domingo 5 de julio de 2020

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El recuerdo de Fontana de su debut en la F1

Se cumplen 23 años de su debut con Sauber. “Hoy repaso cómo llegué y parece no ser cierto”, recordó Fontana en Carburando en Casa

Un 29 de junio, pero de 1997, Norberto Fontana hacía su debut en la Fórmula 1 en el Gran Premio de Francia, en el circuito de Magny-Cours, con el equipo Sauber.

“Hoy recuerdo mi llegada a la Fórmula 1 como un sueño. En 1992 andaba con una Juki que había pagado en cuotas acá en Arrecifes y me iba al taller de Alberto Canapino, donde estaba el auto de la Fórmula Renault, y me iba desde mi casa en Willy contando cuántas veces se me caía la rueda desde un lugar al otro”, mencionó Norberto en el programa Carburando en Casa.

“Es un imposible que lo que hice. Y hoy me doy cuenta hasta dónde legué. Es como que no fue cierto. Todo lo que conseguí, lo que gané, victorias, campeonatos. Me fui desde una ciudad de 30.000 habitantes hasta la Fórmula 1, por eso me parece que fue un sueño”, agregó. 

Y destacó: “Siempre digo que haber llegado a la Fórmula es como haber salido campeón del mundo. Uno se da cuenta que es tan difícil. Hay tantos habitantes y tantos pilotos en el mundo. Y más sabiendo de dónde salí y de dónde vengo, sobrepasa toda expectativa. Y ahora a la distancia lo valoro mucho más. Yo hacía rifas para poder correr. Me ayudó mucho que cuando legué a Europa fui campeón de la Fórmula Ford, después logré la Fórmula 3 alemana, que era la gran vidriera de aquel entonces junto con la Fórmula 3 británica. De allí salió una camada tremenda, como Ralf Schumacher, Trulli, Wurz, Frentzen, Wendlinger, y más”. 

Es cierto que por aquel entonces, el arribo de Fontana a la máxima categoría fue sorpresiva, por aquella lesión en la mano del piloto Morbidelli. Pero tras cuatro competencias disputadas con el equipo suizo (Francia, Alemania, Gran Bretaña y Europa en Jerez de la Frontera), también fue sorpresiva su desvinculación de la categoría: “Yo no podía cambiar mucho más de lo que se hizo. Soy muy agradecido por todos aquellos que me ayudaron, como Felipe McGough, que desinteresadamente se esforzó mucho. Después que pasó lo de Sauber, que yo iba con Herbert de la mano de Red Bull, pero se decidieron por Jean Alesi por una cuestión de marketing. Luego vino la gestión con Tyrrell, que todos saben que terminó en la nada”.

Y agregó: “Cada tanto aparecen pilotos millonarios y después de un tiempo no hay de esos pilotos. Pero en la Fórmula 1 además de tener apoyo económico, también hay que tener un equipo. Michael Schumacher tenía un equipo de 20 personas a su alrededor. En la actualidad se requiere más aún. Willi Weber, que era el representante de Schumacher, tenía otros pilotos que ya quería meter. Entonces ya lo metía en la negociación”.

El piloto arrecifeño destacó a Peter Sauber en un momento crucial de su carrera: “Sauber tenía muchas presiones de distintos lados. El empuja en mi favor, pero no era de transmitir estas cosas. Ferrari como Red Bull apoyaban. Ferrari apoyó primero a Larini, luego a Morbidelli y tras su accidente, ahí aparecí yo. Luego apareció Alesi. Sauber siempre estuvo como intermediario y siempre quiso que yo corriera. No prosperó pero siempre se ocupó mucho de mí. El cerró el contrato con el equipo Nova, en Japón, porque era un auto con mucha velocidad en curva. Confió en mí después de mi accidente. También en el SúperNova en la Fórmula 3000”.

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Fontana recordó su última competencia en la F.1, cuando se definía el título y Sauber fue parcial: “En aquella carrera de Jerez de la Frontera sabía que nos podías sacar una vuelta. Tenía mucha responsabilidad y una decisión muy difícil. Mi ídolo de toda la vida fue Gilles Villeneuve, Luis Di Palma, valentino Rossi, todos los que arriesgan. Y En esa oportunidad tenía que estar del lado de Ferrari, que tenía a Schumacher. Pero la gran presión la tenía Sauber, que llevaba los motores de Ferrari. Y se dio la maniobra, que le hice perder un par de segundos a Jacques Villeneuve. Esas cosas no me gustan, pero había que acatar órdenes. Mi futuro estaba en juego también. Finalmente quedé afuera de la Fórmula 1. Si te tienen que usar te usan. Tal vez si hubiese ganado Ferrari y con mi ayuda las cosas hubieran sido distintas”.

¿Qué se necesita para llegar firme a la Fórmula 1? Fontana lo explicó: “Rafael Calafell me ayudó al principio, pero yo no tenía un manager específico. Lo ideal hubiese sido tener uno desde el comienzo en Europa hasta llegar a la Fórmula 1, y que esté relacionado con la categoría”.

Pasaron los años y Fontana sigue en contacto con pilotos de su generación: “Hablo mucho con Trulli y con Pedro de la Rosa. Por ejemplo con el español estaba comunicado y me decía que estaba encerrado en un campo con comida para cuatro meses y me decía que me cuidara. Me llamaba la atención lo de la pandemia. Y de hecho viajé a Neuquén a la carrera de TC en auto por lo que me decía De la Rosa. Trulli también vivía algo similar en Suiza”.

Sobre su actualidad, Fontana fue muy gráfico entre las exigencias que ofrece un auto de Turismo y uno de Fórmula: “Hoy con 45 años estoy competitivo. En un auto de Turismo es más fácil llegar al límite. El que lo sobrepasa un poquito saca la diferencia. En el auto de Fórmula el límite está más arriba y no todos los pilotos llegan a ese límite. Por eso la exigencia física es mayor. Hoy en Fórmula 1 no me da el físico por la edad. Con un auto de 30 segundos más lento es otra cosa”.

En pocos días comenzará el campeonato de Fórmula 1 en Austria: “Para este año hay que ver cómo trabajó cada equipo. La pandemia quizá agarra a la mayoría medio dormido. Por la incertidumbre los mecánicos quizá piensen más en que se pueden contagiar, por ejemplo. Y hay que ver mentalmente cuan fuerte estuvo. Esta situación muchas veces no te ayuda a pensar y termina afectando en el rendimiento. Puede repercutir. Es cierto que Mercedes tiene una base y será difícil correrlo, pero puede haber algunas sorpresas”.

Por último, Norberto no dejó de recordar a su padre, don Héctor, que siempre lo ayudo y apuntaló desde sus inicios en el automovilismo: “Mi papá era un hombre muy positivo y siempre me acompañó. Si a mi hijo Mateo le gusta correr, lo apoyaré, pero sólo si él quiere. No pretendo transmitir mi pasión por el automovilismo. Le compré un karting porque él me lo pidió. Mi papá por ejemplo en las carreras de karting jamás me dijo nada de una maniobra, por ejemplo. Se dedicaba a hacer el asado. La última vez que lo ví a mi papá fue en el Calljero de Santa Fe de TC2000. Yo había sido el más rápido en los entrenamientos, pero en la clasificación se ensució la pista y yo que estaba para la pole quedé décimo. Yo estaba muy caliente y vino mi papá y me dijo: ‘No importa, ya está. Vos acordate siempre que sos el 1’. Y eso me quedó para siempre. Se fue caminando. Y luego fui a Neuquén y falleció”.