La sincronía de acciones de guerra de las divisiones

El paso de los Andes supuso una calculada ingeniería de movimientos, operaciones y tácticas entre las columnas militares.

El 3 de febrero, desde el cuartel instalado en Juncalillo, Las Heras acusó recibo del aviso enviado por San Martín en el cual indicaba que debía entrar en la Villa de Santa Rosa cinco días después.

Para preparar su avance, dispuso que una guerrilla observara las operaciones el enemigo sobre la Guardia. La partida regresó a las 3 y cuarto de la mañana, y le informó que estaban acantonados en el Peñón, y que no había ninguna otra novedad de relieve. Paso siguiente, envió una nueva guerrilla junto a un espía: ésta era más numerosa porque contaba con 50 hombres que tenían como objetivo acercarse de vuelta a la Guardia; que debían hacerlo por la otra banda del río Aconcagua y que, a la altura de los potreros de Villarroel, observara la composición y ubicación de las fuerzas.

Los datos que obtuvo de esa vigilia fueron importantes al permitirle apreciar que los enemigos habían abandonado el lugar porque sabían de las operaciones del Ejército, y que calculaban atacarlo por flancos y retaguardia gracias a la gran movilidad de cabalgaduras disponibles y porque controlaban el centro de los recursos de guerra. Por eso creyó conveniente mantenerse en Juncalillo sin perder de vista las instrucciones y el cumplimiento de las órdenes del general San Martín.

Al día siguiente, Las Heras tomó conocimiento de la composición étnica y primordialmente americana de las tropas realistas movilizadas, a través de las declaraciones de tres prisioneros -identificados como “colorados de Chillán”- que el capitán José Aldao había capturado en las proximidades de la guardia. Por ellos supo que la fuerza de la vanguardia estaba conformada por 70 u 80 valdivianos y 20 colorados, y que en Santa Rosa había 25 hombres que eran los que se habían batido en los Potrerillos días atrás. Se trataba de un contingente integrado por Talaveras (un batallón de españoles peninsulares enviados desde Lima), de Chilotes y Granaderos. Que en San Felipe estaba el batallón de Valdivia completo, y otros tantos colorados.

Al contrastar el número de la fuerzas militar enemiga, el jefe de la división patriota ordenó que la guerrilla se retirara hasta los Ojos de Agua a la espera de nuevas instrucciones. Hacia ese lugar debía dirigirse la compañía de Cazadores, y 5 compañías del regimiento N° 11 para que juntas emprendieran el ataque a la Guardia antes que las tropas realistas pudieran recibir refuerzos desde Santiago. Las órdenes instruían sobre la necesidad de destruir las fortificaciones. Por tal razón, despachó a un grupo de mineros con herramientas para demoler el edificio.

Vigilia y recursos en Los Patos

Entretanto, el mismo día, la división que había cruzado por el paso de Los Patos  bajo la conducción de Soler y O’Higgins, estableció un destacamento o guardia general de 50 hombres de línea a cargo de un oficial.  El mismo debía fijarse en el Portezuelo del valle Hermoso, donde cada día se harían avanzadas hacia Chile de partidas de 8 personas  para informar cualquier novedad al comandante del destacamento.

El objetivo era cubrir la caballada y ganado del ejército que quedara en el valle de cualquier sorpresa o agresión enemiga. Tenían que retirar el ganado y las  provisiones  por el Mercedario, los milicianos debían encargarse de hacer postas, y sobre todo debían vigilar la circulación de personas, y controlar si tenían pasaportes para pasar a las Provincias Libres del Río de la Plata.

#LAepopeya

Bibliografía

- Diario de operaciones del coronel Juan Las Heras, y de Enrique Martínez, Documentos históricos referentes al Paso de los Andes efectuado en 1817 por el general San Martín, publicados por Bertling, Concepción, 1908.

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