martes 20 de octubre de 2020

En los últimos años se ha convertido en emblema de la vitivinicultura. / Ignacio Blanco
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Terroir: cuáles hay en Mendoza y cómo influyen en el vino

Las características de cada zona vitivinícola de la provincia aportan a la bebida cualidades que la hacen única.

En los últimos años se ha convertido en emblema de la vitivinicultura. / Ignacio Blanco

El mismo varietal elaborado con uvas de Valle de Uco, de San Rafael, de Luján de Cuyo, del Este o del Norte de la provincia no es lo mismo y se explica por el terroir; que puede definirse como la interacción del varietal que elijamos, el terreno en el lo plantemos, las condiciones climáticas del lugar (insolación, agua, amplitud térmica, etc.), y el trabajo del hombre.

Los tipos de suelos de Mendoza

“Obtener un vino es un mundo, no se basa en la influencia directa de un solo factor. La suma de cada uno de los elementos del terroir hacen algo único”, sostuvo Alfredo Draque, enólogo, asesor de viñedos y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias. Con esta frase, el especialista nos deja en claro que el suelo influye pero no es determinante en el resultado final del vino.

El terroir no puede reducirse sólo al terreno o suelo en el que se planta la vid. “La diferencia la hace el agricultor con su manejo, los enólogos o los agrónomos. Es como una paleta de colores, se pueden usar todos los elementos para obtener una buena obra”, manifestó Draque.

Para entender mejor los terroir de Mendoza es propicio conocer las características de los suelos que encontramos en la provincia. Pueden ser arcillosos, francos y arenosos.

“Los suelos de Mendoza son un mosaico. Tenemos muchos tipos de suelos que se repiten en algunos casos. En el Este podemos tener suelos arenosos y también arcillosos. En el Valle de Uco predominan los suelos arenosos o pedregosos por su cercanía con la montaña”, sostuvo el enólogo.

En Mendoza, a medida que nos acercamos a la cordillera encontramos suelos más pedregosos o arenosos con granos más grandes. Lejos del cordón montañoso podemos encontrar menos piedras, más profundidad en los suelos y más potables para las plantaciones.

Los terrenos arcillosos absorben la humedad y “casi no la dejan escapar porque tienen una porosidad muy chica”. Son suelos que naturalmente tienen que estar más húmedos que el resto. Por su parte, los terrenos arenosos pierden la humedad rápidamente. Si están bien manejados y no presentan malezas reflejan bastante el sol. Mientras que los suelos francos tienen una porosidad intermedia.

El aporte de los terroir a los vinos

Es posible encontrar algunos puntos comunes que nos ayudan a entender por qué un varietal puede darse muy bien en dos zonas con características de terrenos distintos. La licenciada Ana Puelles comentó que “en Mendoza, en general, existen factores que son la insolación y la lluvia que hacen que el terroir sea un poco más constante. Las cinco zonas van a ser muy diferentes, pero a la vez van a presentar esos factores climáticos”.

Estas características comunes han hecho que, sobre todo el Malbec, se dé muy bien en las cinco zonas vitivinícolas de la provincia. “Son factores muy constantes pero muy diferentes que hacen que cada zona tenga una variedad específica: por ejemplo en el Este, en San Martín, el Bonarda es uno de los que mejor se da. En el Norte está el Syrah. En la primera zona tenemos el Malbec. Los Cabernet Sauvignon, el Malbec, los Chardonnay en el Valle de Uco”, explicó la también docente.

Según Puelles, el clima desértico continental que tenemos en Mendoza es propicio para la planta. Y estas características específicas se traducen en sabores finales en el vino. Por ejemplo, las altas temperaturas que pueden experimentar las plantas en la zona Este de Mendoza da mucha expresión varietal y mucha más fruta. El color y la expresión varietal pueden ser muy importantes, distintas a las del Valle de Uco donde hay una parte floral o herbácea más marcada que se obtiene por la amplitud térmica, explicó la también jurado internacional de vinos.

Las ventajas del Valle de Uco

El Valle de Uco se ha convertido en los últimos años en uno de los emblemas de la vitivinicultura de la provincia. José ‘Pepe’ Galante fue uno de los primeros enólogos en descubrir las bondades de esta región. La ventaja que más destaca el especialista es la altura, con 1.400 o 1.600 metros de altura las temperaturas máximas en verano son de 28 grados durante el día y por la noche entre 8 y 9 grados.

Según el creador de Vinos Puramun el terroir es importante para cada variedad y puede explotar en su máxima expresión todas las características primarias que tiene.

De los varietales a los que mejor le sienta el terroir del Valle de Uco es al Malbec. “Es un varietal que se ve altamente favorecido en la altura. El Malbec desarrolla pieles más gruesas, mayor contenido de polifenoles, buena expresión aromática, frutal”, comentó Galante. “Cuando cultivás el malbec muy alto se desarrolla el carácter más exótico, donde se ven esos aromas especiados, florales”, agregó.

Según “Pepe”, el Chardonnay se ve beneficiado en la altura del Valle de Uco. “Porque la acidez natural que uno logra -que para los blancos es la columna vertebral- es lo que da la capacidad de guarda y longevidad que tiene el varietal. Las expresiones aromáticas también son más atractivas”