantenerse.

Santi González (11) es el desequilibrio de un Gimnasia que está a un punto de los líderes de su zona. / Gentileza.

Un Lobo al acecho

Todavía está lejos de asemejarse al inolvidable equipo de los ’70 del “toque, Lobo, toque...”, eso está claro. Aunque lo más importante en este inicio de campeonato de la Primera Nacional es que Gimnasia tiene una identidad de juego y asume el rol protagónico en cada juego que afronta.

El lunes, en Mar del Plata, el Lobo no jugó bien ante Alvarado ni mucho menos. Sin embargo, lo bueno es que Gimnasia se trajo para Mendoza tres puntos fundamentales que cuentan con el plus de haberse levantado rápido del duro golpazo que había sufrido una semana antes frente a Tigre, en el Víctor Antonio Legrotaglie.

Está claro que Gimnasia puede dar mucho más de lo que generó en La Feliz. La apuesta por un proceso a largo plazo, marcada por la continuidad del trabajo de un cuerpo técnico joven y con sentido de pertenencia, deberían darle mayores frutos que este inicio prometedor desde los resultados. Es que, sin todavía haber mostrado su mejor versión futbolística, el Blanquinegro sumó el 75 por ciento de los puntos en juego. Un número para nada despreciable, más si se tiene en cuenta que le tocó integrar una zona en la que conviven equipos pesados y con muchísima historia.

El camino de Gimnasia comenzó de la mejor manera. Ante Agropecuario y Quilmes, consiguió sendas victorias convincentes que lo ubicaron rápidamente en la cima de las posiciones de la Zona A. En la tercera fecha, Tigre asomaba como una medida fundamental. Pero el Matador de Victoria lo agarró con las defensas bajas y le propinó una goleada (4-0) que propició el cambio de intérpretes para el encuentro frente a Alvarado: adentro el experimentado Gabriel Vallés, afuera el juvenil Lucas Leguizamón. En su primera vez, Vallés mostró firmeza en la marca y fue importante cuando se mandó al ataque. En el fondo, Franco Meritello reemplazó al lesionado Vera y demostró una vez más que es una buena alternativa para el experimentado central.

Lejos de ser una maravilla, el Lobo lució más equilibrado entre las líneas. Eso sí, con poco, Alvarado lo complicó demasiado. Apagado el “Pelado” Llama (salvo por su formidable pegada), aislado Lentini, individualista González, el ingreso de Gelabert para jugar los últimos diez minutos le cambió la cara al Lobo. Con Ramírez como eslabón del primer pase, el “Pampa” condujo y marcó el camino del triunfo, que llegó con un zapatazo de Carrizo tras un tiro de esquina.

En el inicio del campeonato, el Lobo mostró sus garras y hace ilusionar a esa otra parte del parque que sueña con volver a sentirse de Primera.