lunes 19 de abril de2021

La enóloga, Soledad Buenanueva, es hoy quien lidera un proyecto que no para de crecer en la bodega Dante Robino.
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Mujer y vino: cuánto ha cambiado la industria y cómo la ven hoy algunas referentes

A un día del Día Internacional de la Mujer, algunas enólogas o empresarias del mundo vitivinícola nos cuentan sobre sus proyectos y su recorrido por los caminos del vino.

La enóloga, Soledad Buenanueva, es hoy quien lidera un proyecto que no para de crecer en la bodega Dante Robino.

El lunes 8 de marzo se celebrará en todo el mundo una vez más el Día de la Mujer y el mundo del vino no es ajeno a eso. En los últimos años ha sido cada vez más habitual encontrar profesionales mujeres a cargo de importantes bodegas de la provincia y el país, logrando equiparar cada vez más el protagonismo que han sabido tener siempre sus colegas varones.

Los Andes habló con algunas referentes de la materia en Mendoza, quienes no solo hablaron de cómo ven hoy en día la industria y su evolución a lo largo de las últimas décadas, sino también de sus proyectos y hasta del “Club de Mujeres Profesionales del Vino”, un espacio que reúne a más de 100 enólogas, agrónomas o sommeliers de todo el país.

La calidad como parte del proceso y no como meta

Noelia Torres es una de las enólogas sub-40 más reconocidas de la escena local. A pesar de su corta edad, cuenta con una vasta experiencia en bodegas como Viña Cobos, Ruca Malén y ahora Marchiori & Barraud.

Podría decirse que Noelia decidió volver a las bases, ya que hace muy poco se sumó como socia al proyecto personal de Andrea Marchiori y Luis Barraud, con quienes inició su camino cuando todavía era una estudiante. Ahora, el objetivo es hacer crecer los vinos de alta gama que sus amigos ya elaboraban, poder volver a posicionarse como referentes con un nuevo proyecto y también divertirse haciendo lo que más les gusta.

Sobre sus inicios, Noelia asegura que el trabajo realizado en Viña Cobos fue su escuela, pero todo lo aprendido también se convirtió en parte de su filosofía de vida. “Una de las cosas que siempre impusimos y que ahora estoy implementando un poco en mi vida es que la calidad no es una meta, sino que es parte del trabajo diario”, dijo la enóloga que también asesora una bodega de Balcarce, provincia de Buenos Aires.

Torres reconoce que el escenario ha cambiado mucho desde sus comienzos. “Cuando todavía era estudiante éramos cuatro mujeres entre 20 alumnos y eso se marcaba mucho en las bodegas, también. Había muy pocas mujeres y muy pocas en cargos importantes o de toma de decisiones”, sostuvo.

Para ella, el ser mujer en una industria dominada por hombres fue algo muy natural: “Nunca sentí discriminación y nada por el estilo, pero sabemos que hay más referentes hombres. Pero eso está cambiando y va a continuar este proceso, porque todavía queda mucho por recorrer para que no se sienta la diferencia entre hombres y mujeres en la industria”.

Las Estelas y el Club de Mujeres Profesionales del Vino

Hace dos años, la ingeniera agrónoma y enóloga Estela Perinetti decidió abandonar después de más de 20 años su trabajo en el Grupo Catena -donde trabajó en Escorihuela Gascón, Caro, Luca, entre otros- para dedicarse de lleno a Las Estelas, su proyecto personal que promete convertirse en una empresa vitivinícola de vinos de alto nivel.

Con la idea de aprovechar los viñedos de la finca familiar de El Peral en Tupungato, que Estela conocía muy bien, salió en 2019 con la cosecha 2016 de sus vinos que tiene un nombre inspirado en “las Estelas de la familia”, su mamá y su abuela, mujeres que estuvieron detrás de las decisiones vitivinícolas de la familia.

Pero lograr el reconocimiento y respeto que genera hoy Perinetti no fue nada sencillo. En una entrevista con Los Andes reconoció que en sus inicios le costó lo ganarse el lugar, a pesar de ser una de las primeras mujeres que trabajó en la actividad privada en Mendoza.

