domingo 24 de enero de 2021

Trece años pasaron ya desde aquel glorioso día en el estadio Bautista Gargantini, donde la Lepra consiguió su segundo ascenso a la Primera B Nacional / Walter Aranela
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La voz del emblemático “Flaco” Vivaldo: “digan lo que digan, el ascenso lo terminamos ganando en la cancha”

Entrevista. A 13 años del segundo ascenso de Independiente Rivadavia a la B Nacional, el ex arquero, quien fue clave en la definición por penales de la final, habló con MAS Deportes y resaltó la legitimidad del logro.

Trece años pasaron ya desde aquel glorioso día en el estadio Bautista Gargantini, donde la Lepra consiguió su segundo ascenso a la Primera B Nacional / Walter Aranela

“Con la ayuda divina del Flaco”, fue el título de la crónica de Más Deportes del viernes 6 de julio de 2007. Creyente como nadie, un Atleta de Cristo ejemplar, su plegaria había hecho eco en el otro Flaco, el del cielo, quien al parecer le hizo un guiño cómplice para que él adivinara los remates de Romero y Tomassini en la definición por penales frente a los madrynenses. La figura de Vivaldo adquirió tal dimensión que hizo amedrentar a Diego Luque en el remate final.

Así, Independiente, con las manos gigantes del Flaco Vivaldo, con la mística de un grupo que sacó fuerzas de flaquezas, conseguía un logro inconmensurable: el regreso a la Primera B Nacional luego de cinco largos años.

“Fue muy especial para todos. Veníamos de perder el partido de ida sobre la hora y arrancamos perdiendo de local. Fue complicado. Aparte, los goles llegaron en el final del partido, cuando nosotros empatamos el partido y faltaba un gol más. Me acuerdo de esa jugada como si fuera hoy. Fue un foul en la mitad de la cancha y había uno de ellos que se ponía adelante y no lo dejaba jugar a Gastón (Martínez) y yo vine corriendo desde atrás, lo empujé y me comí la amarilla. Recuerdo que la pelota iba de un lado para el otro, no entraba nunca hasta que apareció el Bati Aranda y gracias a Dios pudimos ganar 2-1 e ir a los penales”, recuerda el Flaco sentado en el living de su casa nada menos que 13 años después.

-Pero no estaba todo dicho si no aparecían tus manos…

-Cuando fuimos a los penales yo estaba convencido de que ganábamos. Con el respeto que me merecía el rival, pero tenía una confianza ciega. Aparte arrancó la tanda y atajé el primer penal. Entonces eso te da mucha más confianza todavía.

La estampa del Flaco Vivaldo se agigantó cuando llegaron los remates desde los doce pasos.

-Se palpaba en el ambiente que si iban a los penales lo ganaban, ¿no?

-Sí, vos sabés que yo estaba concentradísimo hablando con Cacho Sialle y el Lobo Cordone se me acerca y me dice: ‘¡Mirá como te miran los jugadores de ellos, Flaco. Ya está, ya está, es nuestro!’, me decía. El Lobo era un personaje divino.

-Cuando llegaste a la Lepra también lo hicieron otros pesos pesados como Leo Ramos, Cordone, Priotti... ¿Percibiste en el grupo que podían lograr el objetivo?

-Sí, es verdad. Llegamos jugadores grandes, de trayectoria. Pero ¿sabés qué era lo mejor del grupo? La humildad y las ganas de crecer que había. En ese tema yo creo que Roberto Trotta fue fundamental. Él lo conocía al Lobo Cordone y se jugó una carta importante llevándolo, al igual que Leo Ramos porque habían sido compañeros y a mí me conocía del ambiente. Y después algunos jugadores que estaban y otros que fueron llegando y que realmente fueron superlativos: Aranda, Cipriani, Pomba, Martín Abaurre, De la Vega, Gastón Martínez, que ya tenía una historia en el club. Armamos una banda hermosa. El Gringo Priotti era una persona sensacional y un profesional bárbaro. Además, entrenábamos mucho. Recuerdo que el profe Guibaudo nos mataba. El lunes nos sacaba a correr por el Parque y dábamos dos mil vueltas, je. Una de las cosas que más me llamó la atención era como entrenaba el Lobo Cordone, que siempre iba primero. No lo tenía así. Había grandes jugadores y todos fueron importantes. Con Ale De la Riba hicimos una relación hermosa.

-¿Cuál fue la clave del ascenso?

-Teníamos muchas ganas de salir campeón y el equipo mostró una gran personalidad. Arrancamos mal, perdiendo en San Juan contra Desamparados y, como la gente venía de decepciones muy grandes, nos miraban de reojo. En la segunda fecha empatamos en el estadio mundialista con San Martín y después arrancamos. Era una zona en la que enfrentamos a todos los equipos de Mendoza, San Juan, San Luis y Córdoba. Eran todos medio clásicos y se hizo muy duro.

Delirante festejo en el vestuario local del Gargantini, tras el ascenso a la Primera B Nacional, con el "Lobo" Cordone como protagonista. WALTER ARANELA | WALTER ARANELA

-Se hicieron muy fuertes en los clásicos...

-Yo creo que eso fue lo que hizo que la gente se enganchara tanto con ese equipo. La gente disfrutaba mucho eso. Jugamos cuatro clásicos contra Gimnasia en un año y los ganamos a todos. Fue espectacular.

-Aparte tenían a un goleador que en ese momento estaba encendido como el Bati Aranda...

-Sí, pero lo bueno era también que no solo el Bati hacía goles porque Cipriani cuando entraba también mojaba. Me acuerdo que cuando llegó Oscar Negri fue importantísimo también, Fernando Giarrizzo hizo goles. O sea, llegaban todos al gol. Y después, el Hormiga (De la Vega) y Gastón (Martínez) eran dos extremos más. Era un equipo que proponía muy bien. Priotti nos daba el equilibrio con Leo Ramos y Martín Abaurre, después llegó Pomba. Fue un equipazo. Vos fíjate que esa fue la gran base del equipo que después juega la B Nacional. Los que llegaron se fueron adaptando a la base de ese equipo que, por ser el primer año, la verdad que hicimos una buena campaña en la B Nacional.

-Después del partido con Rivadavia de Lincoln, Trotta renunció y se había terminado el sueño del ascenso. Los jugadores también se habían ido casi todos ¿Cómo te enteraste que iban a tener la chance de jugar esa final con Brown de Madryn?

-Estaba entrenando en Buenos Aires y me llamó Daniel (Vila) para decirme si me animaba a ir a Mendoza porque había una posibilidad de que se jugara la final. Pero en ese momento no nos garantizaban nada. Yo ya había terminado mi contrato y no se estaba hablando de renovación ni nada por esto que había pasado en la última fecha entre San Martín y Desamparados. Me acuerdo que viajé para allá, justo había arreglado Cacho Sialle y estuvimos entrenando mucho tiempo hasta que salió esto. De hecho, en la primera final viajamos hasta Madryn, el partido no se jugó y nos tuvimos que volver.

-Claro. Hubo un recurso de amparo en la justicia ordinaria y el partido se suspendió...

-Sí, una locura, fue larguísimo. La pasamos bastante mal. Me acuerdo que no podíamos salir del hotel en Madryn porque la gente nos gritaba de todo en la calle. Pero bueno, tuvimos la revancha en la cancha.

-¿Qué les decís a los que dicen que Independiente ascendió por escritorio?

-Les muestro las imágenes del partido entre Desamparados y San Martín, je. Yo me acuerdo que hubo una jugada en la que un delantero queda mano a mano con el arquero y pateó la pelota a la tribuna y la gente aplaudía.

El "Lobo" Cordone fue importante para una definición que se extendió a los penales.WALTER ARANELA | WALTER ARANELA

-¿Qué pensaste cuando viste el video de León Bustos afirmando que el partido había sido arreglado?

-Nada. Ya eran muchas cosas. Sinceramente, qué se yo. Nosotros nos preparamos para jugar un partido final y después, digan lo que digan, el ascenso lo ganamos en la cancha.

-¿Qué tipo de entrenador sos?

-Me gusta ser cercano al jugador, que mis equipos propongan. A lo largo de estos once años uno va aprendiendo y mejorando, porque el fútbol ha evolucionado mucho. Y una de las cosas que me propuse en esta cuarentena fue seguir creciendo, no sólo en los entrenamientos, sino en la faz personal. Estoy aprendiendo la tecnología de videoanálisis, sobre sistemas. Hablo mucho con entrenadores para intercambiar información por la importancia que tiene.

-¿Cuáles son esos técnicos más cercanos a vos?

-Hablo mucho con el Huevo Rondina, con Fabián Lisa, el Polaco Aldirico, soy muy amigo de Pablo Vicó. Con ellos estamos constantemente intercambiando opiniones de entrenamiento, de juego y es algo que me gusta mucho porque te permite crecer.

-¿Ves posible dirigir a Independiente en un futuro?

