domingo 20 de junio de2021

Intriga cósmica
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Espectáculos

Intriga cósmica

J. J. Abrams vuelve a dirigir "Star Trek 2: en la oscuridad", esta secuela en la que un villano pone en jaque al capitán Kirk y los suyos.

  • miércoles, 14 de agosto de 2013
Intriga cósmica
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El archiconocido lema de “Star Trek” y, por extensión, de la tripulación entera de la icónica nave Enterprise, fue siempre el de “viajar adonde nadie ha llegado antes”. Por eso, no es de extrañar que la secuela del nuevo relanzamiento cinematográfico de la saga se llame “En la oscuridad”.

De hecho, la tropa de la Enterprise ya es habitué a atravesar oscuridades varias. En todo caso, lo paradójico esta vez es que la “oscuridad” y el desafío que atraviesan el Capitán Kirk y los suyos se encuentre no en un planeta o galaxia lejana y extrañísima sino en la propia Tierra.

Y, también, dentro de la propia institución: en Londres, John Harrison (Benedict Cumberbatch), un ex agente de la flota, bombardea una base secreta y desata una crisis interna dentro de la organización interestelar, y será el Capitán Kirk (Chris Pine) el encargado de darle caza, para lo que deberá perseguir a Harrison hasta Cronos, el temible planeta de los Klingon. Pero la cruzada de Kirk no es del todo solitaria: lo acompañarán legendarios compañeros de ruta como Spock (Zachari Quinto), Leonard McCoy (Karl Urban) y Uhura (Zoe Saldaña).

Claves y cuestionamientos

De nuevo con guión de Robert Orci, Alex Kurtzman y Damon Lindelof (quienes ya trabajan en la tercera parte de la franquicia), y con J.J. Abrams reincidiendo como director, “Star Trek 2: en la oscuridad” es también la primera entrega en tres dimensiones de la saga creada por Gene Roddenbery y se anticipa como un film de tensiones: entre el espacio y tierra firme, entre Klingon y la bahía de San Francisco, entre la intriga y la acción, entre el pasional Kirk y el lógico y frío Spock.

La clave del film, así y todo, es Harrison, el que desata una serie de súbitos cuestionamientos: “El villano da miedo, es manipulador, brillante... tiene un plan muy específico, es increíblemente poderoso, pero también, extrañamente, causa simpatía, porque es vulnerable -explicó Abrams en una entrevista-. No sabés si debés confiar en este tipo. Para mí tiene una ambigüedad interesante. Sobre todo porque introduce interrogantes: ¿Qué sucede cuando cuestionás la moralidad de las reglas o las figuras de autoridad que te dicen qué hacer? ¿Qué pasa cuando tenés que ganarte la responsabilidad que tenés? ¿Y qué tan lejos estás dispuesto a ir?”.

Entonces, ese lugar inexplorado que tendrá que visitar la Enterprise esta vez es un terreno más moral que espacial y linkea directamente con el post 11-S y las preguntas que derivan del terrorismo. “En la última década hemos vivido ataques muy importantes a nuestra sociedad y esto, de alguna manera, se refleja en la cinta”, reconoció el director.

Culto galáctico

Abrams, que se apartó de la tercera “Star Trek” para trabajar en la otra franquicia galáctica nerd por excelencia, “Star Wars”, para la que dirigirá “Episodio VII”, asegura también que “Star Trek 2: en la oscuridad” sigue en la senda de resetear la antigua saga en orden a redirigirla hacia un público nuevo y masivo, y que por eso el film puede disfrutarse sin conocer las raíces de “Star Trek” y sin siquiera haber visto la “Star Trek” de 2009.

Y es que lo que Abrams busca es una “esencia” “Star Trek”. En ese sentido, el creador de “Lost” puede considerarse, junto a directores como Guillermo del Toro o Peter Jackson, como parte de una generación global nacida en la década de 1960 que hoy tiene entre sus manos la misión de resucitar el cine industrial a fuerza de mitos de culto del siglo 20 que van desde “El Señor de los anillos” a los robots animé y los godzillas de “Titanes del Pacífico”, de “Misión imposible” (Abrams dirigió la actual tercera entrega) a los guiños ochentosos de niños versus extraterrestres de “Súper 8”.

Y, hablando de guiños, Abrams tiende un puente entre “Star Trek” y “Star Wars” en “Star Trek: en la oscuridad”: por ahí, medio escondido y flotando entre escombros y chatarra espacial, aparece el entrañable R2-D2. Queda claro: Abrams, en su ambición cósmico-nerd, viaja hacia donde ningún director fue antes.