“Las empresas tenían mucha resistencia a contratar mujeres. De hecho, yo me recibí con medalla de oro, hablaba cuatro idiomas, tenía estudios en el exterior cuando era poco común y me ganaba el puesto alguno que ni tenía carnet de conducir, solo porque era hombre”, recordó.

Pero eso cambió cuando ingresó a Catena, donde desde sus inicios le dieron la confianza de desarrollar importantes proyectos.

Estela también es la ideóloga, junto a María Laura Ortíz, del Club de Mujeres Profesionales del Vino, un espacio que inició con 12 colegas y hoy reúne a 119. “No está pensado desde un punto feminista o de lucha combativo, pero después de 20 años en la industria te das cuenta de que hay cosas que se siguen haciendo igual. Cada vez hay más mujeres, lo que está muy bueno, pero es nuestro deber mostrar nuestro trabajo, comunicar, hacer que la prensa nos preste atención”, sostuvo.

Clara Roby es la directora de Enología de Familia Millán.

Los nuevos desafíos junto a un gigante

La llegada de Quilmes a la industria del vino a través de la compra de Dante Robino sacudió los cimientos de la bodega de Luján de Cuyo. Sin embargo, el movimiento mantuvo firme a Soledad Buenanueva como la enóloga principal en un proyecto que no para de crecer.

A pesar de su juventud -al igual que Torres es de las enólogas sub-40-, Soledad cuenta con una experiencia en varias bodegas de Mendoza que en 2015 la llevó a ingresar a Dante Robino, cuando todavía era una bodega familiar. Desde su ingreso al laboratorio ella sabía a qué lugar quería llegar y lo consiguió a base de talento en poco más de dos años. Como enóloga principal en su cabeza siempre ha estado la idea de la innovación y la exploración de nuevos varietales, algo que con el apoyo de una empresa como Quilmes cree que será mucho más sencillo de lograr.

“La bodega está en pleno crecimiento, tanto en volumen como personal. Mi próximo objetivo va de la mano con eso y es poder desarrollar proyectos nuevos, innovación, nuevos varietales, el desarrollo de la alta gama y nuevos vinos que me tienen muy entusiasmada”, comentó Buenanueva.

Soledad es una de las integrantes del Club de Mujeres Profesionales del Vino y para ella ha ayudado a visibilizar que hay un cambio grande. “Está más equilibrado, lo que no quiere decir que las mujeres seamos perfectas, pero es una industria en donde las mujeres y los hombres pueden tener el mismo espacio perfectamente”, expresó. Y agregó: “Creo que solo falta un poco de tiempo. El grupo ha ayudado, tiene llegada a personas muy influyentes, como críticos mundiales como Tim Atkin o Patricio Tapia. Eso ayuda a mostrar lo que hacemos”.

La constancia para ganarse un lugar

Otra de las mujeres que integra el Club es Clara Roby, directora de enología de Familia Millán. Aunque reconoce que cuando arrancó en el mundo vino nunca pensó que ser mujer pudiera ser un problema a la hora de buscar trabajo reconoció que le costó bastante hacerse un lugar y establecerse laboralmente en una industria estaba manejada casi en su totalidad por hombres. Hoy en día ella es quien lidera el trabajo que se realiza con el extenso portfolio de Familia Millán, con presencia cada vez más fuerte en el mercado nacional e internacional.

Desde su punto de vista, el adverso comienzo que le tocó vivir ha cambiado. “Hoy cada vez más mujeres toman protagonismo en la industria del vino. Hasta que llegó mi estabilidad laboral aproveché para hacer varias temporadas acá y en Estados Unidos, conocer diferentes terruños, la operatoria dentro de la bodega y foguearme en el trato con los productores, personal de bodega y por supuesto mis superiores, de esa manera aprendí mucho acerca del trabajo en equipo”, reconoció.

“Creo que las mujeres siempre nos hemos ayudado entre nosotras y más en el contexto de hace unos años atrás. Hoy en día gracias a la tecnología y a la presencia de espacios afines son cada vez más las consultas e intercambios técnicos y sinergia que tenemos entre las mujeres del rubro”, resaltó.