martes 11 de agosto de 2020

La foto corresponde a una de las tantas tardes sabatinas en General Alvear, donde El Medanito cobraba vida y quienes allí jugaban soñaban con convertir el gol de su vida o con una atajada memorable.
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El Medanito: 65 años de fútbol y nostalgias

Aunque nunca tuvo personería jurídica ni sede oficial, este espacio se convirtió en el centro de la actividad deportiva de General Alvear. “Es el último potrero que queda en el departamento”, dicen quienes supieron jugar en sus canchas.

La foto corresponde a una de las tantas tardes sabatinas en General Alvear, donde El Medanito cobraba vida y quienes allí jugaban soñaban con convertir el gol de su vida o con una atajada memorable.

Tal vez el valor más destacado de El Medanito sea su persistencia. Sin contar con personería jurídica, este espacio se volvió una referencia para los vecinos de General Alvear, amantes del fútbol, los buenos valores y la camaradería. Bajo el signo de la amistad, se volvió el centro de miles de historias que fueron pasando de boca en boca y de generación en generación. Una combinación mágica que invita a repasar sus 65 años, plagados de recuerdos y anécdotas.

Aunque muchos afirmen ser testigos de las vivencias ocurridas en ese espacio deportivo, MAS Deportes decidió recurrir a referentes de ayer y de hoy para intentar dar forma a una leyenda que atraviesa la historia de este departamento sureño.

Emilio Sánchez es dueño de la casa donde se realizan aún hoy las reuniones postpartido y uno de los responsables de esta historia que hoy elegimos contar. A sus 89 años, y con una lucidez envidiable, los recuerdos lo abordan casi sin avisar, dando paso a la nostalgia. “En El Medanito, había reglas para jugar, pero lo importante era la camaradería y la amistad. No eran equipos de 11 contra 11, porque nadie quedaba afuera y nunca prosperó eso de hacer tres o más equipos: ¡jugábamos todos! Y siempre hasta la noche o hasta que mi papá se llevaba la pelota”, rememora su hijo Fabián, mientras de fondo suena la risa cómplice de Emilio.

Emilio y Fabián Sánchez.

La historia cuenta que la primera cancha estaba en Bernardo de Irigoyen, entre Colón y José Ingenieros, donde infinidad de jugadores grabaron goles en el viento, dando vida a un espacio que permitió el crecimiento de cracks que luego pasaron a formar parte de la rica historia deportiva de Andes y Colón, en la liga alvearense. Sin embargo, el crecimiento habitacional y la llegada de nuevos vecinos fueron empujando un poco “más allá” los límites del campo de juego. En la actualidad, la cancha se encuentra en calle Ameghino, entre Colón y José Ingenieros.

Orlando Franco tiene hoy 77 años y una memoria que atrapa apellidos y nombres con suma facilidad. “Jugábamos con una pelota de goma, roja con líneas amarillas, que saltaba mucho y por eso la ocupábamos para las cabecitas. Pero no eran las únicas; también hacíamos pelotas con medias o trapos. Nos divertíamos largas horas ahí. Hay tantos apellidos ligados a este lugar: los Matus, Altamirano, Rossi, Álvarez, los hermanos Lucero, Cirilo y Raúl; Sánchez, Pérez, Hopp, Sayago y Giménez, por nombrar algunos de quienes hicieron grande a El Medanito”, cuenta.

Las crónicas departamentales cuentan que los hermanos Lucero, Oscar Arce, Oscar Brovedani, Francisco Rudyk y Emilio Sánchez fueron quienes le dieron forma a una institución que, pese a no tener estructura legal, estadio ni escudo, se ganó el corazón de todo un pueblo. “No hay alvearense que no evoque su nombre con mucho cariño y nostalgia”, dicen.

Francisco Rudyk y Emilio Sánchez, dos referencias de El Medanito.

El relato sobre aquellos encuentros de fútbol pasa los límites de lo real y la historia parece contada por Gabriel García Márquez. Los partidos se jugaban los sábados; los equipos siempre eran armados por Nibaldo Sayago y Carlos Hopp y se empezaba con un “cabeza a cabeza” y penales, que no se cobraban durante el juego. “Además, nunca había once contra once, porque nadie se quedaba afuera”.

“Aprendimos a jugar con jugadores más grandes, a dominar la pelota, a reconocer compañeros en el primer golpe de vista sin usar la misma camiseta. Era fútbol en estado puro”, dice René Giménez, quien tiene 71 años y dejó la actividad física hace apenas un tiempo atrás.

Cuando de glorias del fútbol sureño se trata, El Medanito tiene varios nombres destacados en su galería: “Tim” Lorenzo, “Titín” Lucero, Carlos y Juan Sánchez, Eduardo García, Oscar Brovedani y “Telo” Pérez, entre tantos.

La carcajada de René habla y cuenta de las sensaciones que lo recorren cuando habla de El Medanito. Repasar la niñez en muchos casos es un ejercicio que dispara emociones y nostalgia, alegrías y el retorno a momentos donde uno tiene la certeza que fue feliz. Desde muy chico, la pasión por el fútbol lo empujó a entreverarse en partidos con jugadores más grandes. “Tenía 9 años y trabajaba en la carnicería de Felipe Alcaraz, frente a la cancha. Veía que otros jugaban y yo me escapaba cada vez que podía. Hasta que don Felipe se daba cuenta y me llamaba. Todos los días pasaba lo mismo y no te imaginas el sábado: ¡no me podían retener! Era más fuerte que yo”, dice, entre risas.

La historia del club Colón está ligada a El Medanito. En 1950, la Liga Alvearense de Fútbol decide armar el campeonato de ascenso, y los vecinos del barrio deciden formar una asociación deportiva y social, con estatutos, para poder participar, bajo el nombre de Colón. Este no fue el único club que tuvo sus orígenes allí, sino también otros como San Martín y Luzuriaga.

Las anécdotas son eternas y el paso de los años fue generando otras que parecen salidas de un cuento.

“Mi papá Emilio jugaba con alpargatas de yute y el día anterior al partido las mojaba y las dejaba secar: se ponían durísimas y le pegaba al que le pasaba cerca. Ahí surgió el apodo Hachita. También le decían Loncho; jugaba descalzo en un piso plagado de rosetas y retortuños y ni se preocupaba. Solo quería jugar”, rememora Fabián.

Cada 29 de mayo, desde hace más de 50 años, quienes pasaron por allí celebran su aniversario. El Medanito supo cultivar la amistad y el respeto como valores fundamentales para su continuidad en el tiempo. “Si no fuese por Emilio, su esposa Olga y sus hijos, esto ya no existiría. Quienes pasamos por su casa debemos agradecer el gran corazón de esta familia y todo lo que hicieron por El Medanito”, cierra, emocionado, Giménez.