-A mí me encantaría. Una vez tuve un ofrecimiento formal que fue de Agustín (Vila) en el 2017, pero yo estaba trabajando en el Huila de Colombia, por eso no pude venir. Fue cuando después vino Alfredo Berti e hizo un campañón. El Patrón Bermúdez era el manager deportivo del Huila y me había llevado de técnico a Colombia. No lo podía dejar tirado. Me hubiese encantado. Con Agustín tengo una linda relación e incluso después tuve la oportunidad de encontrarme con Daniel (Vila), que en algún momento habíamos tenido algún desencuentro y quedó todo solucionado.

-¿Terminaste en litigio con el club?

-No, nada que ver. No sé de dónde salió eso de que yo le había hecho juicio al club. Para nada, en absoluto. Yo me fui, el club me pagó lo que me debía y cero problemas.

-¿Te quedó alguna cuenta pendiente en Mendoza?

-Volver (risas). La verdad que algún día me gustaría tener la chance de poder trabajar ahí, Independiente es un club al que quiero muchísimo porque la gente me trató muy bien y la ciudad me encanta. Me emociona cuando veo los bombos de la hinchada de Los Caudillos del Parque y que mi cara este en uno de ellos.

-¿Volviste como técnico de Dálmine una vez no?

-Sí, fue la primera fecha del torneo y empatamos 0-0. Me acuerdo que el partido era solamente para socios y vinieron los muchachos de la hinchada a buscarme al hotel y me regalaron una bandera. Me hubiese gustado volver más veces, pero no tuve la chance. Con la CAI lo enfrenté en Comodoro Rivadavia.

-¿Te sentís un ídolo?

-La gente te hace sentir como un ídolo. Yo soy un agradecido de cómo me recibieron, la pasé muy bien esos dos años. El segundo año mi familia se fue a vivir conmigo a Mendoza, mis hijos disfrutaron del club y siempre cuento que me encantaba salir al Gargantini e ir caminando esos pasos hacia la tribuna y ese romance con la hinchada que fue único. Van a estar por siempre en mi corazón.

-¿Cuál fue el día más triste en Independiente?

-Cuando me fui. El irme no fue bueno, encima justo me había lesionado la espalda y me acuerdo que mi último partido viajamos a Comodoro Rivadavia en micro porque había explotado un volcán y por el tema de la ceniza no había vuelos. Yo entrenando había tenido un problema, una hernia de disco que no sabés lo que fue. De hecho, cuando llego a Temperley durante los primeros dos meses no pude hacer nada. Pensé que no iba a poder jugar más al fútbol. Eso fue lo más triste, la lesión final. Tenía 41 años y tenía ganas de retirarme en la cancha. Después fueron todas buenas, soy un agradecido.

La síntesis del ascenso

Independiente Rivadavia 2 (3): Jorge Vivaldo; Martín Abaurre, Leonardo Ramos, Federico Pomba, Gastón Martínez; Oscar Negri, Jorge Priotti, Luis Solis, Emanuel Torres; Carlos Cordone y Adrián Aranda. DT: Arnaldo Sialle.

Brown de Madryn 1 (2): Diego Luque; Gabriel Tomassini, Marcos Del Cero, Hugo Romero, Javier Rodas; Walter Aciar, Diego Levato, Ignacio Ruiz, Jorge Velázquez; Ricardo Vera y Diego Giménez. DT: Darío Tempesta.

Estadio: Bautista Gargantini.

Goles: PT: 38′ Ruiz (GB). St: 30′ Cipriani (IR) y 44′ Aranda (IR).

Cambios: PT: 40′ Luciano Cipriani (8) por Torres (IR). St: 18′ Martín Uranga (5) por Vera (GB), 19′ Leandro Puig (7) por Solis (IR), 21′ Jonathan Jones (7) por Negri (IR) y 31′ Jorge Quinteros por Giménez (GB).

Incidencias: St: 29′ expulsado Aciar (GB).

Árbitro: Ariel Montero (Tucumán) (4).

Público: 13.000 personas.

Matías y Nacho, los herederos del Flaco

Al Flaco se le ilumina la cara cuando habla de sus hijos. El mayor, Matías Joel, de 26 años, salió arquero como su padre y lleva cuatro años viviendo en la codiciada Ibiza. Luego de actuar en el C.D. Inter Ibiza, actualmente se desempeña bajo los tres palos de Societat Esportiva Penya Independent. “Lo extraño mucho, pero hablamos casi todos los días. Lo importante es que le está yendo muy bien y hace lo que le gusta”, afirma el Flaco. Ignacio, el más chico, es músico. “Hace covers en inglés y en castellano de temas de los ’80 y ’90. Ahora trabaja mucho a través de vivos de Instagram Gracias a Dios anda muy bien. En mis tiempos libres, sobre todo ahora en la cuarentena, suelo ponerme a despuntar el vicio con él. A mí también me gustó siempre la música”, cuenta orgulloso Vivaldo.