Los extremos de América - Por Sergio Gabriel Rey

Los extremos de América - Por Sergio Gabriel Rey
Los extremos de América - Por Sergio Gabriel Rey

Testimonio del crudo invierno en la parte norte del continente, donde hay que "convivir" con marcas de 30 grados bajo cero.

Me llegan noticias de la tremenda ola de calor de fin de año en Mendoza. Quejas de amigos completamente sofocados a 38º C y más. Es la canícula normal de esas dos o tres semanas en que el estío alcanza su apogeo. Al mismo tiempo sufrimos en Canadá una época muy fría, aunque las temperaturas más extremas las he vivido en esta región en febrero.

Entiendo que este año se da en mi tierra la particularidad de varios días en que el bochorno no da respiro y eso es lo que lo hace un poco especial, diferente de otros años. Pues, casualmente estamos pasando una situación similar por acá, con temperaturas muy bajas que si bien no son raras sí lo es el hecho de que se mantengan tantos días sin darnos una mínima tregua. Llevamos ya una semana despertándonos con temperaturas de alrededor de -30ºC y con máximas de -25, hasta -20 algún día especialmente "caluroso".

Para los que tenemos obligación de salir a trabajar es un pequeño drama cotidiano que se manifiesta desde el momento de arrancar el motor. La batería se ve sometida a tremendo esfuerzo para mover esos fierros helados, batir un aceite extremadamente espeso y producir la chispa capaz de encender la mezcla en una cámara completamente frígida.

Pero el desafío recién comienza pues queda todavía la pequeña proeza de sujetar un volante helado (imposible sin un buen par de guantes) y manejar los primeros kilómetros con una dirección muy dura porque el sistema hidráulico también se rigidiza y llevar el vehículo a destino patinando sin cesar a babor y a estribor sobre capas de hielo.

En mi caso utilizo un vehículo con cambio manual (una rareza en Norteamérica) y el sistema de embrague es también hidráulico. Se trata pues de pisar el pedal (de preferencia no a fondo) hacer el cambio con mucho cuidado pues la caja, también helada, exige hacerlo con bastante fuerza y después retirar completa y bruscamente el pie izquierdo del pedal de embrague y esperar sin acelerar a que éste vuelva solo. Demora hasta dos segundos al principio.

Esa mala costumbre de dejar el motor en marcha hasta que alcance una temperatura normal o cuasi normal antes de salir se encuentra completamente abolida en Canadá, incluso está penada con multas bastante saladas.

Hay pues que arrancar el motor y animarse a encarar inmediatamente la ruta soportando el frío sin hacer funcionar la calefacción pues lo que lograríamos sería una corriente de aire ártico que empeoraría las cosas.

Después de rodar unos 5 o hasta 10 km (dependiendo del vehículo y la ruta elegida) la aguja del termómetro nos da la buena noticia de que podemos encender la calefacción (a fondo, obviamente) y el volante y la palanca de cambios se sienten funcionar con normalidad.

Hay un tipo especial de neumáticos para invierno, son obligatorios, fabricados con un caucho muy blando que mejora un poco el agarre pero de todos modos hay que prestar mucha atención porque la amenaza del derrape es permanente y sus consecuencias pueden ser graves.

Aun en estas condiciones y peores no hay prácticamente ninguna actividad que se suspenda. Funciona el transporte público, despegan y aterrizan los aviones, las obras de construcción no detienen su marcha, etc. Por supuesto que hay algunas tareas que se dejan para el verano, pero el trabajo no se detiene. Después de unos años, esta locura hasta nos parece normal.